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Conectar con lo que nos apasiona en un mundo desapasionado

Habitar el mundo actual implica navegar en una paradoja emocional: nunca hemos tenido tantas opciones y estímulos, pero rara vez hemos estado tan anestesiados. En su libro Plataforma (2001)...

Habitar el mundo actual implica navegar en una paradoja emocional: nunca hemos tenido tantas opciones y estímulos, pero rara vez hemos estado tan anestesiados.

En su libro Plataforma (2001), Michel Houellebecq pone en boca de su protagonista una frase que siempre me ha hecho reflexionar: “Mi vida era una forma vacía, y mejor que lo siguiera siendo. Si dejaba que la pasión entrara en mi cuerpo, el dolor la seguiría de inmediato”. Es que como viene denunciando Byung-Chul Han, la sociedad del rendimiento está convirtiéndose paulatinamente, en una sociedad del dopaje, un mundo de la imagen, del “como si”, de la pose, capaz de ocultar muchos de nuestros dolores. Donde tantas opciones, en lugar de hacernos más libres, nos abruman y congelan.

Varios pensadores y filósofos describen nuestra época como desapasionada. Un mundo oscuro, triste y apático, en el que a muchas personas les cuesta encontrar motivación y entusiasmo. Lo definen como un mundo de contradicciones —¿cuándo no lo ha sido?—, de divisiones y brechas, de desencuentros y violencia, de falta de esperanza.

En este contexto, mantenerse en contacto con nuestra fuerza, nuestras capacidades y nuestro potencial, se torna cada vez más difícil.

Y la pasión se convierte, bajo el imperativo del “tú puedes” en una exigencia más, porque cuando se vuelve un mandato, deja de ser el fuego sagrado que nos mueve y se convierte en una cosa más de la lista para la perfección social.

Si bien no niego la veracidad de ese diagnóstico, también dependerá de dónde se ponga el foco. Por ejemplo, cuando se habla de los jóvenes, se recalca mucho su apatía y falta de vocación. Sin embargo, yo prefiero mirar a los miles y millones de jóvenes que tienen pasiones que, aunque aún no puedan representar o expresar, sí los movilizan.

El tema me interesa muchísimo por eso escribí ¿Qué te apasiona?: Al encuentro de tu pasión, con la idea de ayudar a entenderlo mejor y contribuir a que todos, más allá de nuestra edad o nuestra profesión, podamos enfocarnos en lo realmente esencial.

Dado que la palabra “pasión” es tan amplia y nos moviliza tanto, lo primero que importa decir es que no busco con este texto proponer una visión simplista de la pasión, del tipo “la tienes o no la tienes”. Lo que ofrezco es un mapa, una guía para intentar conectar con ella y recuperarla.

Descubrir lo que nos apasiona puede ser un camino muy directo y llano para algunos, pero sinuoso y con vueltas para otros. Y eso no está mal. De lo que se trata es de poder saborear ambos procesos. Hablar de la pasión implica para mí, hablar del propósito y el sentido profundo de la vida, que deberían ser el norte en nuestra búsqueda.

Tampoco propongo que el proceso esté exento de dolores, frustraciones y miedo. De hecho, está plagado de esas emociones. Es que conectar con lo que nos apasiona implica conectar con nuestra vulnerabilidad, cómo única forma posible de reconectar con todo nuestro universo emocional al completo, para evitar el desapasionamiento del que Houellebecq hablaba al inicio de este texto. Por eso a veces nos cuesta, porque implica también enfrentar el sufrimiento, el error y el fracaso.

La palabra “pasión” ha recorrido un largo camino de significado a través de los siglos y transitar ese recorrido desde el punto de vista semiológico, posiblemente nos ayude a comprender su complejidad. Porque, además, no podemos reconocer o conectar con algo que desconocemos o que no sabemos qué es.

Originariamente, viene del latín passio y este del verbo pati, patior y del griego páthos, que significa padecer, sufrir, tolerar y ambas ascendencias referían específicamente al sufrimiento físico. Durante la época medieval y de la mano del cristianismo, se empezó a asociar más estrechamente con el sufrimiento de Cristo durante la crucifixión, conocida como “la Pasión de Cristo”. En su origen indica lo contrario a la acción, es decir, es un estado pasivo, del que padece y no puede hacer nada frente a ese sufrimiento. El verbo patior es el origen de un gran número de palabras del castellano, tales como pasivo, paciente, impaciente, paciencia o padecer.

Me gusta pensar que las palabras tienen vida propia. Y esa vida propia se la vamos dando nosotros, al comenzar usos sutilmente diferentes, al reversionarlas y transformarlas culturalmente. Y la palabra pasión es un gran ejemplo de esto. Ivonne Bordelois, una referente en el ámbito de la etimología, describe en su libro Etimología de las pasiones la metamorfosis de esta palabra a lo largo de los siglos, remitiendo a su origen en la raíz indoeuropea, un lenguaje hipotético, del que no quedan registros escritos, pero del que hay evidencia en las raíces de muchas lenguas de Europa y Asia y que ha sido avalado por numerosos estudiosos del lenguaje. La raíz *eis se adscribe a términos relacionados con la pasión y siguiendo estas fuentes, podemos entender que de ella derivan, entre otras, la palabra pasión, que, en sus diversas ramificaciones remitía a “lo viviente y fuerte, lo dinámico y veloz, una fuerza que deriva de los dioses y que por lo tanto es sagrada”, lo “divino del metal” y “esa intensidad del movimiento que resplandece y deslumbra en la rapidez…”. Cómo dice la autora, este “parece ser uno de los primeros indicios indiscutibles de la presencia de la pasión, su sello inconfundible y necesario”.

En la actualidad, reforzado por la cultura y tal vez apelando al rescate vital y a la reapropiación por parte de la modernidad del sentido original del “-eis” indoeuropeo, el término pasión fue ampliando su significado para definir emociones intensas y sentimientos profundos de dedicación hacia algo, ya sea una causa, una actividad o una persona. Se comenzó a utilizar para describir fervor, entusiasmo y compromiso apasionado por algo que despierta un interés profundo.

Conectar, reconectar o descubrir lo que nos apasiona, nos mueve, nos inspira o moviliza requiere, en una época como la descripta, de una poderosa conexión con uno mismo —con todo lo que ello implica—, de un fuerte intento por impactar positivamente en otros, por eso requiere también de generar vínculos profundos con los demás y con la comunidad de la que formamos parte, de una entrega voluntaria, de autenticidad y de disciplina. Porque como se ha dicho, no será un recorrido sencillo. Pero sí puedo asegurar que valdrá la pena y que durante el proceso aprenderemos mucho sobre nuestra interioridad, nuestros recursos personales, nuestras redes y vínculos y nuestros valores profundos, y, en definitiva, descubriremos lo que realmente tiene sentido para nosotros.

Y cómo todo viaje, será como el viaje a Ítaca: “Pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias”.

Y que al final, apalancados en la esperanza, salgamos de este proceso transformados positivamente y con el alma más amplia, en este mundo tan complejo que nos tocó vivir.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/ideas/conectar-con-lo-que-nos-apasiona-en-un-mundo-desapasionado-nid09052026/

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