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Robert Plant: la banda que lo hizo famoso, las tragedias que marcaron su vida y el vigoroso regreso a la Argentina

Si en la vida de un artista todo se tratara de una cuestión de marketing, conservar una misma línea estética y de contenido durante décadas le daría más probabilidades de alcanzar el estatus ...

Si en la vida de un artista todo se tratara de una cuestión de marketing, conservar una misma línea estética y de contenido durante décadas le daría más probabilidades de alcanzar el estatus de perenne, por consiguiente, vivir un presente rentable a fuerza de viejos hits.

Tras su éxito con Led Zeppelin, banda que dejó un surco profundo en la historia del rock, Robert Plant hubiera podido reciclar su estilo por temporadas y autoevocarse, probablemente con buenas ventas de shows en arenas y estadios abiertos. Si grandes bandas australianas del rock and roll pueden hacerlo con giras monumentales, si emblemáticas marcas del rock inglés siguen publicando discos que suenan como aquellos que las convirtieron en grandes glorias, ¿por qué no Robert?

¿Qué le costaba reclutar a músicos jóvenes y salir a recorrer el mundo acompañado por una banda bien hidratada de rock puro y duro mezclado con la incomparable sofisticación de Zeppelin? Probablemente, el costo habría sido dejar en suspenso cualquier otro hecho creativo que pudiera cruzar por su cabeza y por su corazón. Y, evidentemente, no renunció a aquel impulso.

Lo que no ha dejado en el pasado es su larga cabellera. Tal vez se vea más raleada que en sus años mozos, pero no deja de ser uno de los sellos estéticos de este inglés, y el marco de un rostro signado por los surcos de sus años de rock and roll, folk y de músicas de fusión. Setenta y siete años tiene Robert. Setenta y siete vividos a distintos ritmos y “tempi”. Porque si los de juventud fueron (como deben ser) de agitación, estos parecen estar vividos sin prisas, pero con la certeza de que sirven cada día para algo nuevo. Más allá de algunas mudanzas entre los Estados Unidos y el Reino Unido, elige las regiones poco habitadas, donde la naturaleza también le ofrece un espacio, un descanso y una reflexión.

Alguien deja un comentario en uno de los videos de su último proyecto musical: “Admiro a Robert Plant; hace lo que quiere y disfruta de su música en lugar de vivir de glorias pasadas. Sigue teniendo clase”. Y, seguramente, de eso se trate. Su producción es constante. Desde principios de los setenta publicó nueve álbumes de estudio con Led Zeppelin, uno con The Honeydrippers, dos con la cantante Alison Krauss, otros dos con su compañero de aventuras Jimmy Page y doce como solista, incluido el último, Saving Grace, de 2025.

En cuanto a sus giras de los últimos años, mientras que en 2023 ofreció un concierto benéfico donde interpretó el clásico de Zeppelin “Escaleras al cielo”, que hacía 16 años que no cantaba, al año siguiente estaba embarcado en el Can’t Let Go Tour, junto a Alison Krauss y para 2025 le daba forma al que hoy es su último disco en solitario (pero bien acompañado). Se trata del que lo traerá nuevamente a la Argentina, donde tiene agendados cuatro conciertos. Hoy y mañana en el teatro Gran Rex de Buenos Aires, el 14 en la Plaza de la Música de Córdoba y el 16 en el Metropolitano de Rosario.

Este proyecto, donde está secundado por la cantante Suzi Dian, el baterista Oli Jefferson, el guitarrista Tony Kelsey, el bajista Matt Worley, y el violonchelista Barney Morse-Brown, tiene en común con el trabajo que hizo con Krauss los roles vocales. Sin embargo, si aquel estuvo más enfocado en músicas norteamericanas, éste abreva (también) una sonoridad británica, para un repertorio que se nutre de covers.

La ampliación de horizontes de Plant fue un proceso verdaderamente gradual y sus comienzos datan de la época de Led Zeppelin. Ni siquiera hay que hurgar demasiado para hallar esas huellas. Basta con encontrar en una playlist de grandes éxitos, algunos temas como “Kashmir”, donde el hard rock se cruza con el rock progresivo y los semitonos de Medio Oriente que Plant trajo, como seductores aromas para sus oídos, de un paseo por Cachemira. Veinte años después, con Zeppelin disuelta, Plant se reunían con Page y recreaban atmosferas comunes en temas como “Yallah” (vocablo árabe) que juntos publicaron en el álbum No Quarter.

Quizá, se lo reconoce más como intérprete que como compositor. Aunque hay marcas bien personales en lo que ha escrito. Una de sus primeras canciones es “Thank You”, que dedicó a su primera esposa, Maureen F. Wilson, con quien estuvo casado por quince años, desde finales de los sesenta, y tuvo tres hijos. De buena posición económica, Maureen fue su apoyo en tiempos en los que Plant todavía no había hecho pie en el negocio de la música, con la banda que lo hizo mundialmente famoso.

Hubo otras mujeres en su vida con las que también compartió intimidad y escenarios, como Patti Griffin, y que pudieron alimentar su pasión por la música norteamericana, aunque esa devoción la traía prácticamente desde la infancia, cuando imitaba a Elvis Presley.

El puente cultural entre los Estados Unidos y el Reino Unido siempre fue de ida y vuelta. Aunque, por temporadas, solía ser de una sola mano. Mientras que en una época América del Norte recibía la influencia de la música africana, británica e irlandesa, para mediados de la década del cincuenta era el norte del “nuevo” continente el que alimentaba al viejo mundo. Y así como en América se comenzó a usar la palabra new (nuevo o nueva) para fundar ciudades o territorios, como New England, que creció gracias a los primeros colonos puritanos que llegaron, siglos después, bluseros como Willie Dixon y Robert Johnson, cooptaron los oídos de los músicos ingleses. De Mick Jagger y Eric Clapton al mismísimo Robert Plant.

Para la década del sesenta Plant era un adolescente blusero que lo único que quería era cantar y tocar la guitarra todo el día. Paso por varias bandas y ayudó a fundar otras. No es un dato menor que la primera banda en la que cantó fue “New” Memphis Bluebreakers.

Eran tiempos de mucho entusiasmo y escasos resultados, porque más allá de despuntar el vicio musical, ni siquiera con Band Of Joy llegó a obtener un buen contrato discográfico. Todo cambió con el nacimiento de Led Zeppelin, un proyecto generado por el guitarrista Jimmy Page (cinco años mayor que él), que incluyó a John Bonham en batería y John Paul Jones en bajo.

El primer disco de la banda se publicó en enero de 1969. Salió antes en los Estados Unidos que en el Reino Unido, a pesar de que había sido gestado en un estudio de Londres, en apenas 30 horas de grabación. Con ese primer disco el grupo puso sus cartas sobre la mesa. La voz tan particular de Plant, un par de blues de Willy Dixon (“You Shock Me”), alguna búsqueda sonora que lo llevaron al tablas hindú (“Black Mountain Side”), o un leve toque psicodélico (“How Many More Times”). La rusticidad y la visceralidad interpretativa como rasgo más sobresaliente (especialmente de las bandas inglesas de blues de finales de los sesenta) sumada a las señas particulares de los cuatro integrantes de Zeppelin, amalgamaron un proyecto que se consolidó durante toda la época siguiente.

Con cada disco, Plant (el gran performer) y sus socios sentaron las bases de lo que terminó convertido en un capitulo fundamental del rock. Probablemente no hayan inventado nada, pero todo lo que hicieron resultó una combinación única y de la más alta calidad. La voz de Robert funcionó como hilo conductor en cada disco, que terminó siendo una nueva apuesta. La primera cuarteta de publicaciones tuvo una singularidad difícil de empardar. Porque a esa gran carta de presentación que representó el primer álbum siguieron tres joyas: Zeppelin II con algunos de los riff de guitarra más famosos del rock y el solo de batería de “Moby dick”; Zeppelin III, con todo lo anterior, algunos gestos de sofisticación y el espectro ampliado entre el folk y el hard rock; y Led Zeppelin IV, con su tríada antológica: “Black Dog”, “Rock and Roll” y “Stairway to Heaven” (la famosa “Escaleras al cielo”).

Esa fue la antesala de una segunda época de álbumes que ya no estaba numerados y agrandaban los matices del grupo en temas como la balada “All My Love”, “Kashmir” y “Fool In The Rain”.

Es cierto que no todo lo que ocurrió durante esa década fue para saborear las mieles del éxito. Su corolario fue la temprana muerte del baterista Bonham (en septiembre de 1980, a los 32 años) que dejó una cicatriz en la banda que nunca cerró. Hubo dos situaciones previas que tuvieron a Plant o a su familia en el centro de la escena.

En agosto de 1970 el cantante y su familia estaban de vacaciones en la Isla de Rodas cuando el vehículo en el que viajaban patinó, salió del camino y chocó contra un árbol. Para algunos, las heridas fueron leves; pero no la sacaron barata Maureen (con fracturas de pelvis, cráneo y una pierna) y Robert (con una fractura de tobillo que lo dejó fuera de los escenarios por un tiempo).

La banda volvió a ponerse en marcha recién un año y medio después, en abril de 1977, pero una tragedia volvió a ponerla en suspenso. El 26 de julio de ese año, mientras el grupo se encontraba en los Estados Unidos, en medio de una gira, murió Karac, el hijo mayor de Plant, por un virus letal que atacó su estómago. Para el cantante el golpe fue tan duro que dudó sobre su futuro en la música. Fueron dos las canciones que Plant le dedicó a Karac, “All My Love”, que apareció en el álbum In Through the Out Door, de 1979, y “I Believe”, ya de su etapa solista. Sí, la banda volvió a ponerse en marcha. Fue en 1978, pero la siguiente tragedia terminó por dejarla fuera de carrera, en septiembre de 1980, con la muerte de Bonham.

A pesar de que el último LP de Led Zeppelin, Coda, se publicó en 1982 (con material descartado de otros álbumes), para ese momento Plant ya estaba embarcado en su proyecto The Honeydrippers con el que dejó grabado un puñado de clásicos del repertorio norteamericano de las décadas del cincuenta y sesenta.

Ya convertido en un artista mundialmente famoso, el inglés desarrolló una carrera solista, sin embargo, la mayoría de las veces quiso compartir el cartel. Volvió a llamar Band Of Joy a uno de sus grupos, aunque con una música totalmente diferente a la que había hecho con la banda de ese nombre, en los sesenta, y luego buscó distintas parcerías. Con Jimmy Page, durante la primera mitad de la década del noventa, y ya en el nuevo siglo con voces femeninas, como las de Patty Griffin, Alison Krauss y hoy junto a la inglesa Suzi Dian.

Y aunque su actual proyecto parece estéticamente muy distante del de la banda que hace más de medio siglo lo hizo famoso, el magnetismo que Plant genera con el público argentino es tal que seguramente los próximos shows estarán copados por devotos de Led Zeppelin, que lo siguen de manera incondicional. Además, hace tiempo que no se lo ve por este país. Su aparición más significativa de los últimos tiempos fue solo para cantar un tema, como invitado del show que Jack White dio en la edición 2015 del Lollapalooza Argentina. Ya era hora de volver a encontrarse con esa voz inconfundible.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/musica/robert-plant-la-banda-que-lo-hizo-famoso-las-tragedias-que-marcaron-su-vida-y-el-vigoroso-regreso-a-nid10052026/

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