Redes, de las otras
Hace unos días, Leonel Galeppi López, de 14 años, participaba en Houston de un concurso internacional que premia a nuevos talentos, el Youth America Grand Prix (YAGP.) ...
Hace unos días, Leonel Galeppi López, de 14 años, participaba en Houston de un concurso internacional que premia a nuevos talentos, el Youth America Grand Prix (YAGP.) En LA NACION lo conocimos a los once, un día que nos sorprendió por sus condiciones tanto como por su simpatía en una función de Danzar por la Paz, espectáculo a beneficio de Unicef que prepara su próxima edición para el 17 del mes que viene. Entonces, nos hizo saltar de la butaca de la curiosidad, salir a buscar su historia. ¿Quién era esa nueva promesa del ballet que aparecía en el escenario, prematuramente, por fuera de la égida del Teatro Colón? Aquella vez fuimos a verlo al estudio de Quilmes donde trabaja con Ariadna Costantini, su maestra formadora, hablamos con su familia (Leonel, Linda, su hermanita Amy), esperamos noticias del primero, del segundo y del tercer intensivo de verano en la escuela de la Ópera de París. Y ahora, que está más grande, que la promesa consecutivamente se va cumpliendo, aparece en la pantalla de la transmisión del YAGP con el traje de El Corsario, y esa felicidad que le enciende la cara vuelve a contagiar satisfacción cada vez que cae de uno de los grandes saltos que le marca la coreografía.
“León” se va a Londres en pocos meses: el director de la centenaria Royal Ballet School lo vio en el certamen y también creyó que cabía mucho futuro en su metro sesenta y cinco. Le otorgó una beca, explicó a sus padres las condiciones y puso play a un proyecto que llevará del otro del océano a otro argentino para formarse en el semillero que nutre a la compañía donde baila la reina, Marianela Núñez. Con el reloj en tiempo de descuento, una mañana de esta semana se labraba silenciosamente una trama de llamados, mensajes, contactos para darle soporte. Natalia, la mamá de Jazmín Arrieta, una chica de Pergamino que ya está en el penúltimo año de su formación en Londres, se conmovía cuando le preguntábamos si podíamos ponerla en línea con los padres de León: ¡cómo no, si ella se había sentido tan sola mandando a su hija del otro lado del charco, sin conocer a nadie! A once mil kilómetros de distancia, Fátima Nollén-Reardon, una colega que preside la Anglo Argentine Society en Inglaterra, respondía al instante que no solo ya estaba al tanto de que pronto llegaría un nuevo argentino a White Lodge, sino que le había compartido la noticia a otro de sus tutelados, el salteño Santino Herrera. Enseguida me enteré de que los tres coincidirán en Repatriados, en el Palacio Libertad, el 14 y 15 de agosto, la gala que reúne al talento argentino joven que baila en el mundo. Así, en menos de media hora, una red que no es virtual, sino real, de esas que no se ven, pero sostienen, se iba tejiendo, generosa y desinteresadamente. “Algo nos estimula, nos emociona y nos enseña esto”, pensé.
Como operaría un algoritmo, una asociación de ideas y hechos me llevó mentalmente de una cosa a la otra y recordé que hace unas semanas el coreógrafo Demis Volpi me sorprendió con una pregunta inesperada, primero que todo porque en una entrevista las preguntas no suelen venir del otro lado de la mesa de café. Pero él rompió el hielo y quiso saber si alguna vez yo había bailado o estudiado ballet. “¿Qué de lo que aprendiste de la danza podés aplicar en tu quehacer profesional?” Resulta que como integrante de un grupo de investigación y reflexión, va sembrando esta cuestión como buscando evidencia para confirmar una hipótesis. Me escuchó atento hablar del aprecio por la disciplina, la concentración, la perseverancia, cierta sensibilidad. Al final me sugirió: “¿Y por qué no escribís sobre esto?”
Como si acaso intuyera esa intención, el algoritmo (ahora sí, el tecnológico) me mostró ayer la cuenta del festival Despertares, que organiza en México el excepcional bailarín Isaac Hernández, donde publican un compilado de frases que suelen oírse en una clase de ballet, pero deberían enseñarnos algo más por fuera del salón. “Escucha la música, no te adelantes, todo tiene un tiempo”, “Para saltar más alto, primero debes tener los pies en la tierra”, “La excelencia se practica cuando nadie te está viendo”. Algunas de estas leyendas son para un póster.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/cultura/redes-de-las-otras-nid29052026/