¿Quiénes están detrás de la violencia? La pregunta que desvela a Francia en medio de las protestas estudiantiles
PARÍS.– Tras la gran manifestación del martes, la fiebre en los liceos franceses parece haber bajado un poco en las últimas horas. Pero, en vísperas de una nueva ...
PARÍS.– Tras la gran manifestación del martes, la fiebre en los liceos franceses parece haber bajado un poco en las últimas horas. Pero, en vísperas de una nueva jornada de movilización este jueves, una pregunta obsesiona a Francia: ¿quién se esconde bajo los pasamontañas?
Este miércoles, el gobierno suspendió el uso de ciertas granadas y abrió centros al diálogo, al tiempo que señalaba a la ultraguerilla y a La Francia Insumisa (LFI) de Jean-Luc Melenchon como principales agitadores.
Tras una jornada intensa, la tensión disminuyó en las calles de Francia. Por la mañana de este miércoles, 528 institutos mantenían las clases suspendidas, ya fuera de forma total o parcial, lo que supone un 40 % menos que el día anterior, según el ministerio de Educación Nacional.
Cerca del 86% de los liceos funcionaban con normalidad. En París, las puertas de los institutos Hélène-Boucher y Voltaire permanecían sin embargo cercadas por las barricadas.
Los disturbios se concentraron sobre todo en la calle Saint-Guillaume, en el corazón del Barrio Latino. Alrededor del mediodía, estudiantes bloquearon la prestigiosa institución de Sciences Po París y levantaron barricadas con contenedores de basura en el bulevar Saint-Germain. El gas lacrimógeno invadió una de las avenidas más elegantes de la capital, entre librerías y cafés literarios. En Toulouse, un agente de la policía motorizada sufrió una fuerte caída durante las concentraciones.
El martes, el “tercer acto” de las protestas reunió a unos 256.000 manifestantes, según la policía, y 450.000, según los organizadores. La jornada dejó un saldo de 488 detenciones y 43 policías y gendarmes heridos. Desde el inicio del movimiento, la cifra asciende a 6629 detenciones, 761 agentes de las fuerzas del orden heridos, 215 alumnos heridos y 89 empleados de la Educación Nacional heridos. Veinticuatro liceos fueron incendiados o vandalizados, privando a 30.000 alumnos de clases durante varias semanas.
InfiltradosCapucha que cubre la cara, pañuelo sobre la nariz y petardos en lugar de mochilas: ese es el retrato que hacen directores de institutos y policías. Desde hace dos semanas, los “infiltrados” se han convertido en la pesadilla y el eje central del relato oficial sobre la crisis en los liceos.
Los testimonios se multiplican a la entrada de los mismos. En Bastia, la directora del instituto Giocante de Casabianca, Anne Malka, relata que “individuos jóvenes encapuchados y ajenos al centro” acudieron a provocar incendios ante sus puertas. Fueron sus propios alumnos, movilizados pacíficamente, quienes los repelieron.
“Hay grupos extremadamente organizados”, afirmó Carole Zerbib, directora de un colegio incendiado. Varios docentes confesaron al ministro de Educación, Édouard Geffray, que los jóvenes que se enfrentaban a ellos “no eran sus alumnos”.
Los servicios del Estado van más allá. Una nota de inteligencia de la prefectura de policía de París, revelada por el diario conservador Le Figaro, afirma que los estudiantes están “claramente incitados a estas acciones por elementos de la ultraguerilla”.
La nota señala la presencia de personas ajenas a los liceos implicados y cita varias organizaciones, incluidos grupos de extrema izquierda como Poing Levé (Puño alzado) y Révolution Permanente.
El martes, la prefectura declaró haber detectado unos 300 individuos “hostiles” en la marcha de París. Ante los diputados, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, afirmó que la violencia iba dirigida deliberadamente contra las instituciones del Estado y el personal educativo.
Por su parte, el ministro de Justicia, Gérald Darmanin, duda que esta “minoría activa y violenta” esté compuesta por estudiantes.
Hay, sin embargo, una cifra que preocupa a los franceses en esa imagen. Según el ministerio de Justicia, el 87% de las aproximadamente 6500 personas detenidas desde el inicio del movimiento son menores de edad. Por tanto, los “infiltrados” también serían, con frecuencia, adolescentes. Hasta la fecha, ninguna investigación ha confirmado públicamente cuántos de esos menores procedían de otros colegios, barrios o grupos organizados.
CambiosEn todo caso, este miércoles hubo una primera decisión gubernamental: por pedido del presidente Emmanuel Macron, el ministro del Interior suspendió el uso de granadas ensordecedoras contra los estudiantes. Lo anunció esta mañana en una entrevista por radio, dos días después del dramático incidente en Lens, donde un alumno de 15 años perdió la mano.
“Existe una fuerte posibilidad de que se tratara de una granada ensordecedora”, reconoció Nuñez. La suspensión se mantendrá “hasta que se esclarezcan los hechos”. La IGPN —la policía de la policía—, lleva a cabo actualmente 18 investigaciones.
Segunda decisión: la escuela se convierte en ágora. El miércoles, jueves y viernes, cada colegio dedicará media jornada a “tiempos estudiantiles” destinados al diálogo entre alumnos, profesores y la dirección.
Ante los diputados, los dos ministros implicados defendieron una línea de firmeza. Édouard Geffray denunció que las reivindicaciones han sido “secuestradas por una violencia inaudita”: “85 empleados (de la Educación Nacional) resultaron heridos en ocho días. Esto no tiene precedentes”, dijo.
Laurent Nuñez describió un movimiento “bastante inédito” que “derivó rápidamente en actos de violencia grave”. El titular de la cartera de Interior rechazó además cualquier acusación de represión: “No hay intervenciones de las fuerzas de seguridad contra estudiantes que manifiestan pacíficamente”, dijo, agregando que la estrategia respetada por las fuerzas del orden es la “proporcionalidad”.
Sin embargo, la justicia propinó un revés al Estado. Al final de la tarde, el tribunal administrativo de Toulouse suspendió la prohibición de manifestaciones en los alrededores de 45 liceos de Haute-Garonne, al considerar que la medida no era “ni adecuada ni proporcionada”.
La Francia Insumisa, en la miraEn este relato de infiltrados, un nombre aparece constantemente: La Francia Insumisa. El informe de la inteligencia parisina cita al partido entre las fuerzas que “instrumentalizan” el movimiento.
El palacio del Elíseo ve en ello una “maniobra organizada por ese partido de extrema izquierda y sus representantes de la ultraguerilla”, mientras que el gobierno acusa a los Insumisos de querer “sembrar el caos” en el país antes de las presidenciales.
Desde el sector de la derecha dura de Los Republicanos, como Éric Ciotti o el ex ministro del Interior, Bruno Ratailleau, denuncian un movimiento “manipulado por LFI, por vándalos y por movimientos islamistas”.
Por su parte, el apoyo de los Insumisos a los estudiantes es público. Sus líderes, Mathilde Panot, Antoine Léaument o Louis Boyard se han dejado ver frente a los colegios bloqueados. El alcalde de Saint-Denis, perteneciente a LFI, Bally Bagayoko, calificó inicialmente ciertos actos de violencia como “legítimos”, antes de pedir una desescalada. Laurent Nuñez aclaró el miércoles que no se había iniciado ningún proceso de destitución en su contra.
Bally Bagayoko es objeto de una denuncia judicial desde la semana pasada, presentada por el prefecto de policía de París, Patrice Faure, por “presuntos hechos de incitación a cometer un delito”. Al mostrar su apoyo a los estudiantes de secundaria movilizados, el alcalde de Saint-Denis había declarado que “la violencia, en algún momento, puede ser legítima”, para añadir después: “Pero siempre es mejor evitarla cuando sea posible”. Eric Ciotti y otros líderes de derecha le reprochan, concretamente, su postura, teniendo en cuenta que un alcalde ostenta la condición de oficial de policía judicial.
Un alcalde francés fue gaseado en las protestasLFI rechaza cualquier responsabilidad en los actos de violencia. Su coordinador, Manuel Bompard, acusa al gobierno de “caer en el conspiracionismo” y de infantilizar a una juventud capaz de movilizarse por sí misma.
El partido recuerda que la indignación nace de quejas muy reales: aulas con 35 alumnos, profesores ausentes no sustituidos, edificios en mal estado y la ansiedad que genera Parcoursup, la plataforma destinada a obtener las vacantes universitarias una vez concluida la secundaria.
En un intento por apaciguar la tormenta, Sébastien Lecornu habló este miércoles por la noche al país desde Matignon, sede del gobierno, durante una quincena de minutos. El primer ministro reconoció que “la ira de los jóvenes no viene de la nada”.
“Les hemos pedido esfuerzos considerables. Pero también les solicitamos que miren el futuro con confianza”, dijo.
Respondiendo a las acusaciones de exagerada violencia policial, el primer ministro afirmó que “las fuerzas del orden no tienen instrucciones de enfrentarse a los estudiantes. Deben actuar en forma proporcionada y en situaciones con frecuencia muy difíciles”, agregó.
Por fin, anunció que la consulta nacional lanzada por el gobierno, titulada “Estudiantes: ustedes tienen la palabra” recogió 40.000 colaboraciones en 24 horas y que “las primeras decisiones del gobierno sobre los liceos serán presentadas a fines de octubre”.
¿Bastará esa promesa y esa apertura de diálogo para calmar la agitación? Francia tendrá la respuesta este jueves, durante la nueva jornada de movilización lanzada por los sindicatos de estudiantes secundarios.