El bufón 2: un intento de reivindicación desesperado que cae en todas las trampas del slasher más rancio
El bufón 2 (The Jester 2, Estados Unidos/2025). Dirección: Colin Krawchuk. Guion: Colin Krawchuk. Fotografía: Kevin Duggin. Edición: Colin Krawchuk. Elenco: Jessica Ambuehl, Kaitlyn Trentham, D...
El bufón 2 (The Jester 2, Estados Unidos/2025). Dirección: Colin Krawchuk. Guion: Colin Krawchuk. Fotografía: Kevin Duggin. Edición: Colin Krawchuk. Elenco: Jessica Ambuehl, Kaitlyn Trentham, Dingani Beza, Michael Sheffield, Haydn Adams, Elizabeth Petruso,Tommy Pepper. Duración: 87 minutos. Calificación: Restringida para menores de 17 años. Distribuidora: BF Paris. Nuestra calificación: regular.
Antes de ir al análisis de la película, es necesario quebrar una lanza por el personaje del título, en su regreso a la pantalla. El bufón nació a la sombra de Art, el payaso (serial killer de la saga Terrifier). De características bastante parecidas, ambos asesinos enmascarados tuvieron su génesis en cortometrajes independientes que se volvieron virales. Pero Art fue el primero en acceder al largometraje y, como consecuencia, a un éxito que hacía rato que no se veía en este tipo de propuestas. Esto obró a favor del clown, dejando a su primo no reconocido, oculto bajo su sombra. Y eso que la primera entrega de El bufón (disponible en Prime Video) es en muchos aspectos mejor que la primera Terrifier.
La necesidad de visibilidad que el director y guionista Colin Krawchuk busca para revertir la baja popularidad de su criatura lo lleva a cometer, en esta película, una serie de pasos en falso que dan por tierra con cualquier interés de construir una mitología alrededor de él, cayendo en todas las trampas del slasher más tradicional y rancio. Poco quedó del humor incorrecto y sangriento que tenía el personaje en su debut de 2023; ahora es uno más en la galería de enmascarados psicópatas sobrenaturales, uno que encima llega al género demasiado tarde.
2 stars
El punto de partida es mínimo. Es otra noche más de Halloween y la adolescente Max (Kaitlyn Trentham, un tanto grandecita para el papel de quinceañera que le tocó), deambula, depresiva y sin rumbo, disfrazada de maga. En un bar se cruza con El bufón, a quien confunde con otro disfrazado nocturno, tan aburrido y solitario como ella. Max decide hacerle un truco de cartas al espectro (para los que no conocen el background, el bufón también es del gremio de los prestidigitadores), y tan bien le sale la prueba, que la maldición que arrastra el protagonista pasa a ella, lo que la vuelve una virtual cómplice de los asesinatos que vendrán.
Sobre esta endeble premisa, la película trabaja dos ejes que no siempre funcionan bien en conjunto. Por un lado, reinventa la historia del personaje para darle un motivo sobrenatural a sus acciones (sí, como también pasaba en Terrifier). Para ello apela a una innecesariamente compleja explicación que conecta con el pasado del serial killer y explicaría por qué hace lo que hace; la verdad es que no se entiende mucho, pero al menos se nota la intención. ¿Es bueno eso? Por supuesto que no: una de las características que resultaba más inquietante de la criatura era la cualidad inexplicable de su existencia y de sus actos. Elementos que se han diluido, a la par de un macabro sentido del humor, muy acorde a este tipo de relatos.
El otro eje que se potencia en esta segunda parte es la necesidad de sorpresa y crímenes creativos y sangrientos que, se supone, los fans adolescentes del género esperan. Si la película anterior se detenía en una historia que sirviera de marco de referencia a las muertes, acá todo se resume a una sucesión de persecuciones y reguero de sangre, teniendo como víctimas a personajes secundarios ignotos. Se dirá que es un slasher, subgénero en el que la gracia es matar mucho y creativamente. Es verdad, pero también hay que resaltar que esto ya no sorprende a nadie y, para interesar, necesita más que una vuelta de tuerca. Sea por el humor, o por la enumeración de vísceras volando. Algo que esta película ofrece en cuentagotas.
El bufón 2 mejora algunos aspectos de su predecesora y empeora otros. Sin embargo, como ícono de terror contemporáneo, el personaje todavía tiene potencial. De continuar en pantalla, queda esperar que se anime a construirse a sí mismo sin mirar para el costado ni depender de fórmulas del pasado, que ya se hicieron mucho, y mejor.