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Rafael Grossi explicó por qué es el mejor candidato para la ONU y advirtió que Irán tiene material “para más de diez armas nucleares”

NUEVA YORK.– El diplomático argentino Rafael Grossi entró definitivamente en la recta final de la puja por ser el nuevo secretario general de las Naciones Unidas, en momentos en que, según el ...

NUEVA YORK.– El diplomático argentino Rafael Grossi entró definitivamente en la recta final de la puja por ser el nuevo secretario general de las Naciones Unidas, en momentos en que, según el propio director del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), la organización multilateral “está bastante desacreditada, si no sencillamente ignorada” en un mundo cada vez más turbulento.

“Se necesita un cambio de dirección importante, con un liderazgo mucho más proactivo“, señaló Grossi en una extensa entrevista con LA NACION y Clarín en Nueva York, minutos después de haber defendido el martes en una audiencia –con duras críticas al funcionamiento de la ONU– su postulación para suceder al portugués António Guterres a partir de 2027.

Mientras transcurría su presentación de tres horas, en la que respondió 49 preguntas de diplomáticos y miembros de la sociedad civil, el presidente Donald Trump anunció una extensión de la tregua con Irán, conflicto que tiene al OIEA implicado por su rol como supervisor del programa nuclear del régimen.

Grossi reveló que actualmente mantiene “contactos informales con ambas partes”, y advirtió del “peligro de proliferación” por los 440 kilos de uranio enriquecido al 60% que conserva el régimen. “En un par de semanas se puede llevar al 90% de enriquecimiento. Dicho eso, ¿implica que Irán tiene la bomba nuclear? No. Pero implica que tiene un elemento importantísimo para un arma nuclear. Para varias, para más de diez“, afirmó.

En la entrevista, en un amplio salón de la sede de la ONU en Midtown Manhattan con vista al río Este y a Queens, Grossi se mostró confiado en que podrá lograr el apoyo a su candidatura de los miembros del Consejo de Seguridad –vital en el proceso de elección– y explicó cómo ejercería el liderazgo de un organismo que, de no cambiar, va camino a “una lenta agonía”.

"Lo que a mí en el fondo me inspiró a hacer esto es que a mí me conocen", señaló Grossi, que resaltó el buen vínculo que mantiene con los cinco miembros del Consejo con poder de veto (Estados Unidos, China, Rusia, Francia y el Reino Unido). También se mostró agradecido por el respaldo del presidente Javier Milei a su candidatura más allá de que “él es escéptico de las Naciones Unidas”.

–¿Por qué considera que esta es una de las elecciones más críticas en la historia de las Naciones Unidas?

–Otras elecciones han sido importantes, pero en este momento histórico hay dos cosas que convergen muy claramente. Es la situación mundial, el retorno de la guerra en todos los continentes, con todas las concomitancias casi inmediatas que ello trae. En el caso de la guerra entre Estados Unidos e Irán, con un efecto inmediato a raíz del cierre del Estrecho de Ormuz sobre el precio del petróleo, los commodities y los fertilizantes, que lo estamos sufriendo en todo el mundo. Estos son, como decía el Evangelio, los signos de los tiempos. Y esto además pasa en un momento en el que las Naciones Unidas están bastante desacreditadas, y si no desacreditadas, sencillamente ignoradas. En los análisis de los conflictos la gente casi ni pregunta dónde está la ONU, porque no se la ve. Si nos fijamos en las negociaciones en este momento con Irán y en otros conflictos, como Rusia y Ucrania, no tiene un papel. Entonces, cuando vemos estas dos cosas convergentes, creo que es un momento de cambiar. Obviamente las instituciones internacionales no son muy adeptas a las revoluciones, pero sí se necesita un cambio de dirección importante, con un liderazgo mucho más proactivo, mucho más presente que hasta ahora.

–Usted lo definió con palabras duras en su discurso, hizo referencia a cinismo, tristeza y frustración.

–Todo eso, porque es la realidad que tenemos que enfrentar. Y lo dije porque en el fondo eran todos colegas, embajadores, representantes permanentes, que tenemos que asumir esa realidad, entender que esto es así. Probablemente la ONU como tal no desaparecerá, pero seguirá navegando lentamente hacia un mar de irrelevancia total, donde ya estamos viendo señales muy claras. Realmente la institución está en una crisis de liquidez como nunca anteriormente. Si el principal país contribuyente, que es Estados Unidos, comienza a cerrar el grifo y a pagar a cuentagotas para que apenas se puedan pagar los salarios y poco más, entonces, perfectamente, puede ser no una muerte súbita, pero será una lenta agonía, me voy como quien se desangra. Nos iremos yendo hacia el olvido de lo que puede ser la ONU. Sin embargo, ¿cuál es el lado bueno? Es que, aunque parezca un lugar común, crisis es oportunidad. Mucha gente dice “podemos barajar y dar de nuevo”. Pero eso requiere un liderazgo.

–¿Y cómo ejercer ese liderazgo cuando la principal potencia del mundo, que es la que más aporta, tiene un presidente como Donald Trump que descree del multilateralismo?

–Dos cosas. La primera es que el propio Trump dice que la ONU tiene un gran potencial. Como decían los filósofos clásicos, no está en acto, está en potencia. Y lo segundo, y es lo que a mí en el fondo me inspiró a hacer esto, es que a mí me conocen. Tengo una muy buena relación no solo con la administración norteamericana, sino en Pekín, en Moscú, en Londres, en París. Por supuesto nadie acá es el mejor del mundo. Se trata de ser un actor profesional apto para el momento que se vive. Entonces baso mi expectativa positiva en poder ser una persona que puede hablar en Washington, decir lo que pienso que hay que hacer, escuchar y tratar de actuar. En este momento, lo digo con todo respeto, eso no existe.

–¿No cree que pueda quedar vinculado al discurso de Trump?

–No. Mi diagnóstico es independiente, autónomo, tiene que ver con mi propia experiencia de lo que se puede hacer. Nosotros en el OIEA actuamos en lugares donde la ONU debería estar actuando y no lo hace porque está faltando esa capacidad de interlocución. No quiero ser crítico de nadie, por lo tanto no voy a entrar mucho en ese terreno, pero creo que eso es lo que está faltando.

–Hizo mención a Estados Unidos, China, Rusia, Francia y el Reino Unido, los miembros del Consejo de Seguridad con poder de veto. ¿Tiene indicios de que todos respaldarán su candidatura? Y en ese sentido, ¿la disputa entre la Argentina y el Reino Unido por las Malvinas podría convertirse en un obstáculo?

–No, en absoluto. Primero porque trabajo con Reino Unido hace muchísimos años, en temas muy sensibles, y siempre he tenido con Londres una relación muy buena y muy profesional. Decir si me apoyarán o no es aventurado, no solo en Londres, me refiero en general. Necesito el apoyo de todos y creo que lo voy a tener, pero esa es mi aspiración.

–Pero hay buenas señales de las potencias, ¿no? El vocero del del Kremlin dijo que tiene una visión positiva de usted.

–Hay buenas señales. Ellos también son muy prudentes. Los cinco miembros permanentes tienen el poder de veto y en el fondo esto aquí no cae muy bien, porque la Asamblea General querría tener un rol más protagónico. Están esas señales, pero yo las trato con enorme prudencia y con mucha modestia. Porque hay un tema que es importante marcar: hoy sigo a cargo del OIEA. Muchos decían que es una ventaja. Al contrario. Estoy enfrentado con decisiones serias casi cotidianamente. Decisiones que potencialmente podrían irritar a unos o a otros. Entonces, eso hace que tenga que tratar ese tipo de señales con enorme prudencia.

–Hay muchos sectores que reclaman que es hora de que la ONU sea conducida por una mujer. ¿Cree que eso puede perjudicar su candidatura?

–Creo que ese es un tema que ha ido perdiendo prioridad. No es que el tema de la igualdad de género no sea importante. No me malentiendan. A lo que voy es que hay un convencimiento de que no es un momento para actos simbólicos. De lo que se trata es de elegir la mejor persona, hombre o mujer. ¿Quién es la mejor persona para ejercer el cargo en este momento frente al mundo que tenemos?

–¿Cuánto sirvió que su candidatura fuera presentada por el Gobierno y el apoyo de Javier Milei?

–Para mí es un orgullo. Yo soy argentino. No entiendo una persona que se presente bajo la bandera de otro país. No lo entiendo.

–¿Como la candidatura de Michelle Bachelet?

–Yo no critico a nadie, pero no lo entiendo. No juzgo a nadie, pero yo soy, en uso de licencia, un miembro permanente, y muy orgulloso, del servicio exterior de la Argentina. ¿Cómo me voy a ir a buscar una bandera? Al contrario, soy un agradecido. Y le agradezco al Presidente que me haya presentado porque, como ustedes saben, él es escéptico de las Naciones Unidas. Y he tenido conversaciones muy profundas con él sobre la ONU, por qué yo quería ser candidato. A él le gustan las discusiones conceptuales. Traté de explicarle que justamente tiene esta naturaleza el organismo, que tiene que cambiar y que es posible cambiarlo.

–Y si usted fuese elegido, ¿cree que Milei cambiaría su visión sobre las Naciones Unidas?

–No es mi objetivo cambiarle la visión. Pero él es una persona sensible. Yo fui con él a la Antártida con una misión del OIEA, y le interesó mucho lo que estábamos haciendo científica y tecnológicamente. Se puede tener un muy buen diálogo. Confío, y saco el tema de Milei, que con una buena gestión en las Naciones Unidas muchos líderes que pueden tener una visión un poco más escéptica del organismo digan que acá se está cumpliendo con la idea primigenia de hace 80 años de tener un organismo que trate de gestionar la paz.

–Milei habla de eliminar la burocracia, ¿usted pasaría la motosierra por algunas áreas de la ONU?

–No, motosierra no. Creo que se trata es de dar continuidad a un ejercicio que ya empezó con Guterres, porque claramente al Estados Unidos dejar de pagar se generó el sistema UN80 que está destinado a tratar de racionalizar el sistema. Es una tarea muy difícil, pero claramente dentro de la ONU hay muchas duplicaciones. Hay siete, ocho o nueve organismos que se refieren al clima, por ejemplo. Entonces hay solapamientos. Esto no es potestad única del secretario general, porque los Estados miembros tienen sus preferencias. Es política, como puede pasar en el plano nacional. Creo que hay un convencimiento de que hay un burocratismo excesivo y que tiene que haber una racionalización del sistema.

–¿Cree que el alineamiento tan fuerte que tienen Trump y Milei puede llevar a Estados Unidos a impulsar definitivamente su candidatura?

–Creo que lo que va a estar mirando Estados Unidos es quién puede hacerse cargo de esto y hacerlo de manera efectiva, de manera que logre recuperar la confianza que ellos han perdido en la ONU como algo en lo que vale la pena invertir. Y hay otros temas que tienen que ver con Medio Oriente, con la proyección de poder de Estados Unidos. Ellos dijeron que tienen que ser organismos que contribuyan a la prosperidad de Estados Unidos, por lo que en mi opinión pasarán el tamiz por ahí.

–De las preguntas de la audiencia surgió el sentimiento de que el organismo tiene una especie de doble rasero en cuanto a la aplicación de la Carta de la ONU. ¿Cómo enfrentaría usted esas críticas?

–Javier Pérez de Cuéllar, el único latinoamericano que fue secretario general, dijo una frase que a mí me pareció muy buena: el secretario general no es un juez y no debe ponerse en esa posición. Por supuesto debe defender la Carta y sus principios. Pero tiene que saber qué papel está jugando. Es decir, frente al uso de la fuerza en las relaciones internacionales, que puede ser Rusia en Ucrania, Estados Unidos en Irán, el secretario general debe pretender poder ser un actor útil a la solución del conflicto. ¿Cuál es su papel en esa dinámica? ¿Levantarle el dedo a alguien o ir a tratar de solucionar? Yo creo lo segundo. Tiene que tener esa capacidad, que no es contradictoria. A mí me pasó tener diálogos a veces complejos con el presidente Vladimir Putin, donde siempre estaba muy claro que lo que estábamos discutiendo allí era cómo evitar un accidente en Zaporiyia. Creo en eso, en esa aproximación quirúrgica del secretario general en un conflicto dado.

–¿Y qué hubiera hecho distinto como secretario general en Ucrania?

–Ese es un conflicto que no empieza en 2022, sino en 2014, con Crimea. Entonces hay toda una fase de diplomacia preventiva que ya no fue ejercida. Se deja que esto se vaya deteriorando, y como una herida a la gangrena, vaya creciendo. No siempre se garantiza el éxito, pero creo que la diplomacia preventiva es una fase fundamental en cualquier momento, y uno puede ya saber dónde están las raíces o el germen de futuros conflictos.

–Respecto al conflicto entre Estados Unidos e Irán, ¿cómo cree que debería estar involucrado el OIEA en un eventual acuerdo nuclear entre ambos países? ¿Su organismo sería el único que podría certificar lo que eventualmente pacten en ese aspecto?

–¿La alternativa sería inspectores norteamericanos en Irán? No digo que no, pero lo veo muy difícil. Y además el OIEA es el único que garantizaría imparcialidad y neutralidad. Tiene un cuerpo de inspectores que está trabajando en Irán desde hace 60 años, que conoce todas las instalaciones, todo el programa nuclear, y que por lo tanto puede tener ese diálogo.

–Y en estos últimos días, ¿fue consultado al respecto por Irán y por Estados Unidos?

–Estoy manteniendo contactos informales con ambas partes y es dable esperar que en el momento adecuado el OIEA va a ser llamado a cubrir la parte de inspecciones.

–¿Y qué podría pasar, en el marco de una eventual ronda de negociaciones, con el uranio iraní? ¿Realmente en qué estado está? Trump habló incluso de recuperarlo.

–Estás dando en el clavo. El material, 440 kilos de uranio enriquecido al 60%, si bien está en una instalación que ha sido bombardeada, es accesible. Costará un poco, hay que entrar por unas vigas.

–Pero se puede acceder.

–Absolutamente. Está en unos cilindros, en una especie de barriles, en forma gaseosa.

–¿Ustedes inspeccionaron eso?

–Hasta el 11 de junio del año pasado inspeccionábamos constantemente, antes de la Guerra de los Doce Días.

–¿Y qué saben desde entonces?

–Se sabe que el material está allí. Y nosotros, a través de análisis, conociendo la estructura y el tipo de ataque que hubo, más o menos tenemos idea de cuánto daño hubo allí. Por eso es que sabemos que está ahí, que no fue movido. Entonces ese material está muy cerca de ser de grado militar. O sea, en un par de semanas se puede llevar al 90% de enriquecimiento. Por lo tanto, es un peligro de proliferación. Dicho eso, ¿implica que Irán tiene la bomba nuclear? No. Pero implica que tiene un elemento importantísimo para un arma nuclear. Para varias, para más de diez. Entonces, por eso esto es el bone of contention , recuperar ese material. Y por eso los norteamericanos han planteado inclusive la posibilidad de un raid y de recuperarlo. Por supuesto ellos tienen capacidades militares extraordinarias, como lo probaron en Venezuela. Pueden hacer cosas muy impresionantes, pero esto es más difícil. No digo que sea imposible, pero es muy difícil. Para empezar, el ingreso al lugar es difícil. Ha sido bombardeado y sería defendido. Y la manipulación de esos barriles que tienen gas es muy complicada, es muy contaminante. Inclusive, nosotros hemos manejado las hipótesis, que se siguen manejando todavía, de una exportación a otro país. Lo hemos hablado con Rusia, con Turquía. Eso requiere un overpacking, no es que se va con un comando y lo sacás.

–¿Pero podría haber un acuerdo en ese sentido que involucre a la OIEA?

–Es una de las hipótesis. Otra puede ser la dilución, lo que se llama downblending. O sea, vos lo tenés al 60% y con un proceso lo reducís. Es como que le echás agua al vino. Le bajás la capacidad militar y neutralizás el problema. Eso requiere otro tipo de inspecciones porque hay que hacerlo in situ, se tarda unos días, pero se puede hacer. Entonces las opciones son o exportarlo a otro lugar o hacer el downblending y después exportar inclusive el material. Porque también eso se puede diluir al 5% aproximadamente, pero Irán se quedaría con un inventario de 5% muy grande que podría ser después reutilizado. O sea, hay variaciones sobre el mismo tema. Como una melodía, la podés agarrar de distintos lados.

–Y el rol del OIEA sería fundamental porque tendría que estar supervisando que eso realmente se efectivice.

–Tenés que supervisar todo.

–Imagino además que usted no recomienda que Estados Unidos recupere el uranio mediante un operativo militar.

–Yo recomiendo siempre la diplomacia, en eso y en cualquier otro acuerdo.

–Se habla mucho de que a raíz de los ataques de Estados Unidos a Israel murieron científicos del plan nuclear de Irán y que eso genera temores de que se debilite el control sobre el uranio. ¿Es así? ¿Cambió para el OIEA las personas con las que interactúan en Irán?

–La relación con Irán cambió desde junio pasado, es la realidad. A partir del momento en que ellos son atacados y ellos dicen “acá no entran más los inspectores” hubo todo un proceso. Lo que logramos desde junio hasta que empezó esta nueva guerra fue inspeccionar los lugares que no habían sido atacados. Pero no los que son los más sensibles, donde está el material. El acuerdo de El Cairo fue importante, pero cayó antes de esta guerra.

–¿Pero muchos científicos fueron realmente eliminados?

–Muchos de ellos lo fueron. Incluso fuimos culpados nosotros, y yo personalmente. Dijeron esto es culpa de Grossi. Absurdo. Por eso me han amenazado de muerte. El sistema nuclear iraní es enorme. Entonces estas acciones fueron de amedrentamiento, supongo, pero el programa nuclear iraní no depende de cinco o seis expertos.

–Y respecto al estado actual de las instalaciones nucleares, con todos los bombardeos, ¿ustedes temen que haya riesgo de algún accidente?

–No, accidente de tipo radiológico no. Eso también se ha hablado mucho. La realidad es que ese material puede generar contaminación, quien lo manipula, pero no va a generar un Chernobyl.

–¿Irán tiene la capacidad hoy de hacer enriquecer el uranio al 90% en un par de semanas pese a los daños que ha sufrido por los bombardeos?

–Tiene una capacidad que puede reconstruir. Quizás pueda tener algo que nosotros no vemos. No lo quiero poner de una manera acusatoria, pero la realidad es que justamente el material está en un nivel tan alto de enriquecimiento que con pocas cascadas de centrífugas se podría llegar a hacer. Y si mezclás algo que pudiera haber sobrevivido en Isfahan o en Fordo, que es posible que algo haya sobrevivido a los ataques, con algo que puedan fabricar, las otras centrífugas son como superlavarropas. Sofisticadísimas. Pero no es una tecnología que sea imposible. Irán la maneja muy bien. Entonces ellos pueden tener distintos talleres en muchos lugares del país, y eso no significa que estén violando ningún acuerdo. Es una tarea metalúrgica, de ingeniería, pero no nuclear específicamente.

–¿Cuánto le preocupa a usted que el aumento de los conflictos y la inestabilidad mundial esté llevando a más países a considerar un desarrollo armamentístico nuclear? Y en caso de ser electo secretario general de la ONU, ¿cómo lo abordaría para frenar esa carrera?

–Me preocupa realmente. Porque es un tema nuevo en la agenda internacional. Y es súper preocupante. Porque hasta ahora los pseudoproliferadores eran estos países en Medio Oriente, con agendas opacas. Ahora lo que se ve es que hay países importantes en Europa o en Asia que dicen “con el mundo cómo está, con el sistema de alianzas resquebrajado, con la falta de garantías que yo voy a tener el paraguas nuclear de fulano o mengano, ¿no debería yo reevaluar la autorrestricción que me he impuesto a mí mismo de no tener armas nucleares?“. Todos los países del G7 y algunos más podrían tener armas nucleares. Fácilmente, tienen toda la capacidad tecnológica de tenerlas. Sin embargo, firmaron el Tratado de No Proliferación. Y en otros lugares se ha dicho que si tal país la tiene, yo la voy a tener. Entonces, volvemos a aquel esquema de los años 60, de la carrera. O sea, era una realidad en aquel momento. John F. Kennedy dijo que íbamos a un mundo de 25 países con armas nucleares, por eso se hizo ese tratado de no proliferación. Y ahora se ve un resquebrajamiento de eso. Realmente es uno de los temas a seguir.

–¿Cómo le impactaron personalmente las amenazas de muerte de Irán? ¿Cambió su estilo de vida?

–Sí, porque los servicios de seguridad llegaron a la evaluación de que había que tomarlas en serio. Compartieron información conmigo al respecto. Entonces Austria puso guardaespaldas y eso no es lindo, afecta a la familia. No podés ir a ningún lado sin que te acompañe alguien. Es algo incómodo. Ellos hacen la evaluación de si lo mantienen, yo no tengo un poder de decisión sobre eso.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/estados-unidos/rafael-grossi-explico-por-que-es-el-mejor-candidato-para-la-onu-y-advirtio-que-iran-tiene-material-nid22042026/

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