Protagonizó una polémica foto que trascendió el mundo hace 40 años: cómo afectó su vida la difusión y qué fue de ella
En junio de 1985, ...
En junio de 1985, la revista National Geographic publicó una fotografía que se convertiría en una de las imágenes más reconocidas del periodismo mundial. En ella aparecía una niña afgana con ojos verdes y una mirada penetrante. Pero, durante casi dos décadas, su identidad fue un misterio.
La protagonista era Sharbat Gula, una refugiada que había escapado de Afganistán junto a su familia durante la invasión soviética. Tenía alrededor de 12 años cuando el fotógrafo estadounidense Steve McCurry la retrató en una escuela del campamento de refugiados de Nasir Bagh, en Pakistán.
La fotografía fue tomada sin que pudiera dar un consentimiento informado y, con el paso de los años, la exposición internacional de su rostro terminó por afectar su vida.
Cuando su vida parecía llegar a un momento de calma once años después de la publicación de su imagen, los talibanes tomaron Kabul e instauraron su primer régimen, caracterizado por severas restricciones a las libertades individuales y sobre todo para las mujeres.
Ese gobierno permaneció en el poder hasta 2001, cuando fue derrocado tras la intervención militar encabezada por Estados Unidos. Mientras tanto, Sharbat continuó viviendo en Pakistán durante más de tres décadas. En 2016 fue detenida por las autoridades de ese país por presuntas irregularidades en sus documentos de identidad y posteriormente regresó a Afganistán.
Su situación se volvió crítica en 2021, cuando los talibanes recuperaron el control del país después de la retirada de las fuerzas internacionales. Por su reconocimiento mundial, la mujer temía que permanecer en territorio afgano representara un riesgo para su seguridad y la de su familia. Finalmente, el gobierno italiano facilitó su evacuación y su traslado a Italia, donde comenzó una nueva vida.
En una entrevista con el diario italiano La Repubblica, explicó por qué eligió ese destino: “Tuve la libertad de elegir. Cuando llegaron los talibanes, comprendí que sería difícil quedarme, ya que soy demasiado conocida en Afganistán. Varios gobiernos nos ofrecieron ayuda. Elegí Italia porque había oído hablar mucho de ella, del lugar, pero también de su gente. Todos decían que los italianos son amables y acogedores. Solo sabía que Italia había hecho mucho por Afganistán. Y decidí intentarlo”.
Sharbat es madre de cuatro niños, pero desde que trajo a su pequeña al mundo, siempre supo que sería más difícil criarla. Al regresar a Afganistán, el gobierno le había dado apoyo, pero la familia de su marido estaba en contra de que la menor recibiera educación. Todo esto cambió al llegar a Europa. “No pude hacer nada para cambiar esa decisión. Pero hoy sí puedo. Aquí somos libres, podemos elegir”, reconoció sus derechos.
Incluso la mujer comenzó a tomar clases de italiano para poder comunicarse y entender a sus nuevos vecinos. Esta es la primera educación formal que pudo tomar desde sus trece años, cuando debió huir junto a su abuela y su hermano de la guerra. “Me siento feliz. Desde que empecé a estudiar me siento como una niña pequeña que está empezando a aprender”, aseguró, comprendiendo la importancia de la educación para las mujeres afganas.