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“Se fueron todos mis ahorros”. La estafa cripto que sacudió a San Pedro y atrapó a miles de vecinos

La primera vez que Maximiliano Braga usó un traje fue a los 18 años, cuando asistió al acto de graduación de sus compañeros de secundario. La segunda fue a sus 30, un 21 de septiembre de 2024,...

La primera vez que Maximiliano Braga usó un traje fue a los 18 años, cuando asistió al acto de graduación de sus compañeros de secundario. La segunda fue a sus 30, un 21 de septiembre de 2024, cuando recorrió los 468 kilómetros que separan su San Pedro natal de la Ciudad de Buenos Aires. Allí le entregaron un premio -una estatuilla sin nombre- por su labor en RainbowEx, una plataforma de criptomonedas en la que habría invertido un tercio de los 68.000 habitantes de San Pedro. Su madre, orgullosa, colocó el galardón en la biblioteca del living de su casa. Tres meses más tarde, tras el arresto de su hijo, la policía se llevó esa estatuilla junto con dos celulares, dinero en efectivo, libros de educación financiera y una tablet.

Poco después, la familia Braga supo que aquella ceremonia fue un simulacro: los directivos que le entregaron el premio a Maximiliano eran actores polacos contratados por ciudadanos malayos que hoy son buscados por Interpol. Maximiliano lleva un año y ocho meses en prisión preventiva en la Unidad Penal 3 de San Nicolás, junto a Luis Pardo y Alexis Pan, otros de los promotores de RainbowEx. Los tres están acusados de estafas reiteradas, a la espera del juicio oral.

A comienzos de 2024, San Pedro atravesaba una crisis económica. Ese año, una ola polar provocó una caída de al menos el 30% en la producción de cítricos, uno de los bastiones de la economía local. Rafael Flaiman, periodista del diario La Opinión de San Pedro, cree que el deterioro económico de la ciudad la volvió más permeable a las promesas de dinero rápido.

No era, además, la primera vez que los sampedrinos quedaban atrapados en un fraude. El primero fue en 2007, cuando un ciudadano jamaiquino llamado Max Higgins -quien falleció hace dos semanas en situación de calle- prometió que iba a construir allí el primer parque de Disney World en Latinoamérica. El proyecto nunca se concretó.

El segundo tuvo lugar en 2021: una empresa fantasma -”Intensive Live”- que simulaba funcionar como Uber, instaló una sede en San Pedro prometiendo un 20% de ganancia mensual a quienes invirtieran en ella. También fue una mentira. Pero ninguno de esos antecedentes impidió que, en 2024, los sampedrinos volvieran a caer en otra trampa: la de la plataforma RainbowEx, respaldada por la fachada solidaria de la Fundación Knight Consortium -en español, “El Consorcio de los Caballeros”-

Primeros pasos

Antes de entrar a RainbowEx, Braga trabajaba en una mueblería donde conoció a Facundo Villalba, quien fue el que lo introdujo a la plataforma. Todavía, en San Pedro, casi nadie sabía que existía esa app para invertir dinero. “Fui a la casa a pedirle un par de paltas”, recuerda Maximiliano, “y ahí me habló de Rainbow. A las dos semanas me pasó el contacto de Alí”. “Alí” era la presunta mujer que explicaba a los recién llegados cómo invertir en la plataforma. Su identidad era un misterio, no se sabía casi nada de ella. La única referencia que tenían era ese nombre y su foto de perfil en Telegram. Como tenía rasgos asiáticos, en San Pedro comenzaron a llamarla “La China”.

Braga, siguiendo instrucciones de Alí, armó su propio grupo de Telegram para sumar a otros vecinos; entre ellos, invitó a Luis Pardo, un amigo de su adolescencia. Luis se entusiasmó, pidió un préstamo de tres millones de pesos y empezó a operar.

Por ese entonces, Pardo trabajaba en la fábrica de Papel Prensa. Allí sus compañeros lo veían todas las noches con el celular sin entender qué hacía. Luis recuerda que al principio se burlaban de él, pero que, cuando vieron que estaba ganando mucho dinero, todos quisieron imitarlo. “Ellos me pedían entrar, no era que yo los invitaba”, relata Pardo. Con el tiempo, empezó a sumar tantos usuarios al grupo de Telegram de Braga que tuvo que abrir uno propio. Hoy Braga y Pardo comparten pabellón en el penal de San Nicolás.

Vecinos de San Pedro consultados por LA NACION coinciden en que durante los meses iniciales de RainbowEx, la economía local se había reactivado. Guillermo Larrondo, vendedor de motos, señala que en ese entonces los sampedrinos viajaban, refaccionaban sus casas, compraban autos, llenaban los bares. “La ganancia era bruta y muy rápida”, recuerda. Esa bonanza, descubrirían más tarde, iba a ser corta.

La señal de “La China”

Muchas personas querían sumarse a RainbowEx, incluso si necesitaban sacar un préstamo para empezar a invertir. Para eso hacía falta que alguien les enviara un link de invitación. Luego debían bajarse una app al celular -que no estaba disponible en ninguna tienda oficial y exigía desbloquear algunas funciones de seguridad del dispositivo. Para crear el usuario había que identificarse con una foto y el DNI y, finalmente, unirse a un grupo de Telegram donde Alí indicaba cómo proceder.

Todos los días, entre las 21:30 y las 22 -hora argentina- “La China” recomendaba por Telegram criptomonedas en las que invertir. A ese mensaje se lo conocía como “la señal” y, durante esa media hora, la ciudad se paralizaba. Al día siguiente, los usuarios veían ganancias extraordinarias en sus cuentas: el rendimiento de la “inversión” era entre el 1% y el 2% diario. Lo que nadie sabía es que todo era una simulación porque no había ningún tipo de trading, el dinero simplemente entraba y salía de la plataforma. Mauro Eldritch, un sampedrino especialista en ciberdelitos que actualmente vive en Uruguay, explica que aún hoy muchos usuarios no logran entender el engaño: las ganancias que retiraban no eran generadas por un interés, sino que “era el dinero que después le faltaba a otro, al que entró a invertir después”.

Los activos que aparecían en RainbowEx tampoco tenían valor real fuera de la plataforma porque no se comerciaban en los exchanges del mercado cripto. Para retirar el dinero, los usuarios convertían esas monedas en USDT -un token digital cuyo valor está atado al valor del dólar- para transferirlas a una billetera virtual. Desde allí, podían extraer efectivo o hacer compras pagando directamente en USDT. Muchos comercios de San Pedro comenzaron a aceptar esa criptomoneda.

La plataforma también construyó una fachada solidaria. Alí pedía a los usuarios que donaran el 5% de sus ganancias para realizar acciones benéficas. Las donaciones se canalizaban a través de la Fundación Knight Consortium que, así, iba dejando huellas en comedores populares, clubes y barrios humildes de la ciudad.

El 15 de septiembre de 2024, el especialista en tecnología Maximiliano Firtman realizó un sugestivo posteo en la red X: “Me cuentan que, en San Pedro, provincia de Buenos Aires, está medio pueblo enganchado en un ponzi que dice rendir 1,5% diario”. Lo acompañaba un gif de Leonardo Cositorto, el hombre que había orquestado una de las mayores estafas piramidales de la historia argentina a través de “Generación Zoe”.

Firtman se había enterado de lo que pasaba en San Pedro, cuando varios vecinos le escribieron preocupados por una presunta app de inversiones que había captado el interés de amigos, parientes y conocidos. Muchos de ellos habían depositado allí todos sus ahorros. Otros empezaron a sospechar que la plataforma era demasiado buena para ser real.

A medida que se expandía el rumor de que RainbowEx podría ser una estafa, sus responsables intentaron demostrar que la aplicación era sólida. Primero enviaron un video de Ly AnMei, una mujer asiática que se presentaba como socia de Alí. Sentada en un escritorio, parecía leer en fonética de un teleprompter. Decía que ella misma iba a invertir en la plataforma 600 mil USDT -equivalente a US$600.000-, que Nana -otro nombre que usaba Alí- invertiría 400.000 USDT adicionales e invitaba a los demás a seguir su ejemplo.

Días después, el 21 de septiembre, organizaron un evento en el Hotel Emperador de Buenos Aires. Allí asistieron dos presuntos CEOs del Knight Consortium: Jeremy Jones y Timothy Murphy. Hubo discursos, show de danzas folclóricas y comida. Además, premiaron a los mejores inversores, entre ellos a Braga y a Pardo. Les dieron una estatuilla con la leyenda “nameless” (“sin nombre”) porque, según decían, “los caballeros no necesitan nombres”.

Las fotos y los videos de ese evento circularon por todos los grupos de Telegram. Desde la cárcel, Pardo insiste: “¿A usted le parece que si yo creía que era una estafa iba a sacar un crédito de tres millones para invertir, iba a meter a mi mamá, iba a sacarme una foto en el Hotel Emperador para quedar enganchado y después terminar acá adentro?”.

Firtman, que ya navegaba por los grupos de Telegram de RainbowEx, pudo ver los videos de ese evento. Con la ayuda de herramientas de inteligencia artificial, descubrió que los supuestos CEOs eran dos actores polacos y que Ly AnMei era una actriz indonesia.

El derrumbe

El 2 de octubre- curiosamente el día que cumple años Braga- Rafael Flaiman publicó la primera de una serie de notas sobre el caso de RainbowEx en el diario La Opinón de San Pedro. Al ver el artículo, muchos usuarios de la app se alarmaron y quisieron retirar su dinero. La plataforma no llegaba a responder a todas las solicitudes. Melina Bravo había ingresado todos sus ahorros en RainbowEx tras quedarse sin trabajo. Durante esos días, cada vez que intentaba retirar dinero había algún problema: “El administrador me dijo que tenía que esperar primero 24 horas, después que tenía que esperar 72 horas. Me habían dicho de meter más plata para poder sacarla y dije: ya no... seguramente era una estafa y caímos”.

El 7 de octubre, tras otro artículo firmado por Firtman, el caso explotó en los medios y San Pedro se llenó de periodistas. Un día después, la fiscalía de San Nicolás intervino de oficio y, el 11 de octubre, la Justicia ordenó el bloqueo de los sitios web de RainbowEx. Ya no había posibilidad que los usuarios de la app recuperaran ni un solo USDT. Eso alimentó la creencia de que la culpa de la falta de liquidez era de la Justicia y de la prensa, no de la plataforma. Flaiman y Lilí Berardi, directora y fundadora de La Opinión, debieron solicitar custodia policial por las amenazas que recibían.

En medio de la controversia, un especialista en seguridad informática español —que usaba el seudónimo de Guido Marlowe— se infiltró en la aplicación para revelar, con datos concretos, la magnitud de la estafa. Ya como administrador de la plataforma, obtuvo los datos de quiénes habían invertido, cuánto dinero había ganado o perdido y cuántos referidos habían sumado. Con esta información, los periodistas de La Opinión construyeron y publicaron una “pirámide de inversores”: en los niveles más altos figuraban Maximiliano Braga, Luis Pardo, Alexis Pan, Gerardo Gelabert -secretario general del Sindicato de la Industria del Papel de San Pedro- y Facundo Villalba. Todos están imputados en la causa judicial.

Finalmente, Marlowe hizo pública toda esa información en una web que aún hoy sigue activa: con solo poner el DNI de una persona se puede consultar si invirtió en la plataforma y si fue uno de los grandes ganadores o formó parte de los perdedores. “Se armó una especie de guerra civil en San Pedro”, recuerda Firtman. En paralelo, un grupo de ransomware hackeó la plataforma para robar los datos de los usuarios (fotos de ellos con sus DNI). Esa información circuló por la dark web y también llegó por mail al diario La Opinión. Flaiman cuenta que pudo ver a más de doce mil sampedrinos en esa base de datos, “había funcionarios de la intendencia, sindicalistas, amas de casa; estaba casi todo San Pedro”.

Antes del derrumbe final, “El Consorcio de los Caballeros” envió un último mensaje por Telegram: las autoridades argentinas habían decidido bloquear la app y, para reactivar sus cuentas, los usuarios debían depositar 88 USDT. Muchos lo hicieron. Firtman señala un detalle que, en San Pedro, nadie conocía: entre usuarios chinos, el 88 se utiliza en mensajería para decir “bye bye”. Era, en código, la despedida.

El rastro que dejó el dinero

Una vez que RainbowEx dejó de funcionar, la investigación judicial se concentró en una pregunta: dónde había terminado el dinero.

Las fiscales bonaerenses Verónica Marcantonio y María del Valle Viviani, junto al Dr. Julio Pérez Carreto, pudieron identificar las direcciones de las billeteras donde terminaba el dinero que los usuarios ingresaban a la app. Pero esas ‘wallets’, que serían de los cabecillas de la estafa, no pueden vincularse a ninguna persona: los organizadores internacionales, a diferencia de los imputados locales, nunca registraron sus pasaportes en la aplicación. El principal logro de la fiscalía fue que Tether -la empresa detrás de la moneda USDT- congelara los criptoactivos de esas cuentas, que suman un total de 3.500.000 USDT. En un futuro, ese monto podría utilizarse para resarcir a los damnificados.

Para diciembre de 2025, a pesar de que se calculaba que había miles de víctimas en San Pedro, solo 57 se habían presentado a hacer la denuncia. Según fuentes judiciales, hoy ese número ascendería a más de 100.

La causa tiene doce argentinos imputados. Solo tres están en prisión preventiva. Al cierre de esta nota, la fiscalía todavía evaluaba con qué imputados podría avanzar hacia un juicio abreviado, que implica declararse culpables. Tanto Braga como Pardo prefieren ir al debate oral porque dicen ser inocentes.

La fiscalía determinó que Pardo había tenido un gran salto patrimonial en 2024 y pudo rastrear que había realizado grandes movimientos de USDT en distintas billeteras virtuales. Él mismo relata que, en un año, movió unos US$70.000 a través de Lemon. Braga habría realizado gastos en viajes y en una moto que no coincidían con sus ingresos formales. Además, según fuentes judiciales, entre agosto y octubre de 2024 llegó a tener un saldo de 55.000 USDT en Binance. Braga reconoce que ganó dinero, aunque dice que nunca calculó cuánto. “Retiraba de la plataforma lo que necesitaba al momento para un viaje, comidas y otros gastos”, explica. Los dos imputados admiten haber obtenido ganancias, pero sostienen que eso no los convierte en partícipes de una estafa.

Braga afirma que empezó a invertir en la plataforma sin saber si era o no un fraude, que asumió “el riesgo de inversión”. Agrega que, si juzgaran a todos los “inversores” como responsables “no alcanzarían los penales para meter a todos los sampedrinos que estaban metidos”. Pardo va aún más lejos: sostiene que Alí existe y que la Fundación Knight era una Ong legal. Insiste en que RainbowEx no era una simulación, que sí había trading y que “la hicieron caer” porque tenía varios enemigos: desde el sistema capitalista que “nos quiere pobres y sumisos” hasta la propia Municipalidad de San Pedro.

Para Firtman y Eldritch, Braga y Pardo serían “fusibles” de una organización muy compleja y con raíces internacionales. Por ahora la Justicia no pudo avanzar más sobre el nexo internacional. Eldritch, sin embargo, se muestra optimista respecto de esa posibilidad. Para encontrarlos, dice, “no hay que seguir a las personas, sino al dinero”: seguir rastreando los movimientos de las criptomonedas.

Durante meses, RainbowEx logró convertirse en parte de la vida cotidiana de toda una ciudad. Todavía hay sampedrinos que esperan recuperar sus ahorros y otros que siguen pagando los préstamos que tomaron para invertir.

Si finalmente no logran acordar el juicio abreviado, se avecina un largo debate oral, con cientos de testimonios y pericias que podrían volver a conmocionar a San Pedro. Era difícil imaginar este desenlace el día en que Braga inició aquella conversación con su compañero de trabajo. Por ese entonces, todo parecía reducirse a un grupo de Telegram, dos paltas y la promesa de dinero fácil.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/videos/se-fueron-todos-mis-ahorros-la-estafa-cripto-que-sacudio-a-san-pedro-y-atrapo-a-cientos-de-vecinos-nid01092026/

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