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Tomás Lavanini y Ramiro Herrera, en modo café: cumplieron su sueño, abrieron su local en Vicente López y ya tienen 18 empleados

“Te hago una consulta... ¿el que está ahí atendiendo atrás de la cafetería es Tomás Lavanini de los Pumas?“. La pregunta se repite en el salón de ...

“Te hago una consulta... ¿el que está ahí atendiendo atrás de la cafetería es Tomás Lavanini de los Pumas?“. La pregunta se repite en el salón de FOMO, un café de especialidad que abrió hace casi un año en Vicente López, cerca del río, en la zona norte de Buenos Aires. Los mozos contestan que sí, pero los clientes dudan hasta de sí mismos al ver al segunda línea de 2,01m y 127kg detrás del mostrador transformado en un barista profesional. ”El día que cuelgue los botines me vas a encontrar acá, me gusta que la gente pruebe el café que yo le hago", revela Lavanini en una charla con LA NACION.

Para colgar los botines todavía falta. Tomás Lavanini volvió a jugar con los Pumas en agosto pasado frente a Sudáfrica tras dos años de ausencia, y tiene intacto el sueño de jugar su cuarto Mundial el próximo año en Australia. A su vez, después de seis temporadas en el rugby francés, pasó al Highlanders de Nueva Zelanda donde el DT le ofreció un contrato por una temporada más y aceptó. Es por eso que en unas semanas deberá armar otra vez la valija para volver a estar a 16 horas de diferencia de Buenos Aires, de su familia, de sus amigos... y de su propio café.

Justamente fue ahí, en FOMO, que recibió el llamado de Felipe Contepomi para su regreso a los Pumas. “Estaba en mi local, me llamó Felipe y me puse un poco nervioso. Obviamente que atendí. Me dijo que se había presentado una oportunidad y dije que sí, sin dudarlo”, relató Lavanini. Cuando se le pregunta más detalles sobre ese momento, apunta con el dedo hacia donde estaba parado en el instante que vio el llamado en su celular: “Estaba haciendo el café literal, dije ‘uy no’, y es más... el primer llamado no contesté porque estaba con la taza en la mano, después sí lo llamé”.

Tomás Lavanini con su camisa neocelandesa atendiendo su café

Es curioso y hasta casi parte del destino que el llamado lo haya recibido mientras estaba ahí. Fue ese café y ese espacio el que le permitió renovar sus energías. “Esos seis meses que me tomé para descansar me vinieron fenómeno”, asegura Lavanini a LA NACION. Cuando habla de esos seis meses se refiere al periodo entre agosto de 2025 a enero de 2026 donde no estuvo en Los Pumas y se dedicó de lleno a hacer realidad el sueño de su propio café.

Sin embargo, ese sueño empezó mucho antes. Desde siempre a Lavanini le gustó la gastronomía y cocinó bien. “Cuando se va de gira le pido por favor que me deje milanesas cocinadas porque sino no voy a sobrevivir. Siempre cocinó muy bien y siempre fue muy anfitrión”, acota Delfina, su mujer, con quien tiene dos hijos: Vicente, de 6 años, y Greta, de 3 años, quien nació seis días antes del Mundial que tuvo lugar en Francia en 2023, y donde los Pumas, con Lavanini en el plantel, terminaron en el cuarto lugar.

“La gastronomía y la cocina estuvieron desde siempre, pero cuando me fui afuera la cafetería era algo que no tenía inculcado y me encantó también. El fanatismo por el café me lo hice en el extranjero. En Leicester (Inglaterra) había una máquina de café, ahí no sabía nada de eso, y me empezó a gustar más”, detalla Lavanini. Era recién 2019 y se compró una cafetera chiquita que fue la primera semilla de todo lo que vino después.

Ya en Francia, donde pasó por Clermont y Lyon, empezó a pensar en abrir una cafetería con su mujer, pero era imposible: “Entrenaba todos los días, viajábamos, estaba Vicente que era chiquito, nos volvíamos para la Argentina por seis meses por los Pumas, era inviable y complicado, lo arrancamos al proyecto pero nunca lo concretamos”.

En 2024, cuando ya sabía que no seguiría en Francia, Lavanini le planteó a un amigo empezar el proyecto. Este le dijo que sí, buscaron locales, y cuando encontraron uno, ese amigo decidió no seguir. Ya en 2025, se planteó con su mujer si avanzaban solos o no, y con el panorama de que volvían a la Argentina, se le ocurrió decirle a Ramiro. Ramiro es Ramiro Herrera, “El Cumpa”, exjugador de los Pumas y actual integrante de Hindú, el club de donde ambos salieron.

Herrera dijo que sí y sumaron un tercer socio, Germán, amigo de Herrera de Comodoro Rivadavia, donde nació el jugador. Ahí, ya sí, en marzo de 2025, el sueño por primera vez empezó a tener forma, lugar y nombre.

Tomás Lavanini y Ramiro Herrera en plena construcción de FOMO Café

De la forma se encargó un amigo arquitecto; el lugar -que eran tres o cuatro locales completamente vacíos- lo siguió de cerca Tomás incluso cuando aún estaba en Francia y mandaba al papá de su mujer Delfina a pasar en moto por ahí para ver cómo era el movimiento de la zona; y el nombre... fue un poco más complejo: FOMO (fear of missing out por sus siglas en inglés), que hace alusión al miedo silencioso a quedarnos por fuera de lo importante, no fue del agrado del dueño de entrada.

“A mí FOMO no me cerraba. La mujer de Germán que tiene mucho conocimiento en marketing sintió que por ese lado el nombre podía pegar y en algún momento me empezó a gustar y ahora me encanta”, confiesa Lavanini. Delfina pide la palabra para hacer una aclaración similar: “Tenía miedo que pasara de moda, asociaba FOMO a otra cosa, pero ahora pienso en FOMO y ya es la identidad de este lugar”.

Entre marzo y octubre, estuvieron en obra y le fueron dando forma al proyecto hasta que en noviembre del año pasado estuvo listo para abrir. En el medio pasaron muchas cosas y hubo equivocaciones que terminaron en aprendizajes.

Por momentos, cuando Lavanini habla de ese proceso, responde como si hubiera terminado recién de jugar un partido y en lugar de un café, fuera el capitán del equipo: “Hicimos muchas pruebas de platos, fuimos encontrando los que más nos gustaban, más bien sencillos. Hoy ya trabajan 18 personas en FOMO y la verdad que ahora el grupo está bien predispuesto, se llevan bien entre sí, y eso es muy importante”.

Desde ese noviembre del año pasado a hoy, FOMO Café se ganó un lugar de renombre en la zona de Vicente López, cerca del río. Allí fue pionero donde ahora ya hay varios locales como Nicky’s Prime House, una Trattoria y Vermúdez Tapas. No solo es un café de especialidad que está abierto todos los días todo el día de 8 a 20, sino que también se luce con platos como el wrap de pollo, ensalada cesar y la milanesa de bife de chorizo con fideos.

Su espacio es amplio y tiene una terraza que es un lujo para la primavera que aún se hace desear en Buenos Aires. Con el calor del sol, no dan ganas de irse nunca. Incluso es un espacio amigable para ir con niños pequeños ya que pueden correr y jugar en un ambiente que se los permite (si no solo hay que preguntarle a los hijos de Lavanini que son los asistentes número uno de su papá cada fin de semana cuando van al café).

La familia es una parte muy importante para Lavanini. Cuando se le pregunta si el café es una excusa para volver pronto a vivir a la Argentina y por qué no retirarse en Hindú, sonríe y piensa muy detenidamente la respuesta. “Obviamente mi idea es volver a Hindú después del profesionalismo. No va a ser fácil adaptarme, pero siempre está en mi cabeza volver y si estoy bien físicamente jugar un añito o dos... Tengo a mi hijo Vicente que está más grande, va a tener 7 u 8 años, ya sabe y entiende, vamos muchas veces juntos a Hindú y en ese sentido está bueno también”, se anima a responder.

FOMO Café fue también la respuesta que Tomás encontró cuando se preguntó: “Y después del rugby... ¿qué hago?“. “Los seis meses que estuve el año pasado libre, estuve muy metido acá y no me sentía con un vacío, hasta que apareció Highlanders, y bueno...”. Lo que siguió después ya lo sabemos: un gran nivel en Nueva Zelanda lo llevó de vuelta a los Pumas y los Pumas lo puso de nuevo en el escenario más importante. Cuando queda menos de un año para el Mundial y con otra temporada en Highlanders por delante, FOMO igual ocupa un lugar central en su vida: “Desde lejos sigo el día a día pese a las horas de diferencia, me levanto y agarro el celular y hay una encargada que nos pasa toda la información y un reporte”.

Lo que es FOMO para él, es lo que quiere que sienta la gente cada vez que entra a ese espacio: energía renovada, familia, un cafecito especial, un plato de comida rica, y ganas de quedarse.

Algo bien estará haciendo junto a su socio y amigo Ramiro Herrera porque esta reportera que escribe solo tomó un cortado durante la entrevista y ya desea volver. Quizá hoy, jueves 1 de octubre, sea una buena excusa: es el Día del Café y sobran razones para celebrar.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/tomas-lavanini-y-ramiro-herrera-en-modo-cafe-cumplieron-su-sueno-abrieron-su-local-en-vicente-lopez-nid01102026/

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