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¿Tienen dueño las multitudes festivas y dolientes?

Tiempo de multitudes y de emociones populares. Lo fue el velatorio masivo del Indio Solari. Lo serán las explosiones de alegría compartidas si en el presente Mundial de Fútbol nuestra selección...

Tiempo de multitudes y de emociones populares. Lo fue el velatorio masivo del Indio Solari. Lo serán las explosiones de alegría compartidas si en el presente Mundial de Fútbol nuestra selección nos vuelve a regalar momentos inolvidables.

Los políticos entran en estado de alerta cuando el pueblo gana la calle: algunos le temen, como los libertarios si los que se manifiestan no son de su palo. Otros, como los kirchneristas y Axel Kicillof, pretenden envolverlo en sus banderas y presentarlo como de su exclusiva propiedad. Hasta Cristina Kirchner salió a su balcón a menearse al son de melodías ricoteras.

Las multitudes no siempre tienen el mismo color. Cientos de miles de personas acompañaron los funerales de Hipólito Yrigoyen y de Eva y Juan Perón. No sería forzado, en el primer caso, hablar del “pueblo radical”, que incomodó con esas exequias al gobierno fraudulento de los conservadores, en 1933. En los otros dos sepelios fue el “pueblo peronista” el que ganó la calle en sintonía con quienes mandaban, en 1952 y 1974. Al menos esos eran los componentes ideológicos mayoritarios de aquellas marchas dolientes y conmovedoras.

Hay también muchedumbres festivas. Cuando la Argentina ganó la primera copa de la FIFA, en 1978, la gente exteriorizó masivamente su alegría. La dictadura que gobernaba entonces intentó endosar a su favor ese estado de ánimo general tan auspicioso. Un año más tarde, en coincidencia con la visita a Buenos Aires de una delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y del triunfo de la Argentina en el Mundial Juvenil de Japón, hasta Jorge Rafael Videla salió a uno de los balcones de la Casa Rosada a saludar a los que manifestaron su euforia en Plaza de Mayo. En 1982, la recuperación de las islas Malvinas colmó de vuelta ese paseo público. Lo capitalizó momentáneamente el dictador Leopoldo Fortunato Galtieri.

Pero, ¿de quién es la gente cuando no es convocada por ninguna fuerza política o gremial y sale en forma espontánea a la calle en cantidades colosales?

¿Era “pueblo radical” cuando, en 1986, ganamos el segundo Mundial y muchos se volcaron a la Plaza de Mayo para vivar a sus ídolos que saludaban desde los balcones de la Rosada?

Los que festejaban tenían múltiples ideologías, no solo de la UCR. El entonces presidente Raúl Alfonsín lo entendió así y por eso no quiso colarse en aquella foto. Aplausos.

En cambio, cuando ganamos la tercera copa, en 2022, la selección debió hacer importantes malabares para evitar la foto oficial que el gobierno de Alberto Fernández pretendía a toda costa. Cuando los jugadores llegaron al aeropuerto de Ezeiza quedó pagando Wado de Pedro, entonces ministro del Interior, al que le pasaron por al lado sin detenerse. Y prefirieron dar vueltas por la ciudad antes de ceder al capricho de Fernández que soñaba fotografiarse con ellos en la Casa de Gobierno.

Sin embargo, el encuentro alborozado del equipo triunfante con el pueblo igualmente se produjo: casi cinco millones de personas confluyeron en la avenida 9 de Julio para homenajearlos. Convocaba la celeste y blanca victoriosa sin intermediación de ningún político.

Con la repercusión masiva de la muerte del líder de Patricio Rey y sus redonditos de ricota, pasaron cosas políticamente contradictorias. La declarada filiación kirchnerista de Solari confundió al oficialismo que se sintió incómodo, sin saber bien qué decir y cómo proceder en cuanto se conoció la triste noticia. Se imponía decidir rápidamente en dónde iba a ser velado por la enorme devoción popular que esperaba ansiosa.

No se equivocó el Gobierno al descartar por temas de logística y de seguridad el Congreso y sus adyacencias, que fue el lugar en el que velaron a artistas populares de la talla de Mercedes Sosa, Sandro y Leonardo Favio, pero que habría quedado muy apretado para contener la monumental muestra de dolor popular hacia Solari. Como el Gobierno demoró en ofrecer la alternativa de Tecnópolis, la administración bonaerense salió a hacerse cargo de la situación. Después de mucho tiempo dejaron de lado sus peleas y hablaron Máximo Kirchner y Axel Kicillof. El instinto de ambos puso en marcha la maquinaria peronista que cuando conviene deja a un lado las diferencias (recordar la “teoría de la bolsa de gatos” con que Perón explicaba que los peronistas no se pelean, sino que se reproducen). La fila interminable de fans del Indio, en la geografía áspera del conurbano, fue suficiente para que Jorge Asís decretara que “el peronismo todavía funciona, conmueve, sorprende, moviliza y, por si fuera poco, emociona”.

¿No será mucho pensar que todos los ricoteros son peronistas? Los resultados de las dos últimas elecciones nacionales ponen en duda esa afirmación.

Pero el coctel libertario integrado por el silencio mezquino de su alta dirigencia, una carrada de irrespetuosidades en sus redes sociales y los comentarios discriminatorios del biógrafo del Presidente, Nicolás Márquez, terminaron por ser funcionales a su oposición más recalcitrante.

Le regalaron la calle al kirchnerismo, que se siente heredero exclusivo del Indio Solari. ¿Tomarán su revancha los libertarios si la Argentina gana este Mundial? Por de pronto, el presidente Milei acaba de postear una foto en la que aparece junto al ministro Caputo luciendo ambos la camiseta de la selección argentina.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/tienen-dueno-las-multitudes-festivas-y-dolientes-nid14062026/

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