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Rosa Montero: “Todos tenemos que aprender a vivir con nuestra maleta de oscuridad”

Con su cara de niña y su voz de castañuelas, anda por el mundo encendiendo pasiones. Pero no cualquier pasión. La pasión por la literatura, por escribir, por atreverse a florecer en la hoja en ...

Con su cara de niña y su voz de castañuelas, anda por el mundo encendiendo pasiones. Pero no cualquier pasión. La pasión por la literatura, por escribir, por atreverse a florecer en la hoja en blanco. Rosa Montero, que de ella se trata, es una de las grandes firmas de la literatura española contemporánea con más de una treintena de títulos -varios best sellers-, traducida a otras tantísimas lenguas y, según ha dicho Juan Cruz Ruiz, luminaria del mundo de las letras si las hay y su compañero en el diario El País, es quizá “la mejor periodista de habla española”. Rosa ha pasado toda su vida profesional en este periódico y ha dejado su sello en distintas áreas. En los últimos tiempos su voz se hace sentir a través de sus columnas dominicales, aunque vale la pena recorrer su historial de reportajes, muchos de los cuales Alfaguara publicó un par de años atrás en el volumen titulado Cuentos Verdaderos.

Desde la pandemia se reúne en vivo con su audiencia a través de Facebook e Instagram, cuidadosamente maquillada y arreglada, colores vivos y linda bijou

La agenda Montero estresa de solo imaginarla. No para un minuto. Escribe, viaja por todo el mundo, da conferencias, participa de un club de lectura, presenta libros, forma parte de jurados literarios o los preside, como el del sonado Premio AENA, que acaba de debutar entregando la inédita cifra de un millón de euros a la argentina Samanta Schweblin por su libro El buen mal. Ya entregó a su editorial Un día en la vida de Clarita, una novela corta que estará a la venta en septiembre, y estrenó en mayo una ópera en Viena. Este momento de gran brillo y exposición se refleja en la crítica que apareció en The New York Times el 23 del mes pasado, donde se califica como brillante El peligro de estar cuerda, un libro que la escritora escribió en 2022, pero que Europa Editions acaba de lanzar en inglés en Estados Unidos y Gran Bretaña.

Pero algo muy particular de esta vida tan ocupada es que ella, Rosa Montero, se ha convertido en una influencer de 75 años que maneja las redes como una quinceañera. Supera por lejos el medio millón de seguidores en distintas plataformas, tribunas desde las cuales hace lo que nadie por la literatura en tiempos de IA. Es su virtual gerente de marketing y arrea multitudes con un entusiasmo que no deja indiferente. Desde la pandemia se reúne en vivo con su audiencia a través de Facebook e Instagram, cuidadosamente maquillada y arreglada, colores vivos y linda bijou. Sentada en su escritorio de paredes blancas, saluda a cada uno, conversa, responde preguntas, comenta los libros o escritos que le envían, o los que ella está leyendo, y participa desde su humor a los planes futuros. Casi una hora de ping pong energético, al cabo del cual uno piensa que puede ser Cervantes, o por lo menos intentarlo, mientras sale corriendo a comprar algún libro. Confiesa su amiga y vicedirectora de la RAE Carme Riera: “Le envidio la energía y el entusiasmo. Rosa tiene una increíble capacidad de crear, de conectar y empatizar. Hace una literatura joven y su público lo celebra”.

-Se ve que te llevas de maravilla con la tecnología…

-Pues, soy muy tecnológica, hipertecnológica, lo que pasa es que estamos ahora mismo, como cuento en mi último libro de Bruna Husky, en un momento muy peligroso, con la IA que puede llevarnos incluso a la destrucción como especie. Vamos, no lo digo yo sola, lo dice gente como Geoffrey Hinton, padre de la inteligencia artificial. Premio Nobel de física de 2024.

“La lectura siempre ha sido minoritaria, pero ahora esa minoría es más grande que nunca”

-Da miedito…

-Pues claro, la IA amenaza a la vida misma. Es el mayor salto tecnológico que ha hecho el ser humano nunca jamás, y va a una velocidad exponencial, brutal. Es un cambio de vida absolutamente radical que no sabemos gestionar y no estamos legislando para corregir los excesos. Hemos legislado otros cambios tecnológicos, como por ejemplo la clonación, pero claro es que dentro de la clonación no se dirimía el dineral y el poder que se está dirimiendo con esto. Entonces hay montones de peligros.

-¿Cuál es el peor?

-Llegar a la super inteligencia artificial que está ahí a la vuelta de la esquina, quizá en cinco años, no se sabe, y que seamos las hormigas para esa inteligencia. Que un día diga “voy a utilizar estos átomos de carbono para otra cosa”, y resulta que los átomos de carbono somos nosotros. Eso por un lado, pero antes hay otro montón de peligro. Según la experta italiana Francesca Bria, se está produciendo un golpe de Estado en el mundo, secreto, silencioso, a cargo de las grandes empresas tecnológicas, dirigidas por cierto por grandes fascistas, como Peter Thiel, que sostiene, por ejemplo, que la democracia no funciona. Estamos dejando, tanto en Europa como en toda América, en manos de estos empresarios tecnos los sectores críticos de nuestra sociedad. La defensa, las comunicaciones, el transporte, la salud, la educación. Todo en manos de los grandes señores del mundo. Cuatro o cinco fascistas. Y no estamos haciendo nada para parar esto.

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Premio Nacional de las Letras 2017, entre otras medallas, y reciente ganadora del Premio Literario Giovanni Bocaccio 2026, entre las obras más vendidas de Rosa Montero están La hija del caníbal (1997); Te trataré como a una reina (1997) e Historia del Rey Transparente (2005), por no hablar de la exitosa tetralogía de Bruna Husky, detective y replicante, por la que ha recibido grandes elogios. “Es una suerte de Blade Runner, mezcla de género negro y ficción, a los que Rosa se atrevió con su profesionalismo habitual. Rosa ha tenido desde niña una gran curiosidad por la ciencia y la tecnología, y aquí esa pasión produce una mirada humana, lúcida y clarividente”, dice el escritor Jorge Fernández Diaz, que compartió con ella el jurado del Premio AENA.

-Tus libros tienen mucha investigación, están muy documentados…,

-Hay que tener mucho cuidado cuando escribes ficción con la documentación.
Tiene que ser documentación viva porque la documentación puede cargarse un libro de ficción. La documentación viva es que lo que escribes ya lo sepas. O sea, no es que te documentas para la novela.
Haces una novela sobre temas que ya sabes y a lo mejor te tienes que documentar en la sintonía fina, nada más.

“Estamos ahora mismo, como cuento en mi último libro de Bruna Husky, en un momento muy peligroso, con la IA que puede llevarnos incluso a la destrucción como especie”

-¿Agoniza la literatura como dicen algunos?

-No, para nada, en absoluto. Yo creo que está muy viva, tremendamente viva. Aunque tengo un pequeño temor y es el de la infección, por así decirlo, de la realidad dentro de la ficción. He trabajado autoficción en algunos de mis libros y tal, todo eso me parece bien, pero pienso que la ficción en general está demasiado invadida por la realidad, que demasiados escritores parten solo de su realidad y solo hablan de su realidad y que eso está siendo valorado en exceso por la crítica convencional. Indica una falta de vigor creativo en el momento literario, que no quiere decir que la literatura esté en decadencia, quiere decir que estamos pasando por un mal momento sociológico, probablemente una sociedad vieja que no sabe qué hacer consigo misma.

-¿Qué escribes ahora?

-Acabo de terminar una novela corta que saldrá en septiembre, y que es ficción ficción. Surgió de una manera curiosa. Un editor me pidió un primer capítulo de una novela
porque están preparando un libro con primeros capítulos escritos por un grupo de mujeres. Tenía que hacerlo instalada tres semanas en una residencia para escritores en Francia, pero me enfermé y no pude ir. Entonces propuse escribirlo igual. Pero ocurrió que cuando empecé apareció este personaje, Clarita, y fue una posesión, me robó el corazón en las primeras treinta líneas y dije no. Esto es mío y lo quiero. Me senté y en seis meses la terminé. Casi sin tomar notas, yo que me paso años juntando notas para cada libro. Este salió como un tiro. Se llama Un día en la vida de Clarita. Luego tengo una novela de género fantástico empezada y hay otro artefacto literario que asoma, que todavía no lo tengo claro.

“Me llevo bien con lo que veo en el espejo, aparte de que de vez en cuando veo a mi madre, y eso es un poquito inquietante”

-¿Quién lee los libros hoy?

-Cada vez más gente, los chicos leen… Según una última encuesta de lectura que hacen cada año los editores, los menores de 25 años leen en España 14 puntos más que la media. Se lee mucho y en papel, no solo digital, que me encanta por otra parte. La lectura siempre ha sido minoritaria, pero ahora esa minoría es más grande que nunca.

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Se levanta y se acuesta tarde, hora y media de gimnasia cada día (¡madre mía, qué valor!), y luego teclea hasta la noche, siempre bebiéndose los vientos porque se autodefine como una “disfrutona”. “Debo haber nacido con una sopa química muy buena, llena de oxitocina y tal. Disfruto viviendo. Viviendo quiere decir que me levanto un día y veo que hay sol y digo qué día tan bonito, qué maravilla, que sol y tal. Me levanto al día siguiente, está lloviendo y yo digo, oh, qué día tan bonito, qué lluvia tan fresca, es que yo disfruto todo. Disfruto de estar con la gente que te quiere, de leer, de estar con mi perra, ¡¡y de escribir!! Es una maravilla tener esa posibilidad”

-En una de las columnas de comienzo de año decías que habías cumplido 75 años pero no te percibes de esa edad…

-Creo que es algo del ser humano, de todos. De hecho en el artículo me refería también a la célebre frase de Oscar Wilde que dice “lo peor no es envejecer, lo peor es que no se envejece”, porque resulta que por dentro siempre uno se sigue viendo niño, vamos. Y cada vez hay una disociación mayor entre tu autopercepción interior y la ruina exterior.

-Pero convengamos en que se ha ido corriendo la valla.

-Claro, cuando nosotros éramos chicas, una mujer de 70 años era una señora anciana. Recuerdo que le hice una entrevista a Tina Turner y estaba guapísima.Y me admiraba porque decía “pero qué bien está, y ya es mayorcisíma”. Me parecía una abuela y tenía 56 años, imagínate.

-Luego de los 60, junto con el flower power, la aparición de la píldora, hubo un gran corrimiento en las edades…

-Más en la mujer quizá, pero también en los hombres. Resulta que ahora vivimos mucho más, y en unas condiciones físicas mucho mejores en ambos casos. Pero ahora hemos conseguido tener visibilidad más allá de los 20 años, que es una manera de conquistar la propia vida en un sentido más amplio. Antes solo aparecían en los periódicos las actrices jóvenes, mujeres guapas y no mucho más. Ahora la visión de la mujer es completamente distinta, más plural, más humana….

-Gran cambio…

-¡Y vaya! La deconstrucción del sexismo en el mundo, que era una costumbre milenaria, ha sido radical, rapidísima y tajante. Una de las grandes revoluciones del siglo XX, de hecho. Piensa que hasta principios del siglo XX las mujeres no podíamos ni siquiera estudiar en la universidad. En España no se nos permitió hasta 1911, creo recordar. Tampoco podíamos votar en general hasta mediados del siglo XX. No hablemos ya de Afganistán, que han perdido el derecho. En Arabia Saudita solo pueden hacerlo en las municipales, no en las generales. Pero para que ocurrieran estos cambios tan fenomenales hizo falta que los hombres cambiaran y el mundo cambiara también, porque si no, no habríamos podido. Por eso el feminismo, o el antisexismo, no es un tema de las mujeres, es un tema de todos, absolutamente de todos. Como decía Simone de de Beauvoir, el machismo no es un problema de las mujeres. Es un problema de los hombres con las mujeres.

“Debo haber nacido con una sopa química muy buena, llena de oxitocina y tal. Disfruto viviendo”

-¿Has tenido problemas alguna vez en tu carrera por ser mujer?

-Toda la vida, toda la vida. Lo que pasa es que yo nací en una dictadura y Franco murió cuando yo tenía 24 años. Era un mundo tremendamente machista. Así que sí, las mujeres de entonces hemos tenido que tirar las paredes del mundo a cabezazos. Lo que pasa es que lo dabas por natural, en el sentido de que sabías que las circunstancias eran así. Pero fíjate qué interesante que ahora, según los eurobarómetros, que son las estadísticas que se hacen dentro de la UE cada año, España es uno de los países menos machistas y menos sexistas de toda Europa, aunque sigue habiendo resabios por ahí.

-¿Qué recuerdas de aquellos tiempos?

-Veníamos de los abismos. Hasta mayo de 1975 la mujer casada en España no podía abrirse una cuenta de banco sin el permiso del marido, ni comprar un coche, ni sacar el pasaporte, ¡ni trabajar sin el permiso del marido! Y el marido, si la mujer trabajaba, podía ir a cobrar el salario de su mujer. Yo empecé a trabajar con 18 años haciendo prácticas en un periódico en Alicante. Luego volví a Madrid y empecé a buscar trabajo, colaboraciones, y pues, ibas a sitios y te decían tranquilamente que no contrataban a mujeres. Algo que no era ilegal. Cosas como esa. O te decían, bueno, quédate por aquí, y te ponían a hacer las cosas que no quería nadie o bueno, las cosas que se suponía eran de mujeres. La cultura, por ejemplo, que en el franquismo era lo peor de lo peor.

-¿También en El País?

-Me acuerdo cuando me hicieron jefa del suplemento dominical de El País, ya en la transición. Fui la primera jefa y teníamos reuniones semanales. Pasaban entonces los compañeros por detrás de la pecera donde estábamos y nos hacían gestos como si fuéramos monos. Todo el tiempo había que dar esa pelea, pero ha sido desde niña, te lo digo. Lo que se supone que puedes hacer y lo que no puedes hacer. Un machismo absolutamente abismal. Pero había habido un retroceso enorme porque las mujeres en España en los años 20 y en los años 30 eran muchísimo más libres, ¿sabes? Las abuelas, mis abuelas, eran muchísimo más libres. Pero la guerra fue un verdadero corte de cuello a todas esas mujeres libres. La guerra civil y la dictadura.

“Las abuelas, mis abuelas, eran muchísimo más libres. Pero la guerra fue un verdadero corte de cuello a todas esas mujeres libres. La guerra civil y la dictadura”

-¿Te llevas bien con lo que ves cuando te miras al espejo?

-Pues bueno, me llevo bien, aparte de que de vez en cuando veo a mi madre, que eso es un poquito inquietante. Me reconozco, me llevo bien, no es que me guste, tampoco es que me disguste, no sé. No me siento extraña de esa persona.

-Ambas compartimos la séptima década, ¿que dices que somos? ¿gente grande, tercera edad...?

-Tercera edad me parece horrible. Eufemismo absurdo. Somos viejos, soy una vieja, vieja es una palabra estupenda…

-Me gusta más “gente mayor…”

-Bueno, gente mayor también, pero viejo también está bien. Y viejo es distinto de anciano, que es una palabra hermosa, pero que también implica algo de decrepitud. Se ha ido corriendo mucho el tema de las edades.

-Anciano, luego de los 90, y se podría decir que viejo es luego de los 80. Porque yo no diría que un hombre de 70 es un viejo…

-No, aunque en general están bastante más descuidados que nosotras, bastante peor.

-En tu libro La ridícula idea de no volver a verte, dices que la vejez es una edad heroica. Cuéntame por qué.

-Porque para no tener miedo, para mantenerte con dignidad, para no ser llorón, hay que ser heroico. Es muy difícil. Lo decía Bette Davis: envejecer no es para débiles. Hay que tener mucho valor. Porque es una epoca tremenda, pierdes a todo el mundo. Además estas vejeces larguísimas que hay ahora son carísimas. Y, si vives, no todo el mundo puede mantener una vejez digna, además de que siempre va a llegar el deterioro, la ancianidad. Tú crees que a ti no te va a pasar, pero si no te mueres antes, y si vives lo suficiente, siempre te llega. Vas dejando de ser autónoma, vas perdiendo facultades, puedes ir perdiendo la cabeza, te vas deteriorando, se va muriendo tu gente, la gente que quieres. Como he dicho muchas veces, yo ya a estas alturas me siento un árbol de un bosque que está siendo talado. Eso es una sensación tremenda. Mi madre murió con 99 años y ya no le quedaba ningún amigo. Nadie. Eso es un horror.

-¿Has dejado de hacer cosas con el paso del tiempo?


- Por ahora no, absolutamente nada. Si tengo que dejar de hacer cosas esenciales, o dejar de ir al monte por ejemplo, porque me gusta el montañismo, pues ya no me interesa vivir.

-Pero de momento no es tu caso, porque no paras…

-Pues sí, tengo más actividad que nunca en mi vida. Sigo teniendo muchísima energía. El año pasado hice un maratón tremendo de viajes y de actos públicos. Increíble, me pasé año y medio sin parar un segundo. Y ahora voy para lo mismo me parece.

Y le parece bien. Su calendario está en llamas. Netflix confirmó que estrena dentro de pocos días La desconocida, un film basado en la novela negra que escribió con Olivier Truc, un escritor y periodista francés, corresponsal de Le Monde en los países Bálticos. Y acaba de volver de Austria, donde a mediados de mayo inauguró nada menos que el Festival de Artes Escénicas de Viena con la ópera El día antes, cuyo guion, inspirado en La Ilíada y en textos de Simone Veil, Rosa Montero escribió a pedido de la compositora musical Brigitta Muntendorf y la dirección de la escenógrafa brasileña Christiane Jatahy. El día antes. ¿Antes de qué? “El día antes de la Tercera Guerra Mundial, del apocalipsis bélico, que es donde estamos. Escribí esta obra el año pasado y desde entonces el mundo no ha hecho otra cosa que aproximarse más y más hacia una guerra global”, explica ella sobre el subtexto de esta obra que asienta su trama en la incertidumbre y la expectativa que amenaza las vísperas de los protagonistas.

En la trayectoria de Rosa Montero habitan novelas, ensayos, libros para niños y “artefactos”, como ella llama a algunas de sus obras que no terminan de encajar en ninguno de esos formatos. Uno de ellos es La ridícula idea de no volver a verte (Seix Barral, 2013), una obra conmovedora donde analiza el dolor, la pérdida, la muerte, el amor, la ciencia, la relación entre los hombres y las mujeres, a partir del diario que escribió Marie Curie tras la muerte repentina de su esposo Pierre, texto con el que Rosa se encontró cuando todavía lloraba la pérdida de su propio marido, Pablo, periodista como ella, que aún sonríe abrazándola desde la foto del WhatsApp.

-¿Cómo fue superar esa pérdida?

-No se supera, en realidad. Lo que haces es que te inventas otra vida. Después de una muerte así radical, esencial, como de una pareja, o un hijo, que no quiero ni pensar, no vuelves a esa vida. Pero la vida es tan ubérrima y tan maravillosa, somos tan adaptativos y supervivientes, que al final consigues inventarte otra. Y a lo mejor hasta una vida mejor. No hay que perder la esperanza, aunque sabiendo que aquello que fue queda en tu pasado, en tu recuerdo y en tu memoria.

-¿Qué te ayudó en esos momentos?

-Los amigos, el gusto por la vida. Yo tengo alegría, que es una virtud animal, y que forma parte de mí. Lo que es la esencia de la vida te hace seguir viviendo.

-¿Sigue presente él?

-Claro, sigue presente, sí. Es una parte de tu vida y sigue presente, aunque ya han pasado diecisiete años. En mi caso hubo diez meses terribles, cáncer de pulmón, un sufrimiento horrible. Me costó muchos años más, yo qué sé, creo que más de tres o más de cuatro, volver a recuperarlo a él, al recuerdo de él antes de esos meses horribles. Ahí recuperé los buenos recuerdos.

-¿Es posible volver a amar a nuestras edades?

-Hombre, claro que sí, por supuesto que sí.

-¿Estás enamorada?

-No, ahora mismo no, pero, vamos, sí, he tenido cosas cercanas.

-Tratas el tema de la muerte con cierta naturalidad, sin miedo ni tabúes…

-Bueno, sí, la trato, pero con desesperación, rabia.. La odio porque yo soy tan vitalista. La odio, como dicen en Las mil y una noches, a esta ladrona de dulzuras. La detesto. Pero pasa que me ha tocado en suerte haber tenido muertos cercanos desde muy pronto, se me ha muerto gente delante de mí. Sí, tengo una naturalidad con la muerte y con los muertos de manera total. Nada que ver con esa gente que no sabe ponerle palabras, o les espanta pensar en una muerte, pues a mí nada. Forma parte de lo que es la vida. Pero no me hace ninguna gracia.

-¿Siempre fue así?

-De joven yo tenía terror a la muerte y lo que he hecho ha sido escribir, e ir creciendo un poco en el entendimiento de que la vida se acaba, que es lo que es.
Porque la muerte no es lo que da miedo, lo que da miedo es dejar de vivir, a mí que me gusta tanto (vivir), quiero decir.

-Pese a ser una “disfrutona” has pasado épocas oscuras…

-Tuve ataques de pánico desde los 16 hasta los 30 años. Se concentraron en tres temporadas como de año y medio, dos años cada vez, digamos. Pero lo que pasa es que entre ellas te queda el miedo al miedo. Son trastornos mentales. El ataque de pánico es un poco más loco que el ataque de angustia porque es mucho más disociado. En el ataque de angustia de repente crees que te está dando un infarto y que te estás por morir. Entonces, por lo menos está justificado. Pero el ataque de pánico es un terror absoluto, un disociarse del entorno y no sabes ni por qué. Deja de tener sentido el mundo.

-¿Cómo lo superaste?

-Estudié psicología en la Complutense para saber qué me pasaba, porque en aquella época, y en mi clase social, nadie te llevaba a un psiquiatra ni nada. Me lo cargué a pelo, sin un solo ansiolítico. Nada, nada. Así me enteré de lo que me pasaba y tal. En un momento determinado dejé de tenerlos, pero sé que pueden volver. Creo que dejé de tenerlos porque vas aprendiendo a vivir perdiéndole el miedo al miedo. Aprendes a vivir con tu maleta de oscuridad. Todos tenemos que aprender a vivir con nuestra propia maleta.

-¡¡¡Una budista autodidacta!!!.

-(Ríe)
Bueno, si vas a un terapeuta te dirá esto también, que tienes que ir aprendiendo a convivir con ellos, que no te estás volviendo loca, que pasará y volverás. A medida que lo vas comprendiendo empiezas a vivirlo distinto. Lo que pasó también es que empecé a publicar, y esto ayudó mucho porque publicar te coloca otra vez en el mundo. La novela, la narrativa, la ficción es muy estructurante. Tenía entonces 29 años.

-¿Por qué te dedicaste al periodismo?

-Porque soy muy curiosa. Todo me interesa. Decidí dedicarme al periodismo escrito por un lado porque me gustaba escribir desde pequeña. Escribí mi primer cuento a los cinco años. Por el otro, tengo una curiosidad de 360°. Todo me interesa y pensé que el periodismo me permitiría seguir aprendiendo toda la vida, cosa que es verdad.

-
¿Tú miras para atrás o eres de mirar para adelante?

-Ni para atrás ni para adelantes. Ahora.

-¿Haces algo en especial para ser feliz cada día?

-No hago nada. En una novela mía que se llama La Buena suerte digo que la alegría es un hábito y creo que, efectivamente, uno puede fomentarlo. Tengo la suerte de tenerlo, vine con él. Lo que pasa es que soy muy obsesiva y tiendo a la angustia, ya te dije. Muchas veces digo que soy como un hámster, me meto en una bola de angustia y me cuesta muchísimo salir de un pensamiento angustioso obsesivo.

-¿Y ahí qué haces?

-Pienso, reflexiono sobre lo que siento… Es lo único que tenemos a mano. Reflexionar, pensar. Cuando llegó la pandemia sentí que me rondaba el pánico. Pues vale, dije, si me va a dar un ataque de pánico me da, sé que salgo, no pasa nada… Y así se fue. Te dejas caer en él, intentando no tener miedo, y entonces no te caes. Cuando aparecen los pensamientos obsesivos… porque yo soy así, tengo esa vida desde que soy pequeña, tengo esa vida súper obsesiva y paralela… Pues aprendes a vivir, te decía, e intentas parar ese pensamiento súper obsesivo. Tratas de verlo desde afuera, salirte un poco de la jaula del hámster, y lo consigues a veces antes, a veces después, a veces no lo consigues. Pero, en definitiva, todos tenemos que aprender a vivir con nuestra maleta de oscuridad.

-¿Te persigue algún miedo?

-Los que nos persiguen a todos, el de la crueldad del mundo, el de lo incomprensible, el del propio deterioro, el de la muerte de la gente querida, el de nuestra fragilidad, nuestra finitud. Del dolor del mundo, que es terrible. El mundo es un lugar muy temible en realidad.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/ideas/rosa-montero-todos-tenemos-que-aprender-a-vivir-con-nuestra-maleta-de-oscuridad-nid13062026/

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