Robbie Williams, del pícaro guiño a su pasado en la Argentina a un potente show y una sentida promesa
Después de treinta años de carrera en solitario (y otros tantos más de su paso por la boy band Take That), Robbie Williams parece haber encontrado una definición precisa de lo que él mismo ent...
Después de treinta años de carrera en solitario (y otros tantos más de su paso por la boy band Take That), Robbie Williams parece haber encontrado una definición precisa de lo que él mismo entiende por espectáculo. Como él mismo lo explicó de entrada, su gira actual es “una carta de amor al entretenimiento”, algo que se mueve con un pie en un recital de rock y el otro en Las Vegas. Acompañado por una banda ajustadísima dirigida por su eterno colaborador Gary Nutall y con el agregado de coristas, vientos y un cuerpo de baile, Williams desplegó en el Movistar Arena todas sus facetas: la de cantante, la de humorista, la de hombre redimido gracias al amor de su familia y la de alguien que parece saber bastante sobre segundas oportunidades.
Para Robbie Williams entretener es menester, como lo deja en claro “Let Me Entertain You”, su entrada triunfal convertida en declaración de principios desde el vamos, directo desde su álbum debut. Apenas terminado el tema, tomó el centro del escenario para una serie de pasos de comedia relacionados con su regreso al país luego de 20 años primero (“Es mi culpa, fui a rehabilitación 15 veces”) y con un guiño a su historial con Amalia Granata: “Acabo de ver alguien con quien me acosté la última vez que estuve acá, pero no es quien se piensan”, dijo con una mirada cómplice hacia el público para luego decir que se trataba de Diego, un seguidor ubicado en la primera fila. De nuevo en la acción, Williams y su banda apretaron los dientes con fuerza en “Rocket”, un rock rabioso, que una vez que terminó puso al cantante a desplegar una merecida falsa modestia. “¿Mis mejores días ya pasaron?”, le preguntó al público con la certeza de estar viviendo un presente venturoso.
A la hora de “Rock DJ”, Williams jugó a ser un entretenedor decadente, con tapado de piel sobre sus hombros a quien sus bailarinas tenían que llevar en andas, una imagen que se borró rápido al tema siguiente, “Karma Killer”, algo cercano a una figurita difícil en su repertorio, un guiño para el núcleo duro de sus seguidores. Para el público más amplio, la complacencia llegó con el tema siguiente, “Strong”, una balada sobre saber reconocer las debilidades y no mostrarse indestructible. Después, pasada la flamante “Pretty Face”, pidió al público que lo ayudase a pedirle a su manager, Rick, para que su próximo regreso al país sea en dos años o menos.
A la hora de “Supreme”, Williams recibió la primera ofrenda por parte de un público que parece conocerlo demasiado bien. El tema tiene un videoclip que homenajea al corredor de Fórmula 1 británico Jackie Stewart, por lo que sus seguidores le hicieron llegar una bandera donde se lo veía junto al automovilista y con Juan Manuel Fangio. Y si hasta ese entonces sus intervenciones entre tema y tema habían tenido espíritu de stand up, en la antesala de “Love My Life” se pondría levemente solemne para destacar la importancia que tuvo en su vida su esposa y el haber sido padre, un sentimiento al que “Better Man” (con imágenes de su biopic homónima de fondo, donde Williams es caracterizado como un chimpancé) y su letra bienintencionada parecieron calzar justo.
Acompañado por Thom Rylance, de los teloneros The Lottery Winners, Williams empezó a repasar fragmentos de algunas canciones de su repertorio (de “Tripping” a “Sexed Up”, pasando por “Rudebox” y un amague con “Angels”) hasta que se propuso hacer una reparación histórica. Según contó, en sus días de Take That, Gary Barlow le robaba los momentos de protagonismo, por lo que intentó remover esa espina interpretando “Relight My Fire”, una canción que originalmente cantaba su excompañero en la boy band. Más adelante, aludiría a esa parte de su pasado en “No Regrets”, la canción que escribió para despedirse de la banda con un sabor agridulce y con una cuota extra de dramatismo.
View this post on InstagramAsí como el entretenimiento es la regla, “Advertising Space” es la mirada de Williams sobre la caída en desgracia de las grandes estrellas de la cultura pop, con los últimos días de Elvis Presley como un recordatorio de que un final trágico puede opacar hasta la carrera más destacable de todas. Lejos de ese tono reflexivo, “Millennium” tuvo un aura cinematográfica presente en los aires a banda de sonido de James Bond de su arreglo de cuerdas, y también en el vestuario plagado de accesorios dorados de su cuerpo de baile.
Y si el manual del buen entertainer obliga al cantante a presentar a su banda, Williams lo hizo a su manera, dándole a cada músico la chance de tomar el protagonismo unos segundos con una selección de covers en formato de bolsillo, donde se sucedieron Black Sabbath (“Paranoid”), The White Stripes (“Seven Nation Army”), Queen (“We Will Rock You”), Kelly Clarkson (“Since U Been Gone”), Depeche Mode (“Just Can’t Get Enough”) y The Beatles (“Hey Jude”). Como remate, un fan le pidió la mano a su novia antes del tema siguiente, “Come Undone”.
View this post on InstagramAunque “Kids” y su pulso funk parecían llevar el final del show directo a la pista de baile, el clima duró poco. Primero, Williams caminó por la valla hasta elegir a Mili, una fan a quien le dedicó “She’s the One”, su cover de World Party. Sentado en una silla en la pasarela, el músico cantó toda la canción con la mirada puesta en los ojos de su seguidora, como si las otras quince mil personas presentes en la sala simplemente no estuvieran ahí. Poco después, Williams contó otra anécdota de su vida privada, de cuando escuchó a su héroe cantar una canción que lo hizo decir “yo quiero hacer eso”. El tema era “My Way” y el héroe, su padre, que padece Parkinson desde hace seis años, una enfermedad que desde entonces solo lo dejó salir de su casa tres veces, todas ellas para ver a su hijo en vivo. Williams interpretó la canción popularizada por Frank Sinatra en un claro momento autobiográfico, donde los versos traducidos por Paul Anka parecían estar hechos a medida de su propia historia.
View this post on InstagramPasados unos minutos, Williams y su banda regresaron a escena con “Feel”, su hit de 2002. Ya en clara señal de retirada, el cantante se tomó unos minutos para recordar su anterior paso por Buenos Aires, con dos shows en River en 2006. De acuerdo a su relato, esa visita coincidió con un momento oscuro en su vida, pero así y todo ese primer contacto con el público porteño lo ayudó a empezar a revertir la situación: “Estaba muy enfermo como para estar agradecido, pero nunca voy a olvidar lo que me hicieron sentir cuando más lo necesitaba”, le reconoció a sus seguidores antes de encarar la despedida con “Angels”, la balada que le dio al arrogante britpop su estocada final. “Veinte años después soy una persona diferente. Estoy a salvo, amo mi vida”, se despidió Robbie para llevarles tranquilidad a sus seguidores, no sin antes invitarlos a hacerle presión a su manager para que el próximo reencuentro no se tarde otras dos décadas. Está en tus manos, Rick.