Trigémino, la banda que cumple 50 años y que pudo jugar en las grandes ligas del rock
Hervidero es una palabra que ha caído en desuso o fue reemplazada por sinónimos. Pero sirve para describir esta situación: para mediados de la década del setenta, la zona Oeste del Gran Buenos ...
Hervidero es una palabra que ha caído en desuso o fue reemplazada por sinónimos. Pero sirve para describir esta situación: para mediados de la década del setenta, la zona Oeste del Gran Buenos Aires era un hervidero de música. Juan “Pollo” Raffo y Jorge Minissale todavía no habían terminado el colegio secundario cuando fundaron el grupo Trigémino. Típico de aquellos años, cada uno venía de distintas bandas, coincidieron en una y cuando pusieron sobre la mesa todo lo que realmente tenían en común, se encerraron a ensayar como Trigémino, proyecto de rock progresivo que en sus primeros años llevaron adelante con Claudia Puyó, Carlos Garófalo, Marco Pussineri y Eduardo Rovediello, entre otros que pasaron por sus filas durante un lustro.
Para fines de esa década, Raffo tomó otros rumbos como tecladista y sobre todo, como prolífico arreglador y orquestador, y Minissale puso en pausa al grupo en 1981 para alistarse en proyectos como Suéter y Los Twist. Solo aquellos que saben recordar con los oídos y que los vieron tocar en vivo tendrán un registro objetivo y, sobre todo, emotivo, de aquel grupo. Porque no dejó grabaciones de aquellos años. Sin embargo, tuvo revancha. A finales de la década pasada, los muchachos editaron Trampas para engañar, un disco de cuatro temas (aunque de muy larga duración) que fue una gran evocación a aquellos años en los que no habían dejado más rastro que el de la memoria de sus pares y notas en revistas especializadas en música.
En diciembre de 2025 lanzaron, siempre con la misma estética musical, el álbum conceptual Corre hacia tu vida, con ocho piezas vocales instrumentales-vocales inéditas, que, ya desde el título, vuelve a ser un guiño a aquellos años, pero contados desde hoy, con todo el bagaje de sus vidas. Cincuenta años pasaron desde que Jorge y Juan eran esos dos chiquilines de 17, por eso decidieron celebrar el aniversario de la fundación del grupo con un nuevo álbum y con el show que este viernes darán en La Carbonera (ya con entradas agotadas) junto a Cote Conrado, Lalo Calello, Fernando Samalea y con Marcos Pussineri como invitado.
Nadie quiso convertirse en lo que no es. Por eso el álbum suena a rock progresivo y busca puntos de contacto con el folk rock de los setenta. Y para responder a aquellos códigos, es conceptual. La música viene acompañada por un texto que la resume. “El álbum se estructura como una secuencia de canciones que responden a una idea precisa: contar el recorrido de una generación que atraviesa el cruce entre dos siglos desde este lado del mundo”.
Cada tema tiene su enfoque y su foco: la música como rito de pasaje adolescente (“Corre hacia tu vida”, tema que dio título al disco), el horror de la dictadura (“El cuarto gol”), la primavera democrática (“Cosecha”), las pérdidas (“Luz ausente”), los estallidos sociales (“Suma cero”), la desinformación mediática (“El mensajero del atardecer”), la tragedia del todos contra todos (“Tu pesadilla gira”) y la despedida en paz (“La espectral confesión”).
Volvamos al secundario y a esa localidad, Ramos Mejía, que era un hervidero. “Era una cuna. Cuando se habla de la zona Oeste, Ramos era un pequeño faro. Imaginate que hasta salía en las revistas de Isidoro Cañones- memora Minissale-. Todos iban a bailar a los boliches de la avenida Gaona. Y con Raffo convergimos en For Export, que era un mix de dos conjuntos del barrio. Hicimos un choque de personalidades y a partir de ahí quedamos ligados a esto. Cuando arrancamos con Trige estábamos en Quinto del colegio”.
-Era una banda de chicos de colegio que hubiera podido jugar en las grandes ligas del rock nacional...
Minissale: -Sí, éramos un grupo under. Y la música que hacíamos era la que se escuchaba en ese momento. Nos juntábamos con gente que podía tener pegada en su carpeta alguna foto que salía en las revistas Expreso Imaginario o Pelo. Para nosotros, King Crimson era algo bastante normal. Hacer música en 7 por 8 o 5 por 4 era normal. Y no te olvides que estábamos bajo un paraguas de incertidumbre, de censura. Lo que veníamos haciendo no solo era música, también era literatura y teatro.
Raffo: -Estuvimos juntos entre el 76 y el 80. Eran años hostiles. Por eso la sociabilidad se daba puertas adentro. El grupo de música era la excusa para juntarse. Trigémino para mi es como la linterna de Linterna Verde, el lugar donde voy a cargar anillo, todos los días, y me recuerda de dónde vengo, independientemente de que hoy estemos muy enfocados en la actualidad de este proyecto. En la contratapa del disco anterior, pusimos un texto que habla de lo que representaba. “Trigémino fue y es más que una banda de rock para nosotros. En ese nombre resuenan los nombres de un grupo de jóvenes con quienes compartimos vida en tiempos en los que la calle era hostil. Nos acompañamos, nos protegimos, crecimos juntos. A ellos está dedicado este álbum”.
-¿Qué creen que hubiera cambiado de haber podido dejar un disco grabado, o más de uno, en aquel tiempo?
Minissale: -No lo sé. Me parece que no estábamos preparados. Quizá, con un productor. Aunque no hubiera entendido nuestra locura. Lo nuestro fue el vivo. Éramos chicos e inexpertos, pero con una energía arrolladora. Éramos soñadores y anárquicos. Estábamos creciendo. Además, no éramos cuatro en el grupo. Era un colectivo de gente. Los sábados ensayábamos con público en la casa victoriana de Juan. A las 8 o 9 de la noche, había comida; los papás de Juan eran muy generosos. No se podía andar mucho en la calle, de noche. Y ahí también había gente que hacía plástica o teatro. Todo eso se llevaba al vivo. Es lo que nos tocó, no hay que ponerlo en un pedestal. Tuvimos la suerte de seguir en este trabajo. Porque para nosotros es un oficio.
-Quizá porque no grabaron en ese momento, hoy tengan este entusiasmo para celebrar que hace 50 años crearon Trigémino.
Raffo: -Es probable. Pero más allá del hiato, siempre nos vinculamos y sostuvimos nuestros proyectos solistas. Los discos de Jorge o los míos tiene ese mismo espíritu. No tiene solo que ver con Trigémino. Jamás renunciamos al lugar de donde venimos.
-Tampoco a la estética. Trigémino no se aggiornó a los signos de estos tiempos o al hecho de que no son los mismo que a los 16. Fueron a lo fundacional.
Raffo: -Esto lo digo como docente de universidades. Te sorprendería el desprejuicio de las últimas generaciones con respecto a la escucha de música. Las tres o cuatro personas más populares de esas generaciones tienen todo a su alcance y no tienen prejuicio ante su próxima influencia. En cuanto a lo que suena en el disco, logramos mantener el sonido Trigémino, que nos contiene y a la vez nos excede individualmente. No fue pensado. Y es uno de los grandes logros, para mantener la identidad de grupo y hacer una melange de cada uno.
Minissale: -El que escucha este tipo de música no la usa para divertirse. A lo mejor se sienta y le presta atención. Las canciones de este disco tenían dos o tres puntos de partida. Uno es que nadie tuviera un tema terminado porque así dejaba de ser algo hecho por el grupo. La segunda consigna fue sobre qué íbamos a hablar. Porque si somos una banda progresiva teníamos que hacer un disco conceptual. Y acá hay un alter ego, de cierta edad, que vive en los dos siglos, en la Argentina. Y aprendimos de las líricas de los grupos argentinos de los setenta. Porque tenían que moverse bajo el radar de la censura. Por eso, lo interesante es el viaje. Escuchar un disco era ponerse a volar. Antes un disco no te decía que lo blanco es blanco y lo negro es negro.
Raffo: -El lenguaje es acorde al tipo de música. Si la música tiene varias capas de escucha es consistente que los textos tengan varias capas de interpretación, si no estaría desbalanceado.
Para agendarTrigémino celebra los 50 años de su fundación y presenta su último álbum, Corre hacia tu vida. El viernes 7, a las 22. La Carbonera, Carlos Calvo 299.