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Nadie puede desear lo que no conoce

Hay una pregunta que los adultos le hacemos a los jóvenes desde siempre: ¿qué querés ser cuando seas grande?La pregunta asume que el problema es de claridad. Que si el chico todavía no ...

Hay una pregunta que los adultos le hacemos a los jóvenes desde siempre: ¿qué querés ser cuando seas grande?

La pregunta asume que el problema es de claridad. Que si el chico todavía no sabe es porque no se conoce bien a sí mismo o porque no pensó suficiente, o porque le falta madurez.

Pero hay otra posibilidad que casi nunca consideramos: que no sepa porque no sabía que fuera posible. Nadie puede desear lo que no conoce. Y durante décadas, construir algo propio, fundar una empresa, resolver un problema real, crear algo de la nada, fue una posibilidad que la mayoría de los jóvenes argentinos directamente no tenía en su mapa. No por falta de talento. Por falta de ejemplos cercanos.

Esta generación llegó en un momento bisagra. Por un lado, el contexto más incierto que hayamos visto en mucho tiempo: un mercado laboral que ya no garantiza nada, una economía que obliga a reinventarse y la presión de elegir un camino cuando los caminos tradicionales se están redibujando en tiempo real.

Por el otro lado, algo que ninguna generación anterior tuvo: acceso genuino a las herramientas para construir. Tecnología, información, financiamiento, redes. Lo que antes requería años de experiencia o un capital inicial inaccesible, hoy puede empezar desde un celular, desde un garaje, desde una idea anotada en una hoja.

No digo que sea fácil. Digo que las condiciones cambiaron de verdad. Y que eso importa. El problema es que muchos chicos todavía no lo saben.

Desde Endeavor Argentina llevamos años trabajando con emprendedores que construyeron empresas de alto impacto desde cero. Lo que vemos cada vez más es que el mayor cambio no ocurre afuera. Ocurre cuando alguien empieza a ver como posible un camino que antes ni consideraba.

Ver a alguien que arrancó sin tener todo claro, que tuvo miedo, que se equivocó, que siguió igual y que construyó algo que importa, hace algo que ningún discurso motivacional puede hacer. Vuelve real lo que antes era abstracto. Convierte el “tal vez algún día” en “yo también puedo intentarlo”.

Eso es lo que hacen los referentes reales. No inspiran desde la perfección. Habilitan desde el ejemplo.

El 28 de abril, más de 12.000 estudiantes de los últimos años del secundario de escuelas públicas y privadas de todo el país van a llenar el Movistar Arena para vivir la Experiencia Endeavor Sub20.

No van a escuchar recetas ni fórmulas de éxito. Van a escuchar a personas reales contar cómo construyeron algo, con dudas, con caídas, en la Argentina.

Y el objetivo no es que todos salgan queriendo fundar una startup. El objetivo es más simple y más ambicioso al mismo tiempo: que cada uno se vaya con una idea distinta sobre lo que puede hacer. Que algo que hoy les parece lejano se vuelva posible.

Porque emprender no es solo crear una empresa. Es una forma de pensar. Una forma de mirar los problemas y preguntarse si hay algo que se puede construir para resolverlos. Una forma de pararse frente a la incertidumbre sin esperar que alguien más despeje el camino.

Esa mentalidad no es un diferencial. En el mundo que viene, es una habilidad de base. Sembrar esta mentalidad en las mentes de los jóvenes de hoy es urgente.

Con que uno solo se vuelva a su casa con una pregunta nueva, con una posibilidad que antes no veía, con las ganas de intentar algo, ya valió la pena.

Eso es lo que busca el evento de Endeavor Sub20 desde sus inicios. Y es lo que vamos a intentar, una vez más, el 28 de abril.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/economia/negocios/nadie-puede-desear-lo-que-no-conoce-nid22042026/

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