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Nadie quisiera encontrar sus propias fotos en la calle y otras revelaciones

“¿Alguna en especial?”, pregunta Inés Ulanovsky. Le había pedido que me pasara alguna de las fotos publicadas en su libro Las fotos (Blatt & Ríos, 2026) que ya va por su tercera edición. C...

“¿Alguna en especial?”, pregunta Inés Ulanovsky. Le había pedido que me pasara alguna de las fotos publicadas en su libro Las fotos (Blatt & Ríos, 2026) que ya va por su tercera edición. Con vista al Riachuelo le contesto que elija la que más le gusta. Inés es fotógrafa pero su libro, a pesar del título, no es exactamente un libro de fotografía sino un ensayo sobre las fotos como azar y accidente en el que algunas imágenes acompañan un texto linterna.

Mejor lo dice María Moreno en la contratapa, sí: “Las fotos de Las fotos no son ilustrativas, son más bien pruebas como las que se utilizan para demostrar un delito (algunas lo son efectivamente: las del terrorismo de Estado), talismanes amorosos como los que se suelen llevar en camafeos, muy cerca del corazón (…) Las fotos puede leerse como un libro de cuentos de misterio donde el enigma que se revela es siempre una foto (entonces revelar conserva todas sus acepciones)”.

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Y sí, siguiendo a Moreno, es un libro revelador. De imágenes que tenían destino de no serlo o de perderse y de una prosa minimalista, quirúrgica. Cuando regreso veo en el e-mail que Inés ha elegido tres fotos. Una es de su madre Marta Merkin (perspectiva del sepelio de Perón, 1974), otra de su abuela y chica de tapa Eva Viniarsky en Mar del Plata en 1941 y esta que elijo para la columna: autor, fecha y modelos desconocidos. “Ver una foto ajena en la calle es inquietante”, escribe la autora. Esta es de esas.

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En el mismo edificio de La Boca desde donde le escribo a Inés, la Fundación Proa, hay ahora una exposición de obras llamada Penumbra organizada por Dia Art Foundation de Nueva York, que reúne piezas de nombres clave para el arte de los últimos cincuenta años. Es en este lugar, media hora antes, donde volvieron sobre mí las imágenes y los textos, pero sobre todo los textos, de Las fotos. En la planta baja del edificio se ha instalado (en todas sus acepciones, soy morenista) una obra de luz de James Turrell para la que hay que adentrarse en una breve caverna. Allí la proyección pone de manifiesto el ADN: cámara oscura, daguerrotipo, fotografía, cine. En la sala azul a oscuras se proyecta una forma de luz delimitada por el ángulo recto de la pared. Todo y nada podría inscribirse en esa superficie virtual. Todas las escenas de todas las fotografías incluidas en Las fotos, por caso. Es una imagen de la imagen que no ha sido o que ya fue. No se sabe.

Catso Blue (1967/1987), así se llama la obra de Turrell, tiene un notable parecido a Cubo, una obra de la modernista para el fin del modernismo Gilda Picabea que se puede ver en la galería Hache de Villa Crespo. Un díptico anómalo que se arma en ángulo recto y donde el blanco es apenas interrumpido por el contorno de una figura geométrica roja llena de vacío. Son obras que dialogan, como se dice, pero mentira, las obras no hablan. Excepto las fotos encontradas en la calle.

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Elegí esta foto que Inés titula (a falta de data) “Dos hombres frente al Monumento a la Bandera de Rosario” en el capítulo que tiene el título más rotundo y fatal de todo su trabajo: Nadie quisiera encontrar sus propias fotos en la calle. Y es cierto. Qué clase de abandono o drama íntimo que nos es desconocido hace que, cada tanto, se nos crucen en la calle, en la basura, imágenes de cumpleaños, de una boda, retratos diversos, todos a la deriva. Por qué hace un tiempo levanté del piso una foto Kodak de unos chicos en una calesita de plaza que seguro sacó algún adulto en los primeros años 80. ¿Porque es un documento de historia social argentina? ¿O para que los chicos dejen de estar a la intemperie? No sé. Ahora que la busco no la encuentro.

En 2002, caminando por Once, Inés encontró una caja con diapositivas. Allí estaba esta foto que por el automóvil (un Renault Dauphin) puede datarse en la primera mitad de los 60. Los dos amigos aparecen juntos en locaciones varias. Inés imagina para poder enmarcarlos: “(…) Hay varias en las que aparecen dos hombres. Posan juntas en ocho fotos y por separado en otras diez. Son elegantes. Usan trajes negros y camisas blancas. (…) Tengo una preferida. Está desteñida y un poco fuera de foco. Pero es la que está más cerca de confirmar la hipótesis que pensé la primera vez que las vi. Imaginé que ellos eran una pareja que tenía que viajar para poder estar juntos, lejos de la mirada de los demás”. En penumbras, como en la obra de Turrell. O como en la canción de Sandro donde es más fácil concederle a alguien el mundo que dejar de amarlo. O como en la de Gilda donde arrepentirse de amar es imposible. A ellos, quienes hayan sido.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/nadie-quisiera-encontrar-sus-propias-fotos-en-la-calle-y-otras-revelaciones-nid26042026/

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