Reseña. La nación de los sueños diurnos, de Juan Mattio
Uno de los textos más extraordinarios de Juan José Saer es un cuento de alrededor de treinta páginas llamado “A medio borrar”, una pieza sin un solo punto aparte en la que el protagonista, P...
Uno de los textos más extraordinarios de Juan José Saer es un cuento de alrededor de treinta páginas llamado “A medio borrar”, una pieza sin un solo punto aparte en la que el protagonista, Pichón Garay –personaje medular de su universo-, está a punto de marcharse a París, deambulando por su pequeña ciudad que casi desaparece bajo las aguas mientras él busca en vano a las dos o tres personas de las que desea despedirse. Saer utiliza un narrador en primera persona desde Pichón, pero lo cierto es que no lo parece, o mejor, trata de no parecerlo; todo es entrelínea, sin embargo, y los signos que el protagonista acaso niega, la confusión emocional que la superficie esconde circula con mayor voracidad y lógica absoluta en esa suerte de confusión formal, ese bloque único sin jerarquías donde todo se mezcla y se difumina.
Resulta indispensable partir, al pensar en un libro de las ambiciones de La nación de los sueños diurnos, de Juan Mattio (Buenos Aires, 1983), de esa alquimia que de vez en cuando genera la ficción en la que argumento y estilo parecen haber nacido juntos, como si su amalgama fuese indisoluble. En la novela de Mattio la dimensión espacio-temporal –como en cierto modo sucedía en Materiales para una pesadilla, ganadora del Premio Medifé-Filba en 2021– se descompone, y entonces se torna absurdo reclamar un orden cuando la realidad, y así su narración posible, se ha descalabrado quizá definitivamente.
La punta del ovillo la dispara un pueblo bonaerense en el que la manipulación de una serie de fotografías resquebraja el mundo. A partir de allí, la realidad se fragmenta, multiplica y degrada, tomando un sesgo epidémico. “Nada deja de suceder. Nada se termina. Nada empieza”, nos dice uno de los narradores, ultraconsciente de la advertencia made in Burroughs que abre el libro: “Cuando realizas un corte en el presente, el futuro se filtra”.
Borgeano sin culpa, Mattio concreta aquí la amenaza más desoladora de aquel cuento de Ficciones en el que la imaginación se volvía poción venenosa: “El mundo será Tlön”, presagiaba el alter ego del escritor, resignándose a un abismo sin certezas.
El alcance político de esta novela –imposible de reducir a un puñado de frases– es enorme, y desde sus desplazamientos y ambigüedades, desde el caos que a menudo tienta al fantasma de un nuevo orden, civilización y barbarie retoman su discusión –no por casualidad los dos primeros capítulos se titulan “El matadero” y “La cautiva”– en términos que acaso nunca hayan sido tan maleables. Quizá por ello esta novela no se decide entre la ucronía y la distopía: el futuro tiene con frecuencia, como sabemos, la mala costumbre de ingeniárselas para resucitar el pasado.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/ideas/resena-la-nacion-de-los-suenos-diurnos-de-juan-mattio-nid25072026/