Nuevos enfoques sobre salud durante la menopausia y una ventana de tiempo que apremia para tratar los síntomas
RIO DE JANEIRO.- Durante cuatro días, Barra de Tijuca dejó de ser un destino exclusivamente turístico para convertirse en un centro de actualización científica sobre salud femenina, con la lle...
RIO DE JANEIRO.- Durante cuatro días, Barra de Tijuca dejó de ser un destino exclusivamente turístico para convertirse en un centro de actualización científica sobre salud femenina, con la llegada de 4000 médicos que participaron del Congreso Mundial de Menopausia para abordar el bienestar físico y emocional durante este período de la mujer, que hoy requiere enfoques estratégicos ante el aumento de la expectativa de vida.
Bajo el nuevo paradigma de longevidad, la menopausia y la posmeopausia pueden representar más de un tercio de la vida de las mujeres. No se trata entonces, remarcaron los expertos, de acompañar los cambios propios de esta etapa sino también de anticiparse y prevenir problemas que puedan aparecer a largo plazo.
“Ya hemos logrado agregar años a la vida y ahora realmente necesitamos agregar calidad de vida y autonomía. Y en esta trayectoria, la menopausia es, sin duda, un punto de inflexión en el que se puede aumentar de peso, acumular grasa en el abdomen, elevar la presión arterial, subir el colesterol malo…es como una incubadora donde se desarrollan algunos riesgos que aparecerán más adelante. Sabemos que las mujeres que presentan síntomas, sobre todo sofocos y trastornos del sueño, son las que están más predispuestas a factores de riesgo cuando se atraviesa ese umbral”, afirmó a LA NACION Rossella Nappi, presidenta del Congreso Mundial de Menopausia y de la International Menopause Society (IMS).
El rol de las mujeres también evolucionó: hoy, suelen estar en la cúspide de su profesión durante el climaterio, incluso en puestos de liderazgo, asumiendo además el cuidado de sus hijos y de sus padres mayores. En este contexto, la indicación de terapias correctas para aliviar síntomas cobra mayor relevancia. “Hay que considerar que el proyecto de vida ha cambiado sustancialmente, que las mujeres son madres más tarde, invierten en sus propia formación, pero, debido a la maternidad, también pueden postergar un poco sus grandes objetivos y suelen alcanzar el punto más alto de su carrera entre los 50 y los 60 años”, describió Nappi.
Con una mirada similar, Alejandro Paradas, presidente de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Climaterio y Menopausia (Flascym), expuso: “La mujer latinoamericana enfrenta esta etapa en el apogeo de su vida productiva exigiendo una intervención temprana y casi agresiva”. Respecto a la región, señaló que la transición menopáusica se inicia más temprano, a los 48,6 años en promedio, en comparación con Estados Unidos y Europa, donde la media se ubica a los 51,4 años. Según advirtió, este escenario implica una desventaja que dificulta abordajes preventivos.
El impacto en la economía también fue parte del debate, con la proyección de cifras millonarias: un estudio de Clínica Mayo en Estados Unidos de 2023 estimó en 1800 millones de dólares las pérdidas asociadas al ausentismo y la baja productividad laboral de mujeres con síntomas severos durante el climaterio. Se sumaron al cálculo unos 24.800 millones de dólares correspondientes a gastos directos e indirectos del sistema de salud derivados de la falta de tratamientos adecuados. ¿El total? Unos 26.600 millones de dólares anuales.
Cifras y nuevas evidenciasAlgunas cifras actualizadas durante el encuentro global, que recibió 900 trabajos científicos, permiten poner el fenómeno en perspectiva: más de 1000 millones de mujeres en el mundo tienen 50 años o más, un número que seguirá creciendo. Alrededor de 47 millones ingresan cada año en la menopausia, una etapa caracterizada por la disminución progresiva de hormonas, principalmente estrógenos y progesterona, como consecuencia de la reducción de la función ovárica. Se estima que los síntomas asociados a estos cambios afectan a 450 millones de pacientes. Los sofocos y los sudores nocturnos son los más frecuentes: el 80% los padece en algún momento, mayoritariamente en la perimenopausia. Cuando persisten en el tiempo, pueden llegar a durar ocho años, desestabilizan el funcionamiento diurno por el impacto en el descanso, con efectos negativos en la salud física y emocional.
“El sueño de una noche predice el estado de ánimo del día siguiente. Hay un papel de la alteración del sueño en la exacerbación de los síntomas depresivos en las mujeres durante la menopausia”, señaló Pauline Maki, profesora de psiquiatría, psicología y obstetricia y ginecología de la Universidad de Illinois, en Chicago.
Entre los avances que fueron presentados para los síntomas más prevalentes, sofocos y sudoraciones nocturnas, se destacaron las terapias no hormonales que, a diferencia de las alternativas tradicionales, pueden administrarse a mujeres que no deben recibir estrógenos o progesterona por condiciones médicas o antecedentes de ciertos tipos de cáncer, como el de mama. Los tratamientos consisten en el bloqueo de receptores que intervienen en el funcionamiento de neuronas que regulan la temperatura corporal y desencadenan calores repentinos porque se encuentran hiperactivas ante la caída de estrógenos, que dejan de actuar como freno natural de circuitos cerebrales cuando ya no son producidos por el cuerpo.
“Recién ahora pudimos comprender realmente qué hay detrás de los síntomas con el descubrimiento de las vías cerebrales que regulan tanto los sofocos como las alteraciones del sueño. Es muy importante porque muchas mujeres no quieren o no pueden recibir hormonas debido a contraindicaciones o a efectos adversos. Y sabemos que hay un 70% que se encuentra sin ningún tratamiento y continúa sufriendo”, señaló a LA NACION Cecilia Caetano, ginecóloga y obstetra portuguesa, que se desempeña como vicepresidenta de Asuntos Médicos de Bayer, laboratorio que desarrolla una de las terapias libres de hormonas, ya aprobada en Estados Unidos por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) y en la Unión Europea. A la Argentina podría llegar en 2027. “Las mujeres se tienen que empoderar, hablar de sus síntomas y hacerles todas las preguntas al médico para llegar al mejor tratamiento en cada caso”, enfatizó Philip Glaser, líder de la División Pharma para Cono Sur de la compañía.
Respecto a las terapias hormonales, el acento durante el encuentro se puso en la necesidad de enfoques más individualizados, desde la dosis hasta la vía de administración adecuada, de acuerdo a las particularidades de la paciente en base a su historia clínica, necesidades personales y síntomas específicos.
Por otro lado, se afianza el uso el uso de estetrol, un tipo especial de estrógeno que se produce durante el embarazo, principalmente por el hígado fetal, que se está utilizando en Europa para combatir síntomas vasomotores durante el climaterio por ser una hormona natural con menor impacto cardiovascular y metabólico.
Más allá del impacto en la calidad de vida, desde las nuevas perspectivas se amplía la mirada sobre patologías severas que pueden desencadenarse a mediano y largo plazo asociadas a algunos síntomas. “Antes se pensaba que el aumento de las enfermedades cardiovasculares durante la menopausia se debía únicamente a los niveles más bajos de estrógeno. Ahora sabemos que no necesariamente es así. Durante un sofoco, lo que ocurre es que los vasos sanguíneos se dilatan y se contraen, y esa alteración podría ser un factor independiente de riesgo cardiovascular”, señaló Caetano.
Un estigma que persisteLa masividad del evento -se agotaron los lugares para la esta cita mundial en Río de Janeiro- contrastó con una visión compartida por los profesionales: no hay información suficiente para las pacientes, existe un déficit en la especialización en menopausia de médicos de distintas áreas y faltan estadísticas de gobiernos y organismos para promover políticas públicas orientadas a aliviar el malestar en el climaterio.
A este panorama se suman los prejuicios que todavía rodean a la menopausia: “Si las mujeres no hablan con su pareja, si sienten pudor, aún existe un tabú. Y también tenemos que eliminar el estigma de la menopausia. Estar en menopausia no es algo negativo. Es una etapa maravillosa de la vida”, expresó Nappi.
“Hay mucha preparación respecto a la primera menstruación cuando somos adolescentes. Sabemos exactamente qué esperar. Pero no existe preparación para la última menstruación. Todavía hay mujeres que no hablan con sus madres, con sus familias ni con sus pares. Hay una especie de vergüenza sobre la menopausia porque está asociada con ser una persona vieja o que ya no es útil, algo que es completamente falso”, subrayó Caetano. Según su mirada, hay una cultura del silencio que persiste, aunque reconoció algunos avances en este sentido.
Un diálogo más abierto desde las pacientes, la mayor especialización de los profesionales de la salud y el avance científico solo van a poder cambiar realidades, coincidieron los expertos, si el fenómeno se incorpora como una prioridad en la agenda de los países, con el diseño de políticas que alcancen a todos los sectores. Y, ante el creciente número de mujeres que ingresan en esta etapa, el tiempo apremia: la ventana de oportunidad para intervenir con terapias efectivas es durante los primeros 10 años desde el inicio de la menopausia o antes de llegar a los 60 años. El reloj empezó a correr.