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Noel Barrionuevo, la ex-Leona que ocultó su bulimia y anorexia mientras brillaba con el equipo: “Mi mayor medalla fue haberme curado”

Durante muchos años, Noel Barrionuevo ocupó un lugar de privilegio en la marquesina de las Leonas, ese sitial que representa el sueño por llegar de miles de nenas que juegan al hockey en la Arge...

Durante muchos años, Noel Barrionuevo ocupó un lugar de privilegio en la marquesina de las Leonas, ese sitial que representa el sueño por llegar de miles de nenas que juegan al hockey en la Argentina. Fue al principio, cuando se hablaba de ella como una gran promesa; en el durante, cuando fue clave en la obtención de uno de los títulos más importantes de la historia como el Mundial de Rosario 2010; y en sus años siguientes, ya de manera más salteada. Al final de su carrera, después de haber sido desafectada en un par de ocasiones, la reconvocaron y le dieron la capitanía. Llevó la cinta en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 (realizados en 2021 por la pandemia del Covid-19), sus cuartos. Y en ese podio lloró por primera vez.

Pero la lista es más larga si se describen sus méritos deportivos: campeona de Champions Trophy, de Cuatro Naciones, de Liga Mundial, Mundial... Tres veces medallista olímpica. 345 partidos oficiales con la camiseta argentina, 112 goles. Una auténtica francotiradora de córners cortos. Y tanto más... Aunque la lista larga no es la cuestión: “Mi mayor medalla fue haberme curado”, dice mientras repasa todo aquello.

Durante casi 10 años, Noel Barrionuevo convivió y trató su Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA): bulimia no purgativa y anorexia. Una alternancia peligrosa que la obligó a reconocer la enfermedad. Entonces, mientras el TCA aún era un terreno poco reconocible para ella, en tiempos críticos, empezó a integrar el equipo principal de las Leonas, equipo al que le ocultó lo más que pudo los fantasmas con los que lidiaba. Hospital de día de mañana o tarde, terapia grupal, nutricionistas, psicólogo, psiquiatra, entrenamiento con el seleccionado de mañana, tarde o noche, Noel transitó un camino de batalla silenciosa que hoy cuenta en su primer libro, “Un día a la vez” (Penguin Random House, $24.999,00, lo presenta en la Feria del Libro de Buenos Aires este sábado 25 de abril). Una narración en primera persona que conmueve y busca acercar su historia al lector con cuidados y amorosidad. Y que sobre todo, pretende ayudar con el mensaje de que se puede salir adelante: “Ese es mi gran objetivo de vida. Ayudar desde lo que yo pasé”, resalta. Habla del deber ser, de las presiones sociales, de lo que (piensa), pudieron ser disparadores, de la convivencia con la imagen, de los espejos “deformadores” y de las máscaras en las que se refugió.

A tres años de haber hecho público su drama por primera vez, en una entrevista exclusiva con LA NACION, Noel Barrionuevo vuelve y amplía ante la propuesta de la editorial que dice, la tomó por sorpresa y la desafió: “¿Un libro yo? ¿Están locos?“, cuenta que respondió. Pero se animó.

-Había que estar dispuesta a volver a pasar por esos momentos duros y esas emociones, ¿no?

-Sí, creo que fui muy valiente en abrirme y contar realmente todo lo que pasé. Porque no sé si otras chicas que han pasado por esto, chicos, se animan a hablarlo. Incluso siento que me animé porque la pasé tan mal y después de recuperarme tan bien que sé que hay un camino, una salida al TCA. Se puede vivir bien, plena, vital, feliz, estar con tus afectos, poder compartir una comida. Contarlo es poder ayudar.

-¿Y cómo te sentiste en ese proceso?

-Bien, pero fue fuerte y movilizante. Aparte Héctor Bertera, mi terapeuta, que me salvó, falleció. Y entonces también significaba revivir momentos íntimos con él de charlas, enojos... Y no le puedo decir: ‘Héctor, ¿sabés qué? Escribí el libro’.

-Pero probablemente su familia lo vea y lo valore. Además, su presencia está clara, con mucho protagonismo. ¿No lo pensaste como un lindo homenaje?

-Sí, porque fue una persona reimportante para mí. Yo soy la voz desde mi historia, pero con todo lo que lo que cuento muchas de chicas que me acompañaron en el grupo se van a sentir supereflejadas. Es un poco también la voz de ellas, de las que se recuperaron. Mientras lo escribía habías días en los que estaba un poco triste, movilizada... Es como que te estás desnudando para que la gente realmente conozca a Noel, no a la Noel exitosa de las Leonas, sino a la Noel que transitó un TCA.

-¿Pensás en la gratificación que va a implicar que al menos puedas ayudar a una persona?

-Sí, obvio. Sé el valor que le puse al libro en la valentía en contar toda mi historia. Obviamente, hay gente que quizás no atraviesa esa situación y ni lo lea ni le interese, pero sé que a muchas personas les puede llegar y ayudar. Y también hay que tener tener cuidado con lo que se cuenta porque lo puede estar leyendo alguien que no esté en un bueno momento y afectar de más.

-En el libro contás que al principio te decían que no ibas a tener cura. Y por eso quisiste dar exactamente el mensaje contrario.

-Totalmente. Es obvio que alguien que tenga TCA no va a hacer un camino lineal. Ni fácil, ni corto. No es que en un mes se va a curar. Yo tuve muchos años con muchos idas y vueltas, con picos de sube y baja. Hasta que en un momento de tanta terapia y tanto tratamiento y tanto cuerpo que le puse a eso para querer curarme, se dio. Porque hay que querer curarse. Primero hay que aceptar que algo pasa y que necesitás ayuda. Y después ahí empieza la batalla.

-¿Cuánto tiempo te llevó a vos desde que tus papás se dieron cuenta que algo pasaba y te llevaron a buscar tratamiento?

-Más o menos diez años, estaba en la secundaria. Diez años, mucha paciencia. Lo que pasa es que también coincidía con que ya estaba con las Leonas, viajábamos mucho, era un tratamiento medio ambulatorio, pero sí, fueron muchos años.

-¿Sentís que el deporte de alto rendimiento, aún con la presión que implica, para vos fue un motor?

-A mí el deporte me salvó también de una manera tremenda. Si no hubiese estado jugando el hockey o obligándome a hacer eso, no sé...

-¿Dudaste en algún momento de dejar el tratamiento o dejar las leonas?

-Sí, mucho. Aunque el tratamiento no había forma de dejarlo porque tenía a mis viejos encima y también el grupo, tenías el compromiso con la compañera que la estaba peleando igual que vos y los terapeutas y todos... No podías aflojar. Sí, muchas veces dije: ‘Dejo el hockey, no me interesa, estoy cansada’. Cansada física y mentalmente. Pero bueno, ahí Héctor hizo mucho hincapié en que tenía prohibido dejar el deporte.

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-Hay cosas paternalistas de él en esta historia. ¿Te tomó un cariño especial o era así con todas?

-Era así con todas. Un profesional de la puta madre, te juro. No sé cómo hacía con su vida personal, su esposa, sus tres hijos, porque estaba 100% dedicado a salvarnos. A que entremos en razón, a que entendamos, a que luchemos. El siempre nos decía: ‘Hay una vida plena, feliz y mejor después del TCA. Entonces, también fue confiar, porque con el tema de la patología alimentaria una tiene mucho el control, no cede. Y cuando te relajás cedés ese control y confías en el otro.

-¿Cuánto vimos o cuánto no vimos de toda esa lucha silenciosa que dabas mientras jugabas en el seleccionado? ¿Hay un momento en el que vos digas: ‘Acá estaba en evidencia esto y nadie lo vio’?

-Y no, porque yo ahí es como que me metía en papel de jugadora y por más que yo esté pensando en estar ordenada con la comida, por ejemplo, nadie lo iba a notar. Por dentro quizás estaba destruida. Quizás en algunos partidos puntuales estaba muy rayada con el cuerpo, no me podía ver ni en el espejo y tenía que salir a jugar. Y decía: ‘En la cancha va a haber muchas personas, me van a estar viendo, pero no viendo el juego’. Y yo iba a estar ahí como muy expuesta.

-¿Alguna vez te pusiste a pensar si en todos los años que, entre comillas, estuviste a media máquina e hiciste todo lo que hiciste?

-Y no sé, no sé. Lo que yo viví con la selección fue increíble, grandioso. Quizás lo hubiese disfrutado diferente si hubiese estado sana, sin esta patología. Sin estos pensamientos que la enfermedad te mete en la cabeza y te hace que no puedas disfrutar nada.

-Eras una jugadora que salía todo el tiempo en las portadas de los medios, hacías goles, tenías un gesto técnico que te caracterizaba y exigía mucha fuerza (la arrastrada) y un cuerpo fuerte. ¿Cómo convivías con ese día a día?

-Yo me odiaba, odiaba mi cuerpo. No podía verme en el espejo. Tenía una distorsión corporal tan grande que en el tratamiento, al principio, yo no... O sea, decían que cero espejos. Y yo decía: ‘¿Y cómo me peino?’. Pero no podía verme: primero, no me gustaba y después, me veía el triple de lo que era... Una distorsión tremenda. Nunca me gustaba mi cuerpo, no estaba cómoda.

-Y como contás en el libro, de repente vas a un vestuario que no tiene cortinas y estás bañándote desnuda frente a otra colega o compañera.

-Sí, al principio me recostó. Yo veía a todas que estaban en bolas... O sea, había que ducharse, hacer baños de hielo, irnos al hotel, al otro día jugábamos, no había mucho tiempo ni como para pensar cómo bañarme. Entonces, al principio me costó. Después me acostumbré y no pasó nada. Fue un tema para mí estar desnuda frente a otras compañeras. La realidad es que nadie te está mirando, era mi cabeza que me decía: ‘Uy, me van a ver el rollo, me van a ver esto’. Cero, no sucede, es producto de la enfermedad.

-Y hay justamente un momento en el que las Leonas empiezan a ganar y hasta vestirse diferente. Por ejemplo, la ropa ajustada sobre las polleras o camisetas holgadas.

-En ese momento yo ya estaba en un momento mejor, entonces lo iba llevando bien, aunque todo al principio me costaba. Desde ponerme la calcita, la pollerita, la remera, y salir a jugar. Era todo un tema: ‘Ay, la pollera que me aprieta la cintura, ay, que se me sale el rollo, ay, me voy a tapar con la calza arriba, ay, que la remera un talle más grande para que no me marque tanto’. O sea, todo eso eran mis pensamientos quizás antes de salir a un partido.

-A vos te gustaba mucho mirar la televisión y en un momento sentiste que eso, más otras situaciones, pudieron haber activado la enfermedad. Modelos, parámetros de belleza, exigencias... ¿Qué pensás que hubiera pasado si te hubiera tocado convivir con las redes sociales que hoy usás, pero que en tu cenit de jugadora no estaban?

-No, yo creo que si en aquel momento hubieran estado las redes Instagram, TikTok y todo esto, no sé dónde estaría realmente. Porque hoy a una red social tiene acceso a todos, crean una cuenta y consumen un montón de información que hay buena, sí, y otra, más de la mitad es una porquería, una porquería total, y los adolescentes que quieren tener el cuerpo de tal persona piensan que haciendo una dieta específica van a lograr ese cuerpo. Y consumen eso, y están todo el día scrolleando, buscando dietas, reels, para ver cómo comer, cómo entrenar. No, tenés que consultar a un profesional. Hoy uso redes sociales, pero tengo contenido que sé a quién seguir o a quién no seguir, y soy muy selectiva.

-Más allá de que esto es multifactorial y de que hay un montón de cosas que convergieron para que suceda la enfermedad, ¿cuándo sentiste que pasaba algo?

-Empezó todo cuando de chiquita, adolescente, 13 ó 14 años, sentía que algo en mí no estaba bien, me miraba al espejo, no me gustaba, no sabía qué me estaba pasando. A medida que pasaban los años, iba poniéndome muchas dietas, esas que salían en las revistas, le decía a mi mamá que me haga comida diferente a todos mis hermanos... Imagínate una familia de siete personas, y hacía comidas diferentes por mí, ella al principio creía que era algo bueno. Pero ya después eran muy llamativos mis cambios de humor, mi comportamiento, todo eso empezó a ser algo raro, a hacer ruido en la familia, y fue ahí cuando mis papás tomaron cartas en el asunto y me llevaron a un centro para saber qué tenía y después para tratarme. Ahí arranca mi camino para curarme. Ahora lo veo, después de tanto análisis psicológico, psiquiátrico, y quizás muchas cositas fueron marcando pautas de algo diferente.

-Como el episodio de cuando pararon un partido de hockey en el que estabas jugando para pedirle tu DNI a tu mamá porque eras más grandota que las otras nenas.

-No me acuerdo si tenía 9 ó 10 años, pero pararon el partido y le dijeron a mi mamá: ‘¿Qué edad tiene su hija’? Traiga el documento, no puede estar en esta categoría porque es más grande, le saca tres cabezas a las demás’. Mi mamá no lo tenía encima en ese momento, lo tuvo que ir a buscar y mostrárselos para que me dejen seguir. Son esas pequeñas cosas que una, o yo desde chiquita, fui absorbiendo. Viste que cuando sos chiquita absorbés todo, lo bueno y lo malo...

-¿En que momento sentís que empezaste a disfrutar y a sentir tu cuerpo?

-Y... 2000 y pico... No sé qué año exacto. Por eso hago mucho hincapié en la importancia del tratamiento porque a mí eso me dio mucha contención, me ayudó el tratamiento grupal, ir escuchando diferentes historias. En cada una vos te ves reflejada en algún aspecto, y además tenés la contención que quizás no tenés en un tratamiento exclusivamente individual. Es una red sumamente positiva.

-Justamente. Uno de tus grandes momentos en las Leonas, cuando se hablaba de tu incursión en el seleccionado mayor como una de las grandes promesas, la rompés en el Champions Trophy que se juega en Quilmes, en 2007 y sos la goleadora del torneo. Nadie imaginaba qué pasaba en la tribuna, ¿no?

-Ahí estaban Héctor y las chicas del grupo, mis compañeras... Por eso yo tenía tranquilidad, quería que terminara el partido para ir a saludarlas y para ver a Héctor, tenía muchas emociones aparte. Era nueva en las Leonas, recién iniciaba y era un torneo importante. Jugaba en Argentina, tenía también a mis papás, a mis hermanos mirando... Era como todo: ‘Uff, demasiado’. Pero fue increíble para mí ese momento.

-Después de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, tus segundos con las Leonas y desde los cuales llamabas por teléfono a tu psiquiatra casi todos los días, él fallece. ¿Cómo fue tu proceso de seguir sola?

-Fue durísimo, ya sabíamos que él estaba enfermo pero viste cuando no querés que llegue... Pensás que se va a salvar, que va a llegar una cura para el cáncer. Tuve que hacer un duelo muy grande. Fue sumamente difícil seguir sin él porque me conoció todo, en el desastre y estando bien, me acompañó muchísimo.

-Hoy se habla mucho de salud mental en el deporte, especialmente de ansiedad y depresión. Vos le ponés nombre a la que fue tu enfermedad y la ubicás en ese lugar de necesidad de ser atendida. ¿Sigue pasando y no se habla?

-Sí que está. No se habla pero está en varones, en mujeres, en diferentes clases sociales. Esto le puede tocar a cualquiera, no importa. Me han escrito deportistas varones y mujeres, grosos, que han pasado por esto o que se sienten muy reflejados en lo que yo cuento.

-¿Lograste con el tiempo dimensionar la carrera que hiciste, aún en esos años que no te sentías disfrutando tanto?

-Sí, después pude ver todo ese recorrido deportivo, pero para mí mi mayor triunfo o mi mayor medalla fue haberme curado y poder contar esto para poder ayudar a más personas que lo estén atravesando, poder ayudarlas.

-Después de un par de desafectaciones de las Leonas, sobre el final de tu carrera en el seleccionado te llama el ‘Chapa’ (Carlos) Retegui y te da la cinta de capitana que llevás en los Juegos Olímpicos de Tokio, donde te retirás y sos medallista. En el libro contás que en ese podio lloraste por primera vez. ¿Qué te pasó?

-Total, total. Para mí retirarme en los Juegos Olímpicos siendo capitana, con medalla, con todas las chicas, fue como ideal, mágico. Eso es todo lo que una sueña como deportista. Y pensé mucho en todo lo que yo había atravesado para poder sostener al seleccionado y poder, en todo ese camino, curarme. ¡Uffff!

-De la Noe que no quería que la miren, a la Noe capitana, en primer plano y sosteniendo a un equipo. ¿Te reinvindicaste con vos misma?

-Sí, porque esta enfermedad te lleva a aislarte mucho, a quedarte sola, y en un juego de equipo siempre tenés que estar como sociabilizándote, interactuando con el otro, y yo siempre decía: ‘No, me voy al cuarto’. Con el paso de los años y gracias a Dios eso fue cambiando para mejor y por eso creo que al final lo superdisfruté y tenía voz y voto, no estaba aislada.

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-Y un poco jugando con la canción... ¿Hoy qué ves cuando te ves?

-Me veo supervital, feliz. Obviamente que todas las personas tenemos nuestros problemas, pero puedo separar las cosas, actuar en base a eso y no meter lo que fue la enfermedad. Hoy estoy feliz con la vida que llevo, con la familia que tengo, con mis sobrinos, mis amigos, todo eso para mí vale oro y no lo cambio por nada.

-¿Dónde quedó el traje de la Noel que todos querían que seas?

-Está archivado, yo soy lo que soy, al que le guste bien y al que no también, sé que soy buena persona, nunca voy a joder a alguien, entonces duermo muy tranquila. Soy feliz con esta versión mía.

-¿Qué es lo que más orgullo te da?

-La valentía que tengo para poder contar mi historia y ayudar. Ese es mi gran objetivo de vida. Ayudar desde lo que yo pasé.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/hockey/noel-barrionuevo-la-ex-leona-que-oculto-su-bulimia-y-anorexia-mientras-brillaba-con-el-equipo-mi-nid20042026/

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