Su matrimonio era perfecto, ¿qué pasa cuando el final no depende de nosotros? “Ahí empezó el inicio de la peor parte de mi vida”
En el año 2011 Vicky estaba terminando la carrera de Publicidad cuando ingresó como pasante en el área de cuentas situada en el segundo piso. Un día se dio cuenta de que todo el tiempo quería ...
En el año 2011 Vicky estaba terminando la carrera de Publicidad cuando ingresó como pasante en el área de cuentas situada en el segundo piso. Un día se dio cuenta de que todo el tiempo quería ir al tercer piso, alguna excusa siempre encontraba para subir aquellas escaleras. El motivo tenía nombre: Guido, el diseñador gráfico.
En la agencia se encontraron con muchos trabajos en común por lo que abrieron la posibilidad de múltiples conversaciones que, con el tiempo, excedieron lo laboral.
Una noche Vicky olvidó pasarle un trabajo que tenía que entregar urgente, Guido, con el mejor de los ánimos, se quedó en la oficina hasta las cuatro de la mañana para terminarlo. Hasta las dos de la mañana tuvo la compañía de Vicky y charlaron de todo: “Guido siempre fue muy espiritual, meditaba, era vegetariano, le gustaba todo lo que se refiriera a la luna, la energía, y simplemente empezamos a hablar de esos temas, fue cuando yo me pregunté ¿qué onda? me está gustando este pibe“, recuerda Vicky.
Los dos vivían etapas diferentes de sus vidas: Vicky con 22 años, a poco de recibirse, vivía con su madre. Guido, 34 años, con una hija de 13 años. Pero ya sabemos que Cupido no sabe de edades y cuando lanza su flecha es difícil escapar.
“¿Te casarías y tendrías más hijos?"Otro día laboral Guido, al entregar unos papeles, le dijo “Tomá linda”, y ahí Vicky intuyó que ese amor que ella estaba empezando a sentir podía ser recíproco.
La confirmación llegó unos días después cuando Guido la invitó al cine a una función tardía, para la espera la invitó a su casa... y nunca fueron al cine.
Aquella noche tuvieron una charla en en el balcón, Vicky le preguntó: “¿Vos te casarías y tendrías más hijos?“, Guido respondió: ”Casarme no, tener hijos depende con quién".
A los tres días fue el cumpleaños de Guido, lo festejó en un bar y Vicky fue con sus amigas. A partir de aquella primera cita no se volvieron a separar nunca más. A él le daba un poco de miedo que ella fuera tan chica, sin embargo, ella estaba 100% segura de que estaba enamorada y quería construir una vida con él.
En el 2013 se fueron a vivir juntos, un dos ambientes en una torre idílica. Pasaron los años, el deseo de Vicky de casarse no se apagaba, y Guido, enamorado, decidió cumplir su sueño: “en el 2017 nos casamos, una fiesta divina, una ceremonia hermosa. Él sabía que era mi sueño, siempre estaba dispuesto a cumplirme todos los sueños y estaba al pie del cañón para hacerme feliz”, recuerda Vicky con emoción.
“Nunca vi a un padre disfrutar así con un hijo”Luego del casamiento llegó el primer embarazo que no prosperó, pero a los dos meses, con el segundo embarazo, nació Manuel en abril del 2019.
Durante el embarazo Vicky se instaló en una casa que había alquilado su madre en Pilar. “Empezamos a notar que la vida en el verde nos gustaba bastante, nos sentíamos cómodos. Guido es de zona Sur y toda la vida vivió en una casa, después cuando se independizó se fue a un departamento. Y mi sueño siempre había sido vivir en una casa, así que empezamos a pensar la idea”, cuenta Vicky.
Entonces decidieron entre Guido, Vicky y su mamá, alquilar una casa amueblada para ir todos los fines de semana. En febrero de 2020, con un poco de dudas, renovaron el alquiler. “Menos mal que lo renovamos porque pasamos toda la pandemia en esa casa que era un sueño, con Manu chiquito, aprendió a caminar ahí, fue una época hermosa más allá de lo que pasaba con la pandemia”, admite Vicky. Es que pre-pandemia Guido trabajaba muchas horas y le quedaba muy poco tiempo para disfrutar en su casa. “Cada madrugón de Manu, Guido se levantaba, dormían la siesta, lo paseaba en moto por el jardín, la verdad es que se disfrutaron increíblemente, nunca vi a un padre disfrutar así un hijo”, recuerda Vicky con un dejo de nostalgia y agradecimiento por aquellos días.
Cuando la cuarentena terminó volvieron a capital federal y se dieron cuenta de que aquel ya no era más su hogar. Vicky cambió de trabajo, cambiaron a Manu de colegio y se mudaron a un barrio de Pilar.
“En enero de 2023 nos mudamos para acá. Mi vida con él siempre fue de sueños cumplidos. En abril era el cumple de Manu y adoptamos un perro, fue un momento en el que pensás: la casa, el marido, el hijo, el perro. Yo estaba en éxtasis total con la vida y con lo hermoso que estaba siendo todo”, cuenta Vicky, enamorada.
“Chau amor, suerte”La noche del 30 de agosto Guido le preguntó a Vicky si estaba pronosticado lluvia para el día siguiente. Vicky pensó: “ojalá que sí”, pero el pronóstico le indicó lo contrario. Entonces Guido, que al otro día tenía que ir para capital, decidió que iría en su moto. Vicky le contestó: “¿Por qué no te vas con el auto?“, pero Guido quería aprovechar el buen clima. ”Como que a los motoqueros no los podés bajar de la moto, él siempre me dijo sácame lo que quieras menos la moto", admite Vicky. Le quedó una sensación rara pero ahí quedó.
El 31 de agosto a la mañana Vicky le pidió a Guido que lo llevara a Manu al colegio, ella había pasado una noche con un fuerte dolor estomacal e iba a faltar al trabajo. Guido llevó a su hijo al colegio, volvió a su casa a buscar la moto y apurado desde la planta baja gritó: “Chau amor”, y Vicky, acostada en su cama en la planta alta respondió: “Chau amor, suerte”.
Esa fue la última vez que hablaron y se vieron.
“¿Familiar de Guido?"Vicky se quedó en su cama todo el día. Estaba medio dormida cuando a las once de la mañana lo escuchó a Guido volver y subir las escaleras. Algo le dijo Vicky y él no respondió, entonces Vicky salió del cuarto, lo buscó y no estaba. “Que raro, lo debo haber soñado”, pensó.
Le mandó un mensaje: “Che gordi, me sentía medio mal, cuando vuelvas fijate si siguen haciendo los test de covid”, pero Guido no respondió. Al rato mandó otro mensaje, y otro, y otro, todos sin respuesta. “Guido siempre fue una persona muy disponible para mí, siempre estuvo, yo le mandaba un mensaje y él siempre me respondía, si no podía me decía bancame un toque pero siempre respondía. Ahí vi que la última conexión era a las 8.30h y ya era casi el mediodía”, recuerda Vicky.
Llamaba al celular y Guido no atendía. Desesperada entró en la computadora de él y usó el buscador de Iphone: le figuró una ubicación en panamericana que, como se habían mudado hacía unos meses, aún lograba darse cuenta dónde era como para ir sin el mapa. Entonces intentó mandarse a ella misma la ubicación pero no pudo, le sacó una foto y llamó a su mamá. “Guido no me contesta, no vuelve y tendría que haber vuelto a esta hora. Voy a ir a panamericana que me aparece que el celular está ahí, seguramente se le cayó”, le dijo Vicky. La pasó a buscar y se fueron las dos juntas mano a capital mirando a los costados para ver si encontraban el celular con funda verde de Guido caído.
“Ya tenía en la cabeza como que algo estaba pasando”, admite Vicky. Retomó el regreso a su casa en la salida anterior al peaje de ramal Pilar.
A las 16 horas sonó su teléfono, era una llamada desde el celular de Guido: “¿Familiar de Guido?“, preguntó un policía del otro lado del teléfono.
“Ahí empezó el inicio de la peor parte de mi vida”“Yo ahí ya lo sabía. Llanto, grito, la policía me trató muy mal, no me respondía, me cortaron el teléfono cuando empecé a gritar, todo muy mal, un maltrato horrible. Terminé sabiendo a dónde tenía que ir”, recuerda Vicky de lo que fue el peor día de su vida.
Le pidió a su madre que fuera a buscar a Manu al jardín. Vicky se subió sola al auto, al poner el motor en marcha se encendió la luz de falta de combustible, aprovechó el momento en la estación de servicio para llamar a su cuñada quien le aconsejó que se comprara algo para comer o una gaseosa para levantar el azúcar, como se sentía mal del estómago no había comido en todo el día.
Vicky llegó sola a la comisaria, con mala atención le contaron que Guido había fallecido en un accidente a pocos metros de aquel peaje que Vicky decidió no cruzar y retomar, luego entendería que fue una señal de Guido para cuidarla, no quería que presenciara lo inevitable.
Su cuñada le dijo que la esperara, venía de zona Sur, tenía dos horas de viaje. Entonces Vicky se sentó sola en su camioneta, buscó en su teléfono el contacto de una psicóloga con la que habían hecho orientación de padres y les había gustado. “La llamé y sin filtro le dije lo que pasó, estoy acá esperando en la comisaria, necesito que me digas por favor qué tengo que hacer con Manu, cómo le digo a Manu. Lo primero en mi mente fue Manu”, recuerda Vicky.
Aquella psicóloga fue su primera guía, lo primero que le dijo es que no era urgente hablar con Manu, Vicky sabía que iba a volver tarde, su hijo estaba bien cuidado por su madre y su prima. Ella quería ir a zona Sur para hablar con la hija de Guido, con su suegra, no quería darles la noticia por teléfono. Llegó a su casa a las dos de la madrugada, al día siguiente Manu se despertó y preguntó por su papá. Vicky respondió lo que había acordado con la psicóloga: “Y ahí empezó, no sé cómo decirlo, el inicio de la peor parte de mi vida”, asegura Vicky.
“Fue una cachetada en el centro del alma”Vicky enviudó a los 34 años, “fue una cachetada en el centro del alma”, describe. No recuerda mucho de los primeros días, estaba en una nube de no entender, no caer, “estábamos en la cresta de la ola de la vida y de golpe vino alguien y me arrancó el corazón de la noche a la mañana”, trata de explicar un sentimiento al que es imposible poner palabras.
Recuerda que lo primero que le dijo al policía fue “¿Y ahora qué hago? ¿Cómo sigo?“, pensó en su hijo tan chiquito, se hizo muchas preguntas desesperantes. ”Creo que el mejor consejo que puedo dar si alguien está pasando por esto es rodeate de gente que te ame, buscá ayuda, hacé terapia, buscá a tu mamá, hermana, amiga, alguien que te haga de sostén, que te pueda ayudar en lo mínimo, lo diario, en cocinar, en sostener a tu hijo cuando vos te querés ir a llorar", aconseja. Para ella fueron su mamá, su prima y su amiga Martu Banca quienes la salvaron en un momento donde el dolor no le permitía ni pensar.
Vicky siempre creyó en las señales, asegura que hay que estar dispuestos a recibirlas, y ella lo está. Lo ve a Guido en los colibríes que tanto le gustaban y se le aparecen sin previo aviso, lo ve en los gestos de su hijo que crece y se parece cada día más a él, “Veo en Manu la semilla que Guido plantó el tiempo que estuvieron juntos y es una semilla que creo que va a seguir germinando”, asegura con lágrimas Vicky, el parecido se hace palpable en los gustos, la forma de pararse y de hablar.
Lo ve a Guido en ella misma y en todos aquellos aprendizajes de la vida que le dejó su matrimonio, en aquellas cosas profundas y aquellas cotidianas como colgar un cuadro. Lo ve en la familia de Guido y su hija, con quienes mantiene una relación hermosa, “los amo y son mi familia”, asegura.
“Guido siempre está y siempre va a estar. Hablamos mucho con Manu de él, me pregunta historias, le cuento anécdotas, hay fotos, siempre siento su amor, su enseñanza y vivo la vida y Manu vive su vida honrando la vida de Guido”, asegura Vicky.
La señal más fuerte que vivió fue a las tres semanas cuando en el colegio una maestra que trabajaba con ella le contó que conocía a una mujer que había estado con Guido el día del accidente. La mayor culpa o miedo de Vicky era el pensar que su marido estaba solo al morir, pensar que había sufrido, sentido miedo y ella no estaba a su lado para acompañar.
Vicky habló con Silvina, una señora muy religiosa que aquel 31 de agosto se despertó, se preparó para ir a trabajar y al rezar le pidió a Dios poder ser útil para alguien. Cuando iba por Panamericana y vio el accidente tomó la decisión de frenar y bajar del auto para ayudar. Le sacó el casco a Guido y se dio cuenta de que él ya no estaba más en la tierra. Le dio la mano, vio su alianza y rezó un Ave María con él y por su familia.
“Haber hablado con ella fue el principio de empezar a sentir un poco de paz”, relata Vicky de lo que describe como lo más loco y hermoso que vivió en ese tiempo.
“Pasé millones de noches llorando, tirada en el piso, abrazada a la ropa”Con el tiempo Vicky se fue acostumbrando a que la vida le sonara distinto, no cree que el tiempo lo cure todo como dice la famosa frase, sino que es una convencida de que somos nosotros quienes curamos con el tiempo. “Si pasó un año y vos estuviste tirada en la cama no es lo mismo que si pasó un año y estuviste tomando la medicación necesaria para poder salir adelante por ejemplo. Yo no llegué a tomar medicamentos pero me han ofrecido. Se puede salir adelante, se vive abrazando el cactus pero se vive, para algo nacimos. Es fuerte pero nosotras no nos morimos, los que se murieron son ellos, y nuestra vida puede estar en pausa todo el tiempo de duelo que sea necesario pero hay un momento en que nosotros seguimos vivos, seguimos en el mundo y hay gente que nos ama, en mi caso hay un niño que depende de mí”, asegura Vicky con fortaleza.
Con el tiempo le empezó a parecer normal no festejar el día del padre, estar ella sola en la foto familiar del cumpleaños de su hijo, pero siempre buscando que esos momentos de dolor no sean tan agobiantes. Por ejemplo para el primer cumpleaños de Manu le pidió a sus amigas que estuvieran junto al cumpleañero en el momento de la torta. “Siempre traté de, al miedo o la angustia, buscarle una solución. Por supuesto que tuve millones de noches llorando en el piso abrazada a la ropa preguntándome por qué mierda me toca esto, y también por otro lado la historia un poco se repite”, asegura Vicky.
Se refiere a que cuando ella tenía diez años su padre falleció de cáncer, su madre también quedó viuda joven, reviviendo su propio dolor y comprendiendo el de su hija, estuvo allí presente para ella y su nieto.
Vicky pudo verse reflejada en Manu, en entender su dolor desde el primer momento, sus miedos, broncas, angustias, su enojo que estuvo presente por mucho tiempo ella lo podía entender, “le pude dar un significado a la muerte de mi viejo. Pasé por eso de chiquita y ahora es pasarlo de nuevo desde otro rol pero con un aprendizaje claro para poder ayudar a mi hijo”, analiza Vicky.
“Guido es mi marido del cielo, y acá en la tierra seguí mi vida”Vicky supo que en algún momento tenía que salir adelante, también es consciente de su juventud y de que con el tiempo podría volver a formar una pareja.
Y esa pareja llegó, coincidiendo en su fecha de cumpleaños y en el nombre de su hijo. A veces Manu le pregunta “¿Papi es tu novio?“, Vicky le responde que sí, que es su novio y marido del cielo. ”Siempre va a ser así, no tolero que alguien me diga tu ex marido, de ninguna manera. Guido es mi marido del cielo, y acá en la tierra seguí mi vida y tengo un novio que llegó para sanar, ayudar, compartir, para demostrarme que la vida es linda. Si bien yo siempre lo pensé, cuando una está en el pozo es muy difícil ver que la vida es linda, y él llegó con su luz", asegura Vicky.
No fue fácil, le costo aceptar lo que sentía, y agradece que él haya tenido la paciencia de respetar sus tiempos, “creo que las personas que vivimos un duelo vemos esta vida con otros ojos una vez que salimos del pozo, pero estamos rotos y quedamos rotos. Debe ser muy difícil acompañar a una persona que esta un poco rota, que sabes que el corazón está dividido, porque eso se lo dije siempre, una parte de mi corazón no está en la tierra y nunca va a estar, en mi corazón hay un casillero con el nombre de Guido que no me lo toca nadie”, asegura Vicky.
Aprender a seguir es un aprendizaje, con días buenos, días malos, con culpa, miedo, tristeza, alegría, esperanza. Manuel, su novio, llegó a su vida para darle luz y amor.
Vicky lo sabe más que nadie, lo vive en su propia piel, cuando el amor es fuerte y verdadero ni la muerte puede vencerlo.
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