Generales Escuchar artículo

Una apuesta post-woke, desregulada y tecnológica

En 2023, cuando se editó mi libro Utopía y mercado, que reunía una serie de textos canónigos de pensadores libertarios, tanto de derecha como de izquierda, como Murray Rothbard, Robert Nozick e...

En 2023, cuando se editó mi libro Utopía y mercado, que reunía una serie de textos canónigos de pensadores libertarios, tanto de derecha como de izquierda, como Murray Rothbard, Robert Nozick e incluso Peter Thiel, la palabra “libertario” ya tenía una clara remisión por derecha e incluso reaccionaria. Mi nuevo libro Manifiesto libertario de izquierda, concebido como un spin off de mi compilado anterior, abre una nueva dimensión que permite resignificar dicho término, recuperando la resonancia del llamado “libertario modal”, el arquetipo del militante libertario de los sesentas, inserto en el contexto del siglo XXI. Desde hace por lo menos un lustro la significación de la identidad libertaria se ha consolidado a partir de la interpretación paleolibertaria en el nivel académico y mediático, que se tornó hegemónica al interior de la tradición del libertarismo. El discurso libertario, aún hoy marginal en los Estados Unidos, se predica desde la Casa Rosada. Insólitamente, la figura de Murray Newton Rothbard ha encontrado de manera exponencial, luego de la pandemia, unas condiciones de recepción en la Argentina que no existen en ningún país del mundo, ni siquiera en los sectores más politizados de la cultura estadounidense. Esta situación fija los parámetros que hacen posible un debate entre dos formas de entender lo libertario: el paleolibertarismo o el libertarismo de izquierda. Frente a la oficialidad de la lectura reaccionaria, la postura sostenida en mi Manifiesto libertario de izquierda mira hacia el futuro desde un lugar contracultural. Si bien todas las ramificaciones de la tradición libertaria comparten ciertos elementos nodales (mercado, propiedad, antiestatismo, individualismo), una divergencia crucial entre los paleolibertarios y los libertarios de izquierda será que los primeros miran al pasado como el idilio de un orden natural perdido y romantizado, mientras que los segundos, inversamente, se afirman desde un presente caótico pero vital para desplegarse hacia el futuro desde la reinvención tecnológica de los cuerpos. La anarquía paleolibertaria es nostálgica, mientras que la anarquía libertaria de izquierda es deseante. Si la revolución de la primera requiere fugar hacia atrás, la revuelta de la segunda busca acelerar hacia lo desconocido y experimentar destruyendo toda forma de identidad y jerarquía.

La política convulsionada que vivimos hace más de una década recupera ideas radicales, pero no tanto porque los intelectuales creen esas ideas sino, contrariamente, porque son los acontecimientos de este mundo los que las producen. Los mejores filósofos son detectives o médicos: siguen la pesquisa y hacen diagnósticos en función de síntomas. Lo que era impensable hace solo un par de años hoy no solo es posible, sino que en muchos casos fue actualizado; por eso el pensamiento radical es el más “realista” para operar transformaciones en la coyuntura. Si la izquierda quiere recuperar su influencia en la intervención sobre la realidad tiene que aprender de la derecha, como el libertarismo se nutrió de las estrategias del marxismo. Por ello considero que el libertarismo de izquierda es una perspectiva original que pretende recuperar la radicalidad por izquierda, nutriéndose de la simiente de la libertad. Y el Manifiesto libertario de izquierda es el testimonio de esa búsqueda. En definitiva, la izquierda tiene imperiosamente que destrozar sus vacas sagradas (Estado, igualdad, políticas identitarias) para resignificarse desde otros escenarios.

En los tiempos presentes que anidan en este ciclo histórico constituido por un devenir fuera de sí, ser un libertario de izquierda resulta una toma de posición valorable a mi juicio por tres aspectos. En primer lugar, por el privilegio de la autonomía moral y económica, es decir, aspirar a una desregulación integral, tanto en la vida como en el mercado, no tuerta, como en las posiciones paleolibertarias que pretenden restaurar de manera retrógrada el familiarismo tradicional en un mundo que se ha abierto de hecho a una multiplicidad de esquemas familiares y de diversidad de formas de existencia. En este sentido, comprendo lo libertario como un ethos individualista apoyado en el principio de autopropiedad del cuerpo, desplegando sobre este fundamento un modo de vida minoritario en el plano sexo-afectivo así como autogestivo en el plano económico.

En segundo lugar, por la consideración de la equidad como punto de partida innegociable que rectifique y compense el inicio de aquellos grupos sociales tratados con injusticia, de manera indigna, en el curso de la historia, sin derechos ni acceso al mercado; la libertad efectiva requiere de un marco normativo y de asistencia sin que esto implique necesariamente una intervención estatal directa en todos los casos; contrariamente, la equidad desde esta perspectiva debe ser comprendida desde una lógica completamente desburocratizada e impidiendo toda generación de dependencia. Asumo que la declinación izquierdista del libertarismo implica apoyar las causas de aquellos que han sido históricamente discriminados o marginados, que han estado en condiciones de desigualdad de origen (trabajadores, mujeres, minorías sexuales o étnicas, trabajadoras sexuales) para hacer que estas existencias sean reconocidas en términos de derechos singulares y tengan oportunidades de acceso al mercado como cualquier otra.

En tercer lugar, por la impugnación de la identidad como principio y el establecimiento en su lugar de los cuerpos hablantes singulares como sujetos políticos abiertos a la transformación sea por la afectación con los otros como por la configuración tecnológica que hace de todo cuerpo en el siglo que habitamos un mutante constituido por prótesis, interfaces y dispositivos. Este carácter híbrido de la subjetividad es una potencia política de la que todavía no hemos visto nada. Por tanto, creo que si es posible formular algún tipo de izquierda que tenga cierta apelación contemporánea y le hable de manera actual tanto a los individuos que valoran la autonomía corporal como aquellos que están en los márgenes por sus estilos de vida refractarios a la norma hegemónica, esta debe ser post-woke. Otras expresiones izquierdistas (marxista, populista, neoliberal, socialdemócrata) a mi juicio son liberticidas, obsoletas, tecnofóbicas o moralistas. La posición del libertario de izquierda en mi óptica busca fugarse de toda antinomia que chantajea en lo moral y debilita la emergencia de lo nuevo, por eso, no es ni woke ni anti-woke, dos formas espejadas de lo mismo: el identitarismo que clausura toda diferenciación y creación.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/ideas/una-apuesta-post-woke-desregulada-y-tecnologica-nid20062026/

Comentarios
Volver arriba