“Nos merodeábamos como gatos salvajes”. La boda que terminó con la rivalidad entre las dos editoras de moda más importantes del mundo
De rivales legendarias a confidentes inseparables, la historia de Anna Wintour y Franca Sozzani es un relato de película sobre el poder y la redención en la moda. Tras décadas de “merodearse...
De rivales legendarias a confidentes inseparables, la historia de Anna Wintour y Franca Sozzani es un relato de película sobre el poder y la redención en la moda. Tras décadas de “merodearse” con cautela desde sus tronos en Nueva York y Milán, la competencia dio paso a una amistad profunda y ganada con el tiempo. El romance entre sus hijos, Bee y Francesco, terminó convirtiendo a las dos editoras más influyentes del mundo en familia.
Con estilos bien distintos, asumieron el puesto de editora jefe en Vogue al mismo tiempo, en junio de 1988: Anna en los Estados Unidos y Franca en la edición italiana. En las siguientes décadas, mientras sus carreras ascendían, prevaleció entre ellas una feroz competencia editorial.
Rápidamente los responsables de los desfiles de moda entendieron que debían sentarlas a una distancia prudencial para mantener el complejo equilibrio. Anna obtenía siempre la mejor ubicación. “Más allá” debían sentar al resto: la italiana Franca Sozzani, la editora francesa Carine Roitfeld y, más allá, Anna Dello Russo, editora en jefe de Vogue Japón.
Y si bien con Roitfeld la competencia era marcada (tanto así que la dinámica se vio reflejada en El diablo viste a la Moda), el estilo espontáneo y casual de Sozzani desequilibraba a Wintour y era el que la hacía ponerse en guardia. Fue con ella con quien, por mucho tiempo, mantuvieron una respetuosa rivalidad.
“Franca era una pionera, sabía entender el momento y mirar hacia adelante”, destacó Donatella Versace.
Con un fuerte sentido artístico, la editora italiana siempre sostuvo que el tiempo vivido en Londres a finales de los 60 la había marcado: “Nadie quería parecerse a los demás. En cierto modo, este tipo de libertad te da aún más creatividad”, repetía.
Trabajó especialmente en renovar el departamento de fotografía de Vogue. Fue ella quien les abrió camino a Bruce Weber, Steven Meisel y a Peter Lindbergh. Además, Sozzani creó su propio universo, en el que convivían grandes estrellas de la moda: desde Gianfranco Ferré a Karl Lagerfeld, a quien conocía de sus tiempos en Fendi, pasando por su amiga personal Miuccia Prada, los hermanos Gianni y Donatella Versace o los socios Domenico Dolce y Stefano Gabbana.
Los frecuentaba, los reunía, los convirtió en sus amigos.
La rivalidad era tan notoria que Anna Wintour la describió con un ejemplo animal: “Nos merodeábamos como gatos salvajes”, dijo. Y, en un discurso que ofreció durante la entrega de los premios CFDA de 2017, donde homenajearon a la italiana como Ícono de la moda, explicó: “Franca y yo comenzamos nuestras carreras como directoras casi al mismo tiempo, pero eso no nos metió automáticamente en una especie de club exclusivo en el que todas las directoras de Vogue son ‘mejores amigas por siempre’. De hecho, creo que durante los primeros años nos merodeábamos silenciosamente”.
Franca Sozzani, con su melena rubia al viento, contrastaba con la rigurosidad del peinado bob de Wintour. Y, mientras Anna se mostraba fría y miraba desde lejos, Franca abrazaba y saludaba con dos besos. No le tenía miedo a la cercanía.
Los editoriales aspiracionales de Anna contrastaban con los de Franca, más apegados a la vida real, con movimiento, comida e incluso cigarros.
Franca Sozzani estuvo casi tres décadas al frente de Vogue Italia. Si Wintour hizo de Vogue la Biblia de la moda, Sozzani hizo de su versión un referente cultural, sin esquivar temas controvertidos como la obsesión por las cirugías. Y, mientras que Anna era temida, Franca era querida.
Wintour dominó el mercado comercial apoyándose en las celebridades, mientras que Sozzani revolucionó la moda desde Italia con ediciones artísticas, atrevidas y de crítica social. La editora en jefe de Vogue Italia solía decir: “Quiero ser yo misma. No me importa qué se está llevando o no. No soy una fashionista, soy una persona que quiere mantener su estilo. Me gusta el color, me gustan los clásicos con un twist, me encanta la joyería, pero mi estilo es difícil de describir con palabras. Es importante sentirte tú misma”.
Remarcaba que “no se puede gustar siempre a todos. Pero, sobre todo, no se debe gustar siempre a todos”.
La relación entre ellas fue cambiando con el tiempo. Así lo explicó Wintour: “Franca y yo entramos rápidamente en la vida de la otra cuando fuimos contratadas en la misma semana para dirigir nuestras revistas. Pero nos hicimos amigas lentamente, en parte porque ambas éramos espíritus independientes, las dos inseguras sobre qué hacer con la otra. Nos merodeamos durante años, como gatos salvajes. Francamente, estaba muy intimidada por todo ese glorioso cabello. Solo después de un extraordinario número de la edición italiana de Vogue me di cuenta no solamente de lo brillante editora que era Franca, sino de lo generosa y divertida que podía ser su imaginación”.
Los años menguaron las diferencias y, finalmente las editoras lograron trabajar en armonía en el universo Vogue, cada cual de su lado del planeta. “Poco a poco, sin embargo, desfile tras desfile y temporada tras temporada, Franca y yo acabamos teniendo una amistad que, estoy muy contenta y honrada de decir, se sostuvo durante 30 años. Esa es una cosa que Franca me enseñó sobre la amistad: a veces, realmente tienes que ganártela”, reflexionó.
Fue tan así que, para 2016, muy cerca del final de la vida de la italiana, se habían convertido en íntimas amigas. “Que finalmente nos convirtiéramos, literalmente, en familia, parecía el último giro del destino en nuestra relación, uno por el cual siempre estaré agradecida”.
De rivales, a buenas amigas“Esta es la noticia más triste que he tenido que comunicarles –anunció en 2016 Jonathan Newhouse, CEO de Condé Nast-. Franca Sozzani, la editora de la versión italiana de Vogue durante 28 años, falleció hoy en Milán tras un año de lucha contra una enfermedad, con su hijo Francesco a su lado”. Tenía 66 años.
“Creo que es hermoso dejar huella. Aunque el mejor legado que puedes dejar son tus hijos. Si dejas algo independientemente de tu familia, te conviertes en parte de la historia”, llegó a decir Sozzani.
Durante toda su carrera en Vogue, la italiana fue con su único hijo a todas partes. Francesco Carrozini se crio entre bambalinas, corrió y jugó en los backstages de los desfiles. Ya adulto, se dedicó al arte: siguió su camino como fotógrafo y cineasta. Asentado en Los Ángeles, llegó a tener una relación larga con la cantante Lana del Rey.
Por su parte, Katherine “Bee” Shaffer, la heredera de Wintour, también se interesó por la industria pero eligió dedicarse a ser productora del Late Night Show de Seth Meyers en Nueva York. Y, aunque por el trabajo de sus madres y viajes en común ambos se conocían desde la adolescencia, vivieron destinos cruzados hasta que todo cambió.
Los herederosDicen que fue la relación entre sus hijos lo que terminó de sellar la amistad: el italiano Francesco (35) y la británica Bee (30), que crecieron en la industria de la moda, se enamoraron. Se mostraron por primera vez juntos en la presentación del documental “Franca, chaos and creation”, de Francesco, en el Festival de Venecia, en septiembre de 2016. Y fue tras la proyección en Nueva York, el 13 de octubre de 2016, que comenzaron a salir.
Cuando a Sozzani le diagnosticaron cáncer, su hijo decidió documentar su trabajo entrevistándola. Así nació "Franca: Chaos and Creation". Según Anna Wintour, “Francesco logró capturar el impulso, la valentía y la belleza de su madre. También su imaginación salvaje y una manera totalmente original de fusionar los asuntos sociales con la moda. Él siempre comprendió que no era una madre común. Pero Franca tampoco era una amiga común”.
Aquel último año, Anna y Franca fueron casi consuegras. “Después de que enfermara, empecé a visitarla en su casa de Milán. Hablábamos de todos los temas posibles, incluido del maravilloso idilio amoroso que tenían nuestros hijos”, contó Wintour.
Por entonces, a pesar del delicado estado de salud de Franca, que debía llevar un tubo de oxígeno a todos lados, las editoras asistieron juntas a premiaciones y desfiles.
En su despedida, Anna contó sobre la última vez que se vieron, en Milán: “Estaba en una cama de hospital, frágil como una pluma, recordando la gran historia de amor que tuvieron sus padres. Yo llevaba un relojito que Franca me había regalado y le prometí que, si Francesco tenía la bendición en el futuro de tener una hija, se lo daría a él para que ella lo llevara. Qué afortunada será esa niñita de poder ver la película que rodó su padre sobre su increíble e inolvidable abuela”.
Franca Sozzani falleció el 22 de diciembre de 2016 y Wintour asumió un rol protector hacia el hijo de su antigua colega, reforzando que el romance de los jóvenes se había consolidado. Francesco y Bee se comprometieron en marzo de 2017. En un principio se especuló con que la boda sería en mayo, pero con la vorágine de la MET Gala, que se lleva a cabo cada año el primer lunes de ese mes, la fecha se corrió.
Tuvieron una doble boda: la primera, el 7 de julio, una ceremonia privada en la casa de campo de Wintour en Long Island (con invitados como Donatella Versace o Colin Firth). Y luego la versión italiana, donde Bee Shaffer lució un diseño con velo de Dolce & Gabbana, en Portofino, lugar muy querido por Franca Sozzani, donde solía vacacionar. El 25 de octubre de 2021 nació el nieto: Oliver Sozzani Carrozzini.
El matrimonio hizo su última aparición pública el 4 de mayo de 2026, para la Gala del Met. Días después, con un breve comunicado conjunto, Francesco y Bee anunciaron su separación: “Tras diez maravillosos años juntos, hemos decidido separarnos. Seguimos siendo amigos y padres entregados a nuestro hijo, Oliver”.