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Luis Manuel Otero Alcántara: “El gran problema de la dictadura cubana es la corrupción”

El 11 de julio de 2021, el artista visual Luis Manuel Otero Alcántara hizo lo que siempre había hecho a lo largo de su vida. Salió a las calles de La Habana con una bandera cubana a reclamar lib...

El 11 de julio de 2021, el artista visual Luis Manuel Otero Alcántara hizo lo que siempre había hecho a lo largo de su vida. Salió a las calles de La Habana con una bandera cubana a reclamar libertad y derechos para todos.

En esa fecha, decenas de miles de personas manifestaron en todas las ciudades del país, cansados de la escasez de alimentos y medicamentos, los prolongados apagones, la crisis sanitaria por el Covid-19 y la falta de libertades civiles y políticas, en lo que fue considerada la mayor protesta espontánea en varias décadas en la isla. La gente tomó las calles de las principales ciudades del país. La canción de protesta “Patria y Vida”, del rapero Maykel Osorbo, fue la música que acompañó la indignación popular y que se transformó en un símbolo del hartazgo tras más de 60 años de dictadura castrista.

Otero Alcántara, que tenía antecedentes en movimientos de protesta, fue arrestado y, tras un juicio sumario, condenado a cinco años de cárcel en el penal de más alta seguridad de Cuba. Ese día, más de 1500 personas fueron detenidas, entre ellas muchos de los artistas, colegas y amigos de Otero Alcántara del Movimiento San Isidro, un colectivo de artistas que viene reclamando hace años por el derecho a la libre expresión. El rapero Maykel Osorbo, quien se alzó con dos Latin Grammy por su tema “Patria y Vida”, también fue detenido y condenado a nueve años de reclusión, una pena que aún continúa cumpliendo pese a una situación de salud muy delicada.

Ese año, la revista Time incluyó a Otero Alcántara, de 38 años, en la lista de las 100 personalidades más influyentes del mundo. El afamado artista chino Ai Weiwei, que enfrentó el régimen dictatorial de su país, declaró en esa revista su admiración por la lucha social del artista cubano. Amnesty International lo declaró prisionero de conciencia y lanzó campañas globales para su liberación. Otero Alcántara se transformó en uno de los prisioneros cubano de mayor reconocimiento a nivel internacional.

Finalmente, tres meses atrás, Otero Alcántara completó su condena (los prisioneros políticos en Cuba no tienen derecho a reducciones de la sentencia, como sí las tienen los criminales comunes) y el régimen cubano lo liberó, pero le prohibió seguir viviendo en su tierra. Debió exiliarse en los Estados Unidos -lejos de su hijo, de sus familiares y sus amigos-, donde llegó el 18 de julio último.

Otero Alcántara habló con LA NACION desde un hotel en Washington DC, donde se encontraba para recibir el Premio a la Democracia 2026 (Democracy Award 2026), concedido por la Fundación Nacional para la Democracia (National Endowment for Democracy - NED). Su colega y amigo Maikel Osorbo también fue galardonado, pese a que continúa preso en la isla.

En una larga conversación, Otero Alcántara detalló los tormentos, las humillaciones y las violaciones a los derechos humanos que sufrió durante sus años de reclusión. Habló de soportar enloquecedores encierros solitarios, la obligación de desnudarse junto a su pareja y familiares durante las visitas sin derecho a la privacidad, la escasez de atención médica, así como medidas crueles tales como retirar el precario colchón de paja de su celda para limitar su capacidad de descanso y afectar su equilibrio mental. A medida que avanzó su condena, la presión internacional le ayudó a morigerar las malas condiciones de vida. Viajó al exilio norteamericano con unas 3000 obras producidas durante sus años de encierro.

Otero Alcántara describe lo que sucede en su país como “un verdadero genocidio”. Dice que la gente muere por falta de atención médica, por consumir agua contaminada, por enfermedades raras que no se estudian, por falta de alimentación adecuada. En un país que se jactaba de sostener altos estándares de educación y salud, Otero Alcántara señala que hoy el Estado cubano no está en condiciones de garantizar ni lo uno ni lo otro. Y que la escasez ha hecho que la corrupción alcance niveles extremos. En los últimos dos años, Estados Unidos ha incrementado la presión sobre Cuba con una fuerte restricción al ingreso de petróleo a la isla.

-Es muy común escuchar entre sectores progresistas que la culpa por las condiciones de escasez de Cuba se deben al embargo norteamericano.

-Mira, cuando los soviéticos mandaban miles de millones de rublos a Cuba, también había más represión que nunca, presos políticos, estudiantes presos y artistas perseguidos. Hay sesenta años de ejemplos. ¿De qué hablan cuando dicen que las sanciones son las responsables de que el pueblo sufra? El pueblo sufre porque vive bajo una dictadura. De hecho, lo que me genera más problema es que el embargo no ha sido una herramienta eficaz para romper la dictadura. Yo quiero algo que pueda venir del pueblo cubano: un estallido social, una intervención, lo que sea. El pueblo cubano necesita una solución que verdaderamente nos quite de encima esta dictadura.

-¿Qué le parece que sean siempre los norteamericanos los que lideren la presión contra el régimen cubano?

-La verdad que la presión no debiera venir solamente de los americanos. Debería existir una presión por parte de los europeos, de los países latinoamericanos, de los países de África. Hace unos días escuché que había un grupo de personas de izquierda pidiendo sanciones para Israel. Se puede pedir sanciones para Israel, pero ¿apoyar una dictadura como la cubana? Es una doble moral rara y complicada. Porque Cuba es una dictadura con todas las letras y hoy por hoy lo sabe todo el mundo. Hitler, Mussolini, la dictadura que tuvo Chile, la Argentina. ¿Pero resulta que la dictadura cubana no es mala? Todo el mundo sabe que sus problemas no vienen del embargo ni de ninguna historia. Viene de que la dictadura es ineficiente a la hora de gestionar un país. El gran problema de la dictadura cubana ni siquiera es económico, es la corrupción, porque ellos tienen millones de dólares guardados. Tú ves a Díaz-Canel (el presidente de Cuba) y a sus hijos viviendo en Europa y en hoteles de lujo. ¿El bloqueo no les afecta? Los que están apoyando al gobierno cubano están apoyando una dictadura con todas las letras y un verdadero genocidio.

-Es una palabra fuerte.

-Si, es una palabra muy fuerte, obviamente. Pero es literalmente lo que está ocurriendo. No es una metáfora. Ahora mismo los cubanos no tienen agua para tomar. Están abriendo agujeros en el suelo. Unos supuestos pozos y sacando agua de napas subterráneas, aguas que están contaminadas. Y hay enfermedades rarísimas por las que la gente muere a diario. Son enfermedades que nadie es capaz de explicar. Vienen de la basura en las esquinas, de las bacterias que se desarrollan en ese contexto. Y en Cuba no hay medicamentos. Los hospitales están sin electricidad. Hay ancianos y niños que mueren sin atención. En las escuelas los maestros no llegan a clase. Si ahora mismo tienes un dolor de muela en Cuba tienes que pasar meses con ese dolor de muela, porque nadie te lo va a solucionar. Y entonces entra la corrupción. El que puede darle algún incentivo económico al médico es el que consigue atención. Mientras tanto, los represores viven sin carencia alguna.

-Eso siempre ha sido la regla con los dictadores.

-Así es. Los hijos de las cúpulas del poder viviendo en España o aquí mismo, en los Estados Unidos. Viviendo como millonarios.

-¿Que perspectiva tienes ahora que has recuperado la libertad? ¿Cómo te ha cambiado esa experiencia?

-Yo creo que la prisión me ha hecho más humano. Tú convives con personajes dentro de la prisión que han cometido crímenes horribles, crímenes reales, asesinos, y esto te acerca a una experiencia humana sumamente difícil. Y te preguntas si debes hablar con esos personajes o no. Y cuando tú empiezas a interactuar con ellos, te das cuenta de que aún en el horror tú logras ver fragmentos de humanidad. Empiezas a valorar cosas tan sencillas como tomarte un vaso de agua fría, tu familia y fundamentalmente entender al otro humano que también está sufriendo. La cárcel es un sitio donde tu sensibilidad, tu sentido del olfato, tu sentido del amor, tu sentido de entender las cosas mínimas que nadie valora se multiplican por diez mil. Entonces, te hace mejor ser humano. Y a la vez te hace mucho más fuerte, porque tú resistes el castigo más fuerte que puede tener una persona, que es el encierro. Y si tú resiste eso, tu cuerpo reacciona y te vuelves una persona sumamente poderosa.

-Amnesty y otros organismos han denunciado insistentemente por la violación de los derechos humanos en las cárceles cubanas.

-Mira, en los cinco años que estuve preso hubieron varias etapas. Las primeras fueron sumamente agresivas. Los primeros meses estuve en una celda de castigo. Te encierran y te quitan el colchón a las 6 de la mañana y te lo devuelven a las 6 de tarde. Pero ese colchón que te dan es un colchón de paja, sumamente precario. Por la madrugada, cada dos horas entran y te desvisten mientras tú intentas dormir. A la hora y media o dos abren la llave del candado de la celda y te vuelven a desvestir. Y ahí te das cuenta de que están jugando con tu cerebro. Yo me comencé a resistir y ahí ellos empiezan a jugar con la posibilidad de matarte. Y si tienes visitas los obligan a desnudarse. Y todo eso para una persona como yo, que no ha hecho nada más que luchar por sus derechos.

-Entiendo que no tienen derecho a las salidas ni al acortamiento de las sentencias.

-Así es. Un preso común tiene derecho a la libertad condicional. Pasa un año y medio y después tiene derecho a ir a un lugar a trabajar, salir a la calle y cosas por el estilo. Los presos políticos no tienen ningún acceso a estos beneficios. Los presos comunes pueden pasar presos solo ocho meses de cada año de condena. Los presos políticos no tienen ese derecho. A medida que mi encierro fue tomando estado público internacional, las condiciones, de a poco, comenzaron a mejorar.

-Tus protestas se centraban en los derechos civiles, pero también apuntaban a visibilizar la persecución a los artistas y a las comunidades LGBTQ+.

-Sí, claro, por supuesto. Yo vengo de un barrio popular. Yo vengo de un barrio marginado y pobre, que es el Cerro. Y en un principio yo intenté pertenecer al mundo del arte. Y empiezo a irrumpir en el espacio público con mis esculturas y empiezo a dar talleres en el barrio. Empiezo a preocuparme por mi barrio porque veía los jóvenes de mi generación, a mis amigos de la infancia, que comenzaban a caer presos o morían de forma violenta o se iban del país porque no tenían esperanza. Presos. Muertos por vender drogas. Y ahí es cuando decido comenzar con mi activismo. Empiezo a pintar las paredes, a dar talleres a los niños y ahí comienzan a perseguirme. Yo intentaba generar algún proyecto cultural pintando murales, y me ponían multas y me obligaban a borrar mi trabajo. Cualquiera que trabajaba por fuera del sistema del Estado era perseguido. No querían competencia de ningún tipo. Y por eso se nos tildaba de contrarrevolucionarios.

-La imputación más grave, en un contexto como el de la Revolución.

-Me di cuenta que así funcionaba el sistema. Un sistema que no generaba prosperidad alguna para quien no fuera parte de la cúpula de poder. Y así fui avanzando con mi activismo y comprendiendo cada vez más las necesidades humanas. Y entre tantas vulnerabilidades, está la de la comunidad LGBTQ+, la de la gente que decide defender los animales, de la propia comunidad negra a la que yo pertenecía y, al final, a la comunidad cubana toda que quiere libertades. Y por eso yo trabajé por cada uno de estos grupos. La idea es que si tú ves a alguien sufriendo por un fenómeno determinado, como el machismo en el caso de las mujeres, y tú te sientes identificado y tienes empatía, te involucras. Porque al final la idea es vivir en un mundo donde todos se sientan un poco bien, todo el mundo tenga un espacio para poder ser feliz, para poder ser libre.

-Cómo ves la actualidad de los movimientos de protesta dentro de Cuba.

-Ahora mismo, cuando tú analizas la realidad cubana, te das cuenta de que los cubanos están preparados para tomar las riendas del futuro político y económico del país. Hay millones de cubanos fuera de Cuba que son intelectuales, artistas, empresarios o políticos. Y el régimen cubano está cada día más débil. Ya el 11 de julio del 2021 hubo miles de cubanos en las calles. Y desde ese 11 de julio hasta el día de hoy siguen habiendo protestas con cubanos y cubanas en las calles. Hay más de mil presos políticos. Y lo interesante es que estos presos políticos no fueron activistas que decidieron tomar la política como un oficio. Son artistas, intelectuales y gente que camina por las calles, niños incluso. Niños y madres sin ningún tipo de preparación política, que salen a exigir sus libertades. Y eso ocurre hoy a diario. Madres de familia, padres, personas mayores.

-Pareciera una sociedad civil despierta.

-Sí. Hay una sociedad civil que se está construyendo y eso me tiene súper esperanzado. Pero la construcción de una democracia es un proceso sumamente complejo y es difícil decir en qué momento ocurrirá el recambio, porque el régimen lo continuará combatiendo y seguirá matando gente. Pero creo que hay una evolución y que se ha ido aprendiendo a generar espacios de mayor libertad. Vamos a necesitar instituciones internacionales para vigilar esos espacios, porque va a haber gente que intentará destruir esto desde adentro. Pero tengo fe en que el trabajo en favor de la libertad que se está generando logrará poner fin a la dictadura. Creo que su fin está cerca.

Artista y disidente

Luis Manuel Otero Alcántara nació en diciembre de 1987 en La Habana, Cuba.

Artista autodidacta, es conocido por su protesta abierta contra el gobierno de la isla como líder del Movimiento San Isidro.

Durante las manifestaciones del 11 de julio de 2021 fue detenido e internado en el centro penitenciario de máxima seguridad de Guanajay. Había sido detenido antes una decena de veces.

Fue puesto en libertad el 7 de julio pasado, dos días antes de que se cumpliera su condena a cinco años, y aceptó el destierro definitivo como condición para su liberación. Vive en Miami.

En 2022, fue uno de los seis ganadores del Premio Claus Impact 2022, otorgado por la corona neerlandesa, y destinado a quienes inspiran un cambio social positivo en sus comunidades.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/ideas/luis-manuel-otero-alcantara-el-gran-problema-de-la-dictadura-cubana-es-la-corrupcion-nid10102026/

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