7 restaurantes y boliches de campo para comer rico y escaparse cerca de la ciudad
1. La Mancha Cocina de FuegosCapitán SarmientoCarlos Más es médico pediatra, pero sobre todas las cosas, un apasionado de la cocina. Y esa pasión, latente al paralelo a la práctica de s...
1. La Mancha Cocina de Fuegos
Capitán Sarmiento
Carlos Más es médico pediatra, pero sobre todas las cosas, un apasionado de la cocina. Y esa pasión, latente al paralelo a la práctica de su profesión, fue el motor que lo llevó a cumplir su sueño: tener su propio restaurante.
Así nació La Mancha Cocina de Fuegos, un restaurante que parece construido con memoria. El espacio combina maderas recicladas, chapas oxidadas que alguna vez cubrieron un galpón de pollos, y una mesa central que fue torno panadero durante 70 años. Nada está puesto al azar: cada objeto trae consigo una historia, y esa trama invisible sostiene el clima del salón.
Desde afuera, La Mancha parece un galpón viejo. Pero al cruzar la puerta, todo cambia: el piso cruje con décadas de uso, las vigas muestran cicatrices, las tolvas se transformaron en lámparas. “Quería un lugar de contrastes —explica Carlos—. Que desde afuera no pareciera lo que es, y que al entrar, la sorpresa te haga querer quedarte”. Lo logró.
La cocina es abierta y visible desde cualquier rincón. El fuego es la herramienta principal: parrilla, horno y dos cocinas a leña que marcan el pulso. La carta combina tradición con giros inesperados: carnes de cocción lenta, pescados de río, verduras de estación. No busca extravagancias, sino honestidad. “No hace falta servir una empanada en un vaso para innovar”, dice con una sonrisa.
En el armado del menú contó con el asesoramiento de Emilio Sirera, y la impronta decisiva llegó con la apertura y el rodaje de la propuesta. El resultado es una cocina que emociona porque se cocina a la vista, se sirve sin apuro y se defiende en la sobremesa.
Alfredo Palacios s/n, Capitán Sarmiento. Abre viernes y sábados por la noche. IG:@lamanchacocina
2. CoronilloCity Bell (La Plata)
En un idílico entorno rural de City Bell, La Plata, Coronillo combina naturaleza y gastronomía con una propuesta única basada en vegetales y hongos. Este restaurante, que abrió en septiembre de 2023, ocupa un rancho estilo patagónico rodeado de una huerta agroecológica y un parque junto al arroyo Carnaval. El proyecto es liderado por un grupo de cocineros -Leonardo Gardelliano, Brenda Barreto, Carolina Castoldi y Franco Lichardi- quienes decidieron recuperar el legado de Juan Carlos Giorgieri, el visionario creador de la huerta y del Colegio Patris en los años 90.
Tras meses de abandono, la huerta fue reconstruida el año pasado con esfuerzo colectivo, respetando la filosofía agroecológica y el diseño original de Giorgieri. El equipo dedicó semanas a redescubrir el terreno, restaurar herramientas y revitalizar el suelo sin químicos, optando por métodos naturales como el compost. Con la huerta lista, ampliaron la cocina y equiparon el restaurante con objetos reciclados; la propuesta es farm to table: los ingredientes van directo de la tierra al plato, con prioridad a la estacionalidad y la rotación de cultivos.
La experiencia es más que culinaria. El menú está diseñado con lo cosechado cada semana, hay paseos guiados por la huerta, y la oportunidad de adquirir productos frescos y elaborados, como kimchi, bebidas fermentadas y miel. Los almuerzos se disfrutan en distintos espacios -desde el salón hasta el parque- en un ambiente que invita a reconectar con la naturaleza. Su carta plant based incluye platos como hongos rellenos con pistachos, ramen de hongos y melena de león a la plancha, donde cada preparación resalta el sabor genuino de los ingredientes.
Calle 146 y arroyo carnaval, City Bell. Abre los fines de semana, mejor reservar. IG: @coronillo.restaurante.
3.SilvanoTomás Jofré
Las calles de tierra rodeadas de árboles se transforman en este pueblo pequeño cada fin de semana con la apertura de los restaurantes. Al final de la calle principal se encuentra Silvano, con su enorme cartel donde yace la fecha de su fundación: 1 de agosto de 1924. La antigüedad del sitio está retratada por un antiguo surtidor de YPF que descansa en la entrada. Por ese entonces, el lugar funcionaba como almacén de ramos generales.
Hoy, sus pastas son un estandarte a la hora de comer. “Mi abuela siempre hizo los ravioles, y todavía seguimos utilizando su receta”, dice Domingo Eugenio “Minino” Silvano, tercera generación de una familia de inmigrantes italianos que llegó a principios del siglo XX y se instaló en campos mercedinos.
Un día en Silvano comienza a las 10 de la mañana. Se elaboran artesanalmente aproximadamente 1.800 ravioles por día. “Son raviolones y los armamos uno por uno; sólo tenemos una máquina que es la sobadora para estirar la masa. El resto, lo hacemos de manera manual”, apunta Minino.
Hay un menú fijo que incluye una tabla de fiambres y quesos de entrada (jamón crudo, salame quintero, queso y galleta de campo), pastas (tallarines o ravioles), postre y bebida. Las entradas, las pastas y la bebida van con derecho a repetición; el postre, sólo uno.
Los clásicos ravioles son de verdura y carne; pero preparan de ricota y nuez para los vegetarianos. La masa es fina pero firme; los rellenos, sustanciosos y muy sabrosos. Pasta bien al dente, como debe ser. El estofado de pollo es súper sabroso, perfecto para limpiar con un pancito cuando se llega al final. La pasta se puede pedir con salsa, o bien con manteca u oliva y queso. “La gente dice que tenemos los mejores ravioles del mundo, y lo dicen clientes que han viajado y han probado en otros lugares; ellos dicen que vuelven por los ravioles de Silvano porque no hay ninguno que los supere”.
De los postres sorprende el flan casero y el dulce de zapallo, que el mismo Minino elabora. “A Silvano vienen por los ravioles, pero también por el flan y el dulce de zapallo; es marca registrada. Mientras estemos nosotros, va a seguir existiendo por muchos años porque la gente vuelve pues tenemos un muy buen producto”.
810 y 807, Tomás Jofré. Abre los fines de semana y feriados. Conviene reservar mesa previamente, porque se llena. Whatsapp +54 9 2324 45 3130. IG: @silvano_tomasjofre
4. La PitucaRamón Biaus (Chivilcoy)
En el pintoresco pueblo de Ramón Biaus, Paula Ares y Ariel Canepa inauguraron este restaurante y almacén de campo que rinde homenaje a Gladis Barbato, madre de Ariel y figura entrañable del pueblo. Inspirado en su legado, el restaurante abrió sus puertas el 18 de mayo de 2024, coincidiendo con el cumpleaños número 50 de Paula. El espacio combina historia, identidad y una propuesta gastronómica que recupera la esencia de Casa Báez, el antiguo almacén de ramos generales del pueblo, cerrado por décadas.
El nombre del restaurante tiene un significado especial para Paula, quien fue apodada “Paulita la Pituca” por su abuela durante su infancia. Esta conexión personal y su admiración por Gladis Barbato, descrita como una mujer dedicada a su hogar, familia y a las flores de su jardín, fueron el motor de este proyecto. En homenaje, las flores que Gladis cultivaba aún decoran las mesas de La Pituca, uniendo pasado y presente en cada detalle del lugar.
Casa Báez, cuyo edificio original alberga hoy el restaurante, fue un punto de encuentro clave en la comunidad. Allí se reunían familias, trabajadores del campo y viajeros para compartir comida y hospitalidad en la cocina de los Báez. Paula rescata esa tradición de puertas abiertas en su propuesta gastronómica, que se complementa con un ambiente acogedor que conserva los muebles, pisos y aberturas originales, y un retrato de Gladis Barbato que da vida al salón.
Con sus sabores caseros, ambiente campestre y espíritu hospitalario, este restaurante se consolida como un lugar donde la tradición y la calidez son protagonistas.
Ramón Biaus, partido de Chivilcoy. T: (2346) 307878 / 1151132030. paulaares32@gmail.com. Sábados, domingos y feriados de 13 a 20 hs. Con reserva previa.
5. Almacén Díaz DugganDuggan
Félix Díaz de Elizalde y Rocío Cerrito se fueron de Buenos Aires buscando un cambio de vida y se encontraron una joyita: un almacén de ramos generales fundado hace 134 años en Duggan. Ahora, comparten este espacio lleno de historia con el público, donde ofrecen productos regionales y un ambiente cargado de nostalgia.
Desde hacía un tiempo, habían comenzado a recorrer pequeños pueblos y parajes bonaerenses. Cada vez que encontraban una pulpería, algún bolichito o almacén perdido, se metían sin dudarlo y luego lo compartían en sus redes sociales. Cuanto más metidos campo adentro, mejor. El boliche en cuestión había sido adaptado para funcionar como vivienda. De hecho, el salón del almacén es como si fuera el living. Y en concreto, es el último de este tipo en Duggan, completamente intacto. “Los techos son originales, los tirantes de pinotea, el piso, todo. Tiene un sótano, donde se guardaba el vino que se bajaba con barricas y se subía con bordalesas para despacharse arriba, en el mostrador. Era un almacén de ramos generales, con carpintería, herrería, correo, una pequeña estafeta postal”, enumera Félix.
De esta manera, el boliche se está transformando en un espacio dedicado a productos regionales de campo, todos artesanales, bajo el nombre de Almacén Díaz. Félix y Rocío reciben a los curiosos con historias y anécdotas, ofreciendo quesos, salames, huevos de campo, mieles y dulces caseros. Pero no se detienen ahí.
“Queremos ofrecer un almacén, algo para picar, un plato típico y buena bebida, alcanzable para todos”. Porque, en esencia, se trata de recuperar la humanidad y el tiempo compartido que hizo grandes -y perdurables- a estos viejos almacenes.
Pte Perón 735, Duggan (San Antonio de Areco). WhatsApp: (11) 5513-3183. IG: @almacendiazduggan
6. RogeliaEn 2014 abrió Rogelia, pero la idea inicial no había sido esa, sino hacer un local comercial para alquilar. En las mañanas en que Alba y Federico iban a remates a elegir las columnas que llegaban de la fábrica Siam, la puerta de vitraux, a ella -que había estudiado cocina en el IAG- le empezó a picar el bichito de abrir un restaurante. Imaginó la carta, los platos; lo que no imaginó fue el nombre porque siempre supo que se llamaría Rogelia, como su abuela, la asturiana de Sapinas.
“Fede hizo la construcción y proveyó todos los materiales: las cabriadas, las maderas y aberturas. También realizó la barra, las mesas y los muebles”. La elaboración de la primera carta estuvo en manos de la célebre cocinera Patricia Courtois.
Alba y Patricia son las dos de zona oeste, una de Ramos Mejía y la otra de Haedo. Patricia había hecho el catering de todos los eventos y festejos de la familia de Alba. Cuando llegó la idea de abrir Rogelia, Alba fue hasta el restaurante de La Alianza Francesa, donde cocinaba Patricia, y le pidió ayuda. Las dos estuvieron un año entero probando productos de la zona: chacinados, quesos, dulce de leche, diferentes carnes.
Hasta que Patricia dijo, “el plato de las abuelas es el buñuelo. Hagamos un buñuelo. Son esas cosas... fue como mágico. Después yo me hice catadora de buñuelos. Digo que soy buñuelier”.
Ruta 205 km 65, Cañuelas. T: 114 973 9300. IG: @rogeliarestaurante.
7. DaimoCapitán Sarmiento
Una de las últimas aperturas de Capitán Sarmiento. Daimo es un desprendimiento de la tienda de alimentos, Alacena, un almacén que ya lleva cinco años y que nació al calor de la pandemia de la mano de la vestuarista de teatro, María Emilia Tambutti, y de la nutricionista, Julia Sills. Ambas se propusieron ofrecer productos saludables y orgánicos, difíciles de conseguir en el circuito tradicional, y crear un espacio cuidado hasta en los detalles estéticos. En poco tiempo, Alacena se volvió referencia: un lugar donde la gente se reconectaba con la cocina de todos los días.
El proyecto fue creciendo, atravesó pruebas y aprendizajes —propuestas que funcionaron mejor de lo esperado, otras que no— y, con el tiempo, llegó la evolución natural: abrir una cafetería propia. Así apareció Daimo, cuyo nombre funciona como homenaje a Daimo Bojanich, un personaje clave del automovilismo nacional, nacido en Sarmiento.
El espíritu de la tienda sigue ahí, pero en clave café, con base en la producción propia de piezas sin gluten, con productos de estación, laminados, panes, y una lectura contemporánea de los antojos dulces. El espacio está bellamente decorado, es luminoso y amable: una prolongación de Alacena, pero con la experiencia más completa de sentarse a disfrutar.
La fórmula se sostiene en una doble mirada: el saber profesional y nutricional de Julia (cuyo aporte sigue presente aunque ya no forme parte del día a día) y la curiosidad estética inagotable de María Emilia, quien sigue sosteniendo su carrera como vestuarista (de hecho, es la diseñadora del vestuario de La Revista del Cervantes). Esa simbiosis es la que organiza la propuesta y le da coherencia a cada detalle.
Hoy, Alacena y Daimo son otro punto de encuentro en un pueblo que empieza a reconocerse en su propia gastronomía. Y para el visitante, Daimo funciona como el cierre perfecto de la ruta sarmientina: después del paseo y la mesa abundante, la pausa final es un café con identidad propia.
Av. Presidente Perón y Daimo Bojanich. Abre de lunes a sábados, de 9 a 20; domingos, de 10 a 13 y de 16 a 20.