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Una tierra, dos pueblos y una disputa interminable: la herida que sigue separando a Armenia y Azerbaiyán

EREVAN.- Artur Avagyan nunca se cansa de hablar de ...

EREVAN.- Artur Avagyan nunca se cansa de hablar de Nagorno Karabaj, una región que desde hace más de mil años y hasta 2023 fue un importante centro de la vida cultural armenia. Este hombre robusto y de mirada bondadosa recuerda con nostalgia sus frondosos valles y escarpadas montañas, su agua cristalina, los sabrosos frutos de sus árboles... Pero ahora su tierra y la de sus ancestros le está vetada: hace tres años, las tropas azeríes ejecutaron una limpieza étnica que el mundo ha decidido ignorar.

Nagorno Karabaj, también conocido como el Alto Karabaj, fue durante más de un siglo la manzana de la discordia entre las comunidades armenias y azeríes del Cáucaso. En la era de los grandes imperios medievales, ambas convivieron en una relativa armonía, pero esta se rompió cuando las naciones modernas quisieron trazar sus fronteras en los mapas.

Aunque todas las evidencias sugieren que en Nagorno Karabaj había una clara mayoría armenia, los líderes de la URSS decidieron en 1921 insertarla en la república soviética de Azerbaiyán y no en la de Armenia. No obstante, sí le otorgaron autonomía política, un oblast propio, en nomenclatura soviética. Durante el periodo comunista, las tensiones se mantuvieron contenidas pero estallaron tras la caída del muro de Berlín en una cruenta guerra que se saldó con más de 30.000 muertos y cientos de miles de refugiados por ambos bandos. Al final del conflicto, la victoria armenia se tradujo en la creación de la República de Artsaj, formalmente independiente, pero íntimamente ligada a Armenia.

En 2023, en la última de las diversas guerras entre ambos bandos, Azerbaiyán se hizo con el control del territorio y expulsó a todos sus habitantes, unas 120.000 personas que se convirtieron en refugiados. “Recuerdo muy bien el día que tuvimos que dejarlo todo atrás. Agarramos los coches, algunas pertenencias y nos dirigimos a la frontera. Allí nos tuvieron 42 horas esperando”, explica Avagyan. “Fue muy, muy doloroso”, tercia su esposa, mientras muestra un video en su celular de su huida en el que se pueden oír explosiones de fondo.

No obstante, no todos pudieron escapar. Una veintena de karabajíes, en su mayoría líderes políticos y militares, cumplen largas condenas de cárcel en Azerbaiyán.

Varios miles de refugiados se instalaron en Rusia, otros en Francia, pero la mayoría se quedaron en Armenia, como la familia de Artur.

“Un hecho del que estoy orgulloso como armenio es que no hemos tenido ni un solo campo de refugiados. Todo el mundo, de una forma u otra, ha logrado una vivienda”, explica el analista político armenio Eric Hacopian.

Al principio, el Estado armenio dio ayudas mensuales de unos 100 dólares a los refugiados, que con el paso del tiempo se fueron recortando. Actualmente, su valor es de 70 dólares, pero está limitada a jubilados y menores de 18 años. Esta cifra es modesta si tenemos en cuenta que el alquiler de un departamento de tres habitaciones en Erevan no baja de unos 600 dólares.

A pesar de que la causa de Nagorno Karabaj movilizó a la sociedad armenia, y es fácil encontrar retratos de soldados caídos en las paredes de la capital, las relaciones entre la comunidad de refugiados y el gobierno liderado por Nikol Pashinian no son buenas.

La mayoría de karabajíes echan en cara al primer ministro no haber hecho lo suficiente para sostener la República de Artsaj. Algunos incluso creen que pactó su caída con el enemigo. Durante la precampaña de las recientes elecciones legislativas en Armenia, celebradas el 7 de junio, Pashinian tuvo un agrio intercambio con una refugiada, y calificó a los karabajíes de “fugitivos”.

“Hay un 25% de armenios con una posición hostil hacia Nagorno Karabaj, pues consideran que fue muy costosa la intervención allí. Pashinian azuzó estas divisiones para lograr réditos electorales. Fue muy feo”, comenta Hacopian, que lamenta que el primer ministro haya renunciado a exigir cuentas al gobierno azerí ante la comunidad internacional por sus crímenes de guerra en aras de una esquiva paz con Azerbaiyán.

“Este es el único caso en un siglo de limpieza étnica en el que sus perpetradores no han sufrido ningún castigo”, añade.

La mayoría del legado cultural armenio en la región, incluidas varias iglesias centenarias, ha sido demolido por las autoridades azeríes.

“Mi casa no ha sido demolida. A veces, entro en Google Earth y miro cómo está. Parece que vive alguna familia azerí porque he visto ropa colgada”, explica Avagyan con una mueca triste.

El contexto de la guerra de 2023 ha provocado un cambio en el alineamiento geopolítico de Erevan, que se ha alejado de la órbita de Moscú, su aliado tradicional, para acercarse a la Unión Europea. Desde el inicio del conflicto armado, en 1992, Armenia había gozado del apoyo del Kremlin. No en vano, pertenece a la CSTO, la alianza militar diseñada por Moscú a imagen y semejanza de la OTAN.

Ahora bien, en la última conflagración, los soldados rusos presentes en la zona se pusieron de perfil y permitieron que las tropas azeríes se hicieran con la disputada provincia. En buena parte, su victoria se debió a que disponían de un armamento más moderno, especialmente una nutrida flota de drones.

“Antes de la guerra de 2023, Azerbaiyán nos impuso un asedio. Tan solo las tropas de interposición rusas podían entrar y traernos comida. Pero los precios que nos hacían pagar, incluso para productos como la leche en polvo para bebés, eran entre 10 y 20 veces más caros que en Erevan”, rememora con acritud Avagyan.

Si Moscú se desentendió de la suerte de los karabajíes, también lo ha hecho Bruselas, pues su prioridad pasa por mantener unas buenas relaciones con Bakú que no le priven de sus reservas de gas y petróleo.

Así las cosas, de momento, no se atisba un nuevo capítulo violento en el largo conflicto de Nagorno Karabaj. “La sociedad armenia está aún traumatizada por la última guerra. Se han de curar las heridas. Nadie está pensando en una nueva guerra. Seguro que no la habrá, al menos durante la próxima década”, augura Benyamin Pogoshian, un investigador del think tank armenio APRI.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/una-tierra-dos-pueblos-y-una-disputa-interminable-la-herida-que-sigue-separando-a-armenia-y-nid15082026/

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